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ANÁLISIS | LA CAÍDA DE LOS MALOS GOBIERNOS

ANÁLISIS | LA CAÍDA DE LOS MALOS GOBIERNOS

Nov 19, 2016

La expectativa social que los políticos del mundo han dejado insatisfecha, arrojan poderosas lecciones útiles en un análisis del comportamiento electoral. Debemos valorar e interpretar que en todo el mundo hay coincidencias notables en el rechazo al autoritarismo, a la imposición, al sometimiento, a los excesos y a los abusos de quienes gobiernan.
La gente marca distancia y asume un nuevo rol social rechazando las pirámides jerárquicas tradicionales. El nuevo rol asume que ya no hay hijos del Sol, como lo fueron los faraones egipcios; son escépticos a creer que Dios otorgó su gracia a un linaje y su descendencia para ser obedecido, como en las monarquías; se rebela pacíficamente en las urnas y algunas veces por levantamientos armados para derrocar mandatarios déspotas, para castigar y librarse de «distinguidos» abusivos. Muestras de ello son desde Venezuela donde el creciente malestar contra Nicolás Maduro ha viajado por la vía democrática, hasta Corea del Norte donde no existe Presidente, pero Kim Jong-un fue erigido como gobernante de facto, sostenido a través de un sistema de partido único, impuesto como jefe supremo del pueblo.

 

LA CAÍDA DE LAS TIRANÍAS
El continente americano se caracterizó el siglo pasado por la aparición de partidos y de líderes emergentes que lograron alcanzar el poder, derrocando a las tiranías. Aparentemente los dictadores tienden a la desaparición. En Europa, las familias reales empiezan a ser lastres para las economías nacionales y su funcionalidad ha sido reducida a tareas abstractas, como la conservación de la fe y a dar vida a frívolos, caros y mal vistos protocolos cívico-militares.
El México posrevolucionario se caracterizó por una transición en la disputa del poder que reemplazó a la confrontación armada por el reconocimiento de la democracia para impulsar la creación y la transformación de instituciones públicas, que dieron cierta estabilidad, paz social y un ritmo de cambio gradual, a velocidad semilenta, que procuraba interpretar los escenarios mundiales, sobrevivir a la guerra fría y a la geopolítica continental.
A nivel local, nuestra ideología ecléctica fue sumando posiciones de acuerdo a como se venía acomodando el juego. Memorable es nuestra economía mixta, nuestro transitar sexenal entre ideología de derecha, centro e izquierda, nuestro liberalismo social y nuestro acomodo alineado con intereses continentales.
Ahora los gobernados se sitúan en la posición más distante posible de sus gobernantes, lo cual ha provocado niveles bajos de aceptación presidencial. Estamos inmersos en una crisis de credibilidad creciente para todos los políticos, sus partidos y algunas de las instituciones del estado, que propicia protestas y manifestaciones periódicas, provoca el reacomodo en la distribución del poder político, y enfrenta el despertar ciudadano que pretende erradicar la obediencia vertical del sometimiento al gobierno impulsando un modelo de horizontalidad de la corresponsabilidad y de la participación en la solución de la agenda del gobierno, acotando a los gobernantes y sus funcionarios, reduciendo fuerza a los grupos hegemónicos.
Al agotarse la paciencia, al avanzar en influencia la sociedad expresando su voz en paralelo al gobierno en turno, ante el desfase evidente entre la velocidad acelerada de la sociedad y la lentitud para adaptarse a los cambios, tan característica de nuestros políticos, que aletargados, no logran salir del estado aturdido para adaptarse, cada día se vuelve más difícil satisfacer el anhelo social de cambio para cumplir con la expectativa de la gente. Viejos retos no superados más nuevos deseos de transformación avivan la llama del cambio como ideal. Sin llegar a fusilar o a guillotinar a los que mandan, como en siglos pasados, nuestra sociedad ha dado señales de estar preparada para dar el salto y alcanzar cambios drásticos en corto plazo.

 

FRAGMENTACIÓN DEL VOTO EN MÉXICO
En México no se registra ningún liderazgo que sea claramente mayoritario. Por el contrario, se está fragmentando en varias porciones la intención del voto, cada una insuficiente de alcanzar siquiera el 35%. Destaco que los indecisos superan esa cifra y se muestran en acecho de que exista una alternativa viable para inclinar la balanza en alguna dirección.
Por todo ello, hoy por hoy, tanto la continuidad como la alternancia son posibles. Faltan poco más de 18 meses para la elección y se anticipa que veremos cosas nuevas en disputa. La falta de precandidatos consolidados entre los aspirantes presidenciales, augura la necesidad de sumar alianzas, coaliciones y formas de hacer campañas atípicas para intentar encauzar la expectativa social. El sistema electoral podría ser rebasado por acuerdos de facto, por llamados a votar por la suma de personajes promocionados en racimo para sumar rentabilidad electoral e impulsar a candidatos que por sí mismos no obtendrían mayoría, aunque en la boleta aparecerá sólo el nombre del candidato a Presidente. Tiempos nuevos, formas nuevas, sorpresas por venir.

Por Carlos Anguiano Zamudio
www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter