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Cambios de paradigmas gobernar bien y comunicar mal

Cambios de paradigmas gobernar bien y comunicar mal

Oct 8, 2016

Quienes nos gobiernan, han sido electos luego de persuadir a los ciudadanos, generándoles las más altas expectativas, en ocasiones, recurriendo a compromisos y ofertas expresados en campaña, algunas muy necesarias, otras muy urgentes, otras muy lógicas y actuales y algunas otras muy improbables de que logren realizarse al ganar.

Lo cierto es que el ganar una elección es el resultado de haber realizado, entre otras cosas, un excelente ejercicio de comunicación que fue capaz de convencer a la mayor cantidad de electores, usando formas propagandísticas y mercadológicas efectivas.

En muchas ocasiones se recurre a fórmulas ya utilizadas que dieron buenos resultados y en otras, se construyen líneas sobre la base del catálogo de necesidades y aspiraciones que los estudios de opinión detectan como hallazgos. En principio, al ganar una elección, se enfrenta el desafío de conducir la administración y la gestión pública, hacia el rumbo que se ofreció en la campaña, procurando cumplir las propuestas, promesas y posicionamientos expresados en público, iniciando la transición, no siempre tersa y cómoda de candidato a gobernante.

A partir del primer día de gobierno, para el ciudadano, cruel jurado, impaciente cliente, así como exigente usuario, asume que el gobernante debe ser más que actos emotivos, discursos y propaganda, pues espera que su político se convierta en gobernante y le demuestre capacidad para conformar un equipo de trabajo, tomar decisiones y dar resultados en el corto plazo. Los problemas dejan de ser un supuesto teórico pues exigen respuestas inmediatas, bajo el ojo crítico de los ciudadanos, agudizado por la información a su alcance a través de los medios de comunicación y potencializados por la nueva dinámica social de participación en redes sociales.

Gobernar implica captar y ejercer recursos públicos, administrar y dirigir capital humano, recursos materiales, conservar, ampliar y actualizar la infraestructura, utilizar el poder para ejercer políticas públicas mediante el realizar obras, programas y dar servicios necesarios para la comunidad. Lograr gobernar bien, resulta de la suma acumulada de aciertos, del uso adecuado del dinero público, de brindar seguridad pública, de preservar identidad y cultura popular, de procurar mejorar la calidad de vida de los habitantes, de atraer inversión económica que favorezca crear empleo y de conseguir lograr numerosas metas de crecimiento y desarrollo que la gente aprecie como beneficio colectivo.

Por ello el gobernante será evaluado con base en sus hechos, de acuerdo a su desempeño. La fórmula popular de evaluación del gobernante, se traza a partir de la combinación de dos premisas: que tan bien gobierna y que tan bien comunica. La calificación positiva o negativa de cada una, produce indicadores básicos para un análisis grueso del gobernante, que incide en sus niveles de conocimiento, percepción, recordación, aceptación, gobernabilidad y legitimidad. Ejemplos de ello son el gobernar bien comunicando mal, que es una situación que pone en alto riesgo perder la continuidad del gobierno, pasar inadvertido, sin prestigio ni reconocimiento social, opacando el poder; Por otro lado, comunicar bien y gobernar mal, abre puertas de oportunidades que facilita perduren gobernantes sin capacidad, que son agitadores, líderes carismáticos pero sin pericia ni habilidad para sacar adelante los temas públicos. La sociedad aún muestra dificultad para diferenciar popularidad con eficacia, carisma con eficiencia.

La mejor política pública puede ser en vano a los ojos del electorado si éste la interpreta de manera equívoca. Parte fundamental de la agenda de un buen gobierno, es lograr contundencia y claridad en la comunicación, dando un manejo correcto a los temas y la manera en que se van presentando ante la sociedad.

 

El nuevo paradigma de la comunicación gubernamental

En las grandes ciudades, la gente cada día avanza desplazando a las figuras de autoridad tradicionales, modificando sus hábitos de consumo, siendo más selectivos, renuentes a recibir y a creer en la información institucional recibida por medios institucionales, prensa y noticieros de radio o televisivos.

Lo que ayer fue válido, hoy ya es viejo. Los contenidos emitidos por el gobierno: monótonos, superficiales, repetitivos, no respaldados sino por entusiasmo y esperanza. La comunicación gubernamental debe ser muy creativa y salir de los formatos burocráticos que hacen que todas las informaciones parezcan iguales. La sociedad urbana hoy elige conocer la realidad a través de plataformas interactivas, frescas, dinámicas, conversando en red, eligiendo lo que les es atractivo, útil, cercano y creíble.

A pesar de que la gran cantidad de información que los gobiernos hacen pública, la mayor parte pasa inadvertida por la masa social. La importancia de una información se mide por la cantidad de personas que incluye. El paradigma se ha roto: antes, lo del estado abarcaba a toda la población. Generalmente los gobiernos transparentan información por obligación pero no logran abrir ni permear la atención de la gente. El alcance de los mensajes podría crecer exponencialmente empleando la premisa de contenidos diferentes en plataformas y canales diferentes.

La ventaja del gobierno es generar y poseer contenidos privilegiados, de interés comunitario, información en primicia, datos relevantes y oportunos, que muchas veces se desperdicia por la mala operación en sus oficinas de comunicación social. Las encuestas revelan generalmente la ineficacia de la comunicación gubernamental cuando muestran que la población tiene desconocimiento del trabajo de su gobernante, de sus logros, beneficios y resultados obtenidos, así como cuando el gobernante obtiene baja aceptación. Esto aplica en cualquier orden de gobierno, principalmente, en las grandes ciudades.