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EL ESPEJISMO DEL SUEÑO AMERICANO: SUEÑOS QUE TERMINAN EN PESADILLA

EL ESPEJISMO DEL SUEÑO AMERICANO: SUEÑOS QUE TERMINAN EN PESADILLA

Feb 4, 2017

Por Alberto Cárdenas Camarena

Cruzan como sea, empeñando hasta lo que no tienen, arriesgando su vida, gastando su último centavo, todo ello en búsqueda del sueño americano y los deportan sufriendo la peor de las pesadillas. Dos veces a la semana arriba a la Ciudad de México un vuelo que trae a los deportados mexicanos de Estados Unidos, estas son algunas de las historias de sus pasajeros.

No se parece a ningún otro vuelo de los que llegan a la Terminal 2 del aeropuerto de la Ciudad de México. No lo anuncian en ninguna pantalla porque nadie lo espera. No hay pancartas de bienvenida ni familiares ansiosos en la puerta de llegadas. Los pasajeros viajan esposados de pies y manos. No pueden levantarse ni ir al baño. Cualquier queja es ignorada o reprimida.

«Nos hacen sentir como criminales y a veces no entiendes por qué tienes que pasar por todo esto», cuenta Efraín Fragoso, uno de los 135 deportados que acaban de aterrizar, como cada martes y jueves en la capital mexicana procedentes de algún punto de Estados Unidos.

El avión ha arribado diez días después de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca y solo ha transcurrido una semana desde que el republicano firmó la orden ejecutiva para construir un muro en la frontera con México.

Fragoso, de 56 años, sólo carga una arpillera con sus identificaciones y algunos salmos de la Biblia, así como una pequeña bolsa color fucsia que le dieron las autoridades mexicanas con información sobre su regreso. Es todo lo que trae. 

Estuvo detenido seis meses, aunque su condena era de 75 días. Primero en Paso del Norte y en Sierra Blanca, en la frontera entre Texas y Chihuahua, después en Otero, Nuevo México. 

«Te juzgan por cruzar sin papeles y después en los Estados que te reclaman por algo que hiciste o por algo que hizo alguien que se llama igual que tú, de todas formas te trasladan», asegura.

Entró en Estados Unidos por primera vez hace 14 años y se estableció en el condado de Orange, en California. Es un veterano de las repatriaciones, ha intentado cruzar 15 veces. Nunca con visa.

«Estados Unidos se da baños de pureza, sus jueces juran sobre una Biblia y luego nos tratan así, cuando la mayoría solo vamos a trabajar».

Hace una breve pausa, reflexiona y se lamenta: «Tenemos derecho a quejarnos, aunque a veces pienso ‘¿De qué me quejo en Estados Unidos, si las autoridades mexicanas se comportan igual o peor en la frontera sur?».

Admite que probablemente volverá a irse. «Me siento mejor que en México, hay más seguridad y, además, el Gobierno de aquí es muy corrupto, por eso busco una oportunidad en Estados Unidos, aunque sea como inmigrante ilegal», afirma con determinación. 

Tiene tres hijos y nietos en la capital mexicana pero siempre va sin compañía. A veces por Tijuana, otras por Sonora o Ciudad Juárez. «Es muy peligroso, prefiero correr el riesgo solo, los controles son muy estrictos, sobre todo después del 11-9», concluye. 

Si logras cruzar exitosamente puedes empezar a soñar con la posibilidad de una vida y un futuro mejor.

La pesadilla inicia si te intercepta la migra o te arresta alguna autoridad, por mínima que sea la falta.

Casi todos los repatriados son menores de 30 años. «Hacen contigo lo que quieran, si ellos lo deciden te quedas encerrado», relata Valentín Osorio, mientras reconstruye la peor experiencia onírica que fue el trayecto de regreso a su país de origen. 

Cuando finalmente deciden deportarte, después de haberte boletinado por todos los estados de la Unión Americana para corroborar que no eres requerido por otros delitos o infracciones. Sin previo aviso, reclusos de diferentes centros de detención son despertados agriamente por los guardias de madrugada, les apresuran a recoger rápidamente sus escasas pertenencias, los forman en los pasillos para trasladarlos, fuertemente custodiados y con presencia de efectivos armados a manera intimidatoria a los autobuses, donde permanecen esposados por horas hasta que llegan al aeropuerto fronterizo y quizá un par de horas más hasta que la aeronave es inspeccionada y declarada segura para abordar. 

Es hasta ese momento que las autoridades estadounidenses permiten que los deportados efectúen una llamada de dos minutos para avisar su situación.

Reciben un sándwich que hará las veces de desayuno, almuerzo, comida y en ocasiones cena. Las esposas y cadenas serán retiradas cuando estén ya a punto de desembarcar en su país de origen, que es cuando pasan a custodia de los agentes mexicanos. «Sigue el mal sueño»…

La pesadilla es similar en varios centros de detención, en unos casos peor que en otros, en ocasiones dura varios meses, porque no tienen ninguna noción de lo que pasa en su proceso. 

Nunca existe la posibilidad de irte a dormir tranquilo, bien pueden ser despertados de madrugada para ser trasladados, y no siempre es, como en este caso, a un aeropuerto fronterizo. Bien podría ser a otro centro de detención donde te reclamen por algún ilícito, entonces la pesadilla se alarga…

Valentín Osorio conoció a Héctor en el centro de detención de Las Vegas. Héctor, de 23 años, no quiere revelar más detalles sobre su identidad porque espera regresar a Los Ángeles a más tardar en una semana. La migra lo detuvo porque rebasó una línea en una señal de alto mientras conducía. Había trabajado tres años en la construcción, sin papeles. 

La matemática detrás de su elección parece, sin embargo, clara. Las opciones son regresar a Tepito, uno de los barrios bravos de la capital, y cobrar el seguro de desempleo de 120 dólares mensuales que le ofrece el Gobierno de la Ciudad de México o trabajar como albañil en California. En una buena semana ganaba hasta 1,500 dólares, 1,000 iban de regreso a México para su madre. A Héctor no le importa mucho el inquilino de la Casa Blanca. «Siempre ha estado difícil, pero el que no arriesga, no gana», dice convencido. Es su principio de supervivencia, lo tiene tatuado en la muñeca derecha.

El principio utilitario no aplica para todos. Heriberto Pérez, de 28 años, está convencido de dejar atrás su trabajo en las cocinas de Los Ángeles y regresar a los campos de Guanajuato, en el centro del país. Fueron 11 años lejos de sus padres y era tiempo de volver. «Las cosas allá se van a poner más difíciles con el nuevo presidente y no me gustó la vida allá, aquí hay menos dinero, pero la gente es mejor», argumenta. Su hermano, su cuñada y sus sobrinos se quedaron. «Hacemos lo que sea para sobrevivir», agrega.

Barack Obama deportó hasta julio del año pasado a más de 2.8 millones de inmigrantes, casi la mitad de ellos no tenían antecedentes penales. No todos vuelven en aviones, pero cuando aterrizan, el Gobierno de México les da la opción de quedarse en la capital, de ser trasladados a las terminales de autobuses para llegar a sus estados de origen o de llegar a albergues temporales. El presidente Enrique Peña Nieto señaló que, ante la llegada de Trump, una de las prioridades en política exterior será la protección consular y la defensa de los derechos humanos de los inmigrantes mexicanos.

Una décima parte de los deportados optaron ese día por moverse por sus propios medios en la Ciudad de México, informaron los trabajadores del Instituto Nacional de Migración, que se coordinan con otras instancias gubernamentales para prestar asistencia a los repatriados. «Es un aparato muy maquillado, te dicen «¡bienvenido, paisano!», pero en el momento en el que cruzas la puerta vuelves a ser parte del problema, sin trabajo ni oportunidades», sentencia Fragoso.

Vienen tiempos difíciles para Latinoamérica, empezando por México…

Somos un país muy rico, en todos sentidos, desafortunadamente el EGO nos mantiene velando a cada uno por sus intereses.

Lo mejor que se le puede sacar a la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca es aprovechar la enorme oportunidad que se nos presenta. Es el momento en que los mexicanos construyamos un muro…

Si, leíste bien…

Construir juntos, sin distingos de credos, posiciones políticas, colores, ideología, condiciones sociales, sexo o género un muro!

Sí, una estructura social sólida, firme, de unidad, de confianza, de apoyo mutuo y de solidaridad. 

Unidos somos invencibles…

Tú decides…

¿Sueño o pesadilla?