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Entre traición, deslealtad y descrédito 

Entre traición, deslealtad y descrédito 

Dec 10, 2016

Los partidos políticos nacionales en México enfrentan condiciones nuevas que marcan las actividades que realizan de manera real. La pérdida cuantitativa de membresía va aparejada del desinterés en afiliarse y participar imperante en los nuevos y en los jóvenes electores, demostrable al observar los altos niveles de descrédito. Según la encuesta nacional Confianza en las Instituciones 2016 de Consulta Mitofsky, el ranking de calificación otorga a los partidos políticos el deshonroso último lugar.

Por séptimo año consecutivo la tendencia de confianza en las instituciones mexicanas es a la baja, sufriendo en 2016 su mayor disminución y por primera vez son calificadas debajo de 6 en promedio (escala de 0 a 10) por lo que puede clasificarse en el nivel de «confianza baja».

16 de las 17 instituciones medidas bajan su confianza ante los ciudadanos, salvo el INE (en un año electoral de alternancias estatales). Las que sufren mayores disminuciones son la Presidencia de la República (-0.6 puntos) la SCJN (-0.5 puntos) y los sindicatos (-0.5 puntos) todas ellas con asuntos que los enfrentaron a la opinión pública en 2016.

Las instituciones con mayor confianza ciudadana siguen siendo «las universidades» seguidas de «la iglesia» y «el ejército» aunque las tres sufren una disminución de 0.2 puntos, lo que las coloca en su peor nivel histórico.

Por el contrario, las peores instituciones medidas de confianza son los «partidos políticos» (4.8), los «sindicatos» (4.9), los «diputados» (5.0) y la «policía» (5.0).

Por primera ocasión esta casa encuestadora estimó el tamaño del «antisistema» utilizando para ello el nivel de confianza y desconfianza en las instituciones, encontrando que 3 de cada 10 ciudadanos pueden clasificarse en esa categoría.

Cabe destacar que a nivel latinoamericano, los  partidos políticos comparten el descrédito, también en los últimos lugares, debajo de bancos, policía, empresarios, medios de comunicación e iglesia.

 

 

RETO MAYÚSCULO

Mayúsculo reto enfrentarán los partidos en México, pues para la sucesión presidencial de 2018 enfrentarán el crecimiento del padrón electoral, integrado por 83´821,400 electores, de los cuales 43´600,505 son mujeres y 40´220,895 son hombres, que incluyen aproximadamente 35´000,000 de ciudadanos mexicanos con capacidad de elegir, que oscilan entre los 18 y los 34 años de edad, que son la franja electoral más compleja de conquistar, más escépticos, más críticos, más renuentes a militar en un partido político y más propensos a impulsar cambios drásticos o al menos graduales en el sistema político y de gobierno.

Además, el voto duro de los partidos políticos, es decir, los votantes que no han variado su voto y conservan lealtad en su preferencia partidista, tiene una tendencia que se mantiene a la baja, siendo insuficiente para cualquier fuerza política su voto duro para garantizar ganar una elección.

Por el contrario, el voto switcher ha cobrado mayor relevancia. Su intención es elástica, prescinde de la lealtad a los partidos, cobra fuerza a través de la coyuntura y cambia de acuerdo al contexto. Es una fotografía en un momento específico y se ha vuelto complicado de pronosticar hacia donde se inclina con certeza. Los votantes switchers no son «indecisos», gravitan con mayor o menor intensidad alrededor de dos o más opciones electorales. Muchos de ellos son «movilizados» el llamado «Día D», pero llegan a la casilla sin definir por quién votarán y tres aspectos pueden inclinarlos a votar por determinado candidato: que les compren el voto con dinero; que les compren el voto con una oferta de obra o política pública tentadora; o que decidan dar lo que se llama «voto útil». Los switchers son los que definen el triunfo electoral.

Una nueva circunstancia implica que ningún participante pueda tener seguridad de ganar al contender en la elección, debido a la volatilidad de la lealtad.  Lo anterior me hace pensar que en todos los partidos políticos alojan una quinta columna oculta.

La expresión «Quinta columna» se atribuye al general Emilio Mola, durante la guerra civil española, refiriéndose en 1936 al avance de las tropas sublevadas hacia Madrid. El general mencionó que, mientras bajo su mando cuatro columnas se dirigían hacia la capital, había una quinta formada por los simpatizantes del Golpe de Estado que, dentro de la capital, trabajaban clandestinamente en pro de la victoria del bando golpista.

La expresión se usa desde entonces para designar, en una lucha, a supuestos miembros del propio bando pero que mantienen ciertas lealtades (reales o percibidas) hacia el bando enemigo. La quinta columna está compuesta por personas potencialmente desleales a los partidos donde militan, que mantienen relaciones, complicidades, acuerdos y actividades que colaboran de distintas formas con otro partido o candidato.

Los infiltrados, los doble o triple apostadores políticos, empresarios, jerarcas religiosos, personajes sociales, y mucha gente, tiene un pie en cada bando y apuestan a no perder, situación que agudiza la complejidad de predecir el futuro, ante un juego político plagado de traiciones, comercialización de la voluntad, pragmatismo y descredito del sistema vigente. Los efectos de la quinta columna en los partidos políticos en México, se harán visibles tras el resultado electoral de 2018.

Por Carlos Anguiano
www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter