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Gobernar entre la opinión pública y la cultura digital

Gobernar entre la opinión pública y la cultura digital

Dic 3, 2016

En diferentes tiempos y lugares, líderes y gobernantes han procurado conducir los hilos del poder, cumpliendo propias expectativas, satisfaciendo sus deseos personales, imponiendo su propia voluntad. A la par, distintos pueblos han logrado forzar la distribución de partes de poder entre una mayor cantidad de gente, representativa del pueblo para intentar equilibrar la toma de decisiones. Ante lo que se ha vuelto inevitable, los gobernantes procuran mostrarse generosos, conciliadores, incluyentes y precursores de los actuales sistemas democráticos.
Ejemplo de ello lo son Atenas, cuna de la ciudadanía, la democracia y el derecho al voto, así como Roma, donde se instauró por primera vez el Senado. En ambos casos se esforzaron por ampliar la base de distribución del poder, acotando el poder unipersonal e incorporando al pueblo representado en la selección de los asuntos de su interés, con posibilidad de análisis, gestión y respuesta.
Sin embargo, escuchar la voz del pueblo y hacerle caso no siempre ha servido para lograr fines éticos ni logros colectivos, debido a que muchas veces el clamor popular es irracional, pondera más el entretenimiento que la planeación, analiza superficialmente los temas y no mide a priori las consecuencias de sus actos.
Algunos gobernantes canalizan dicha situación, dándole gusto a las masas para sumar popularidad, lograr aceptación, manipularla y hacerla sentir que tienen el poder de decidir y que su opinión es relevante. La consigna de «al pueblo, pan y circo», apela a que mientras el pueblo tenga alimento y diversión, no tendrá deseo de involucrarse en temas profundos, asuntos de gobierno ni criticar al poderoso. El circo romano daba a los asistentes por concesión del César, derecho sobre la vida o la muerte de los gladiadores, influyendo para que el César subiera o bajara su pulgar, en señal de acatar la decisión del pueblo.
Célebre es la decisión popular del juicio tras la aprehensión de Jesús, el cual pasando de una instancia a otra, de Anás a Caifás y de Herodes a Pilatos, quien al último concede al pueblo enardecido, como distractor y so pretexto de festejar las pascuas, la responsabilidad de liberar y salvar la vida a un prisionero, a elegir entre Jesús y el asesino Barrabás. El pueblo elige liberar a Barrabás y sentencia a la crucifixión a Jesús con el desenlace conocido.
En tiempos posmodernos, los gobernantes recurren como herramienta a la realización de consultas populares, de socialización de programas de gobierno, de calificación popular de sus actos, incluso en votaciones para dar destino a fondos públicos y que sean los ciudadanos quienes elijan cómo se utilizarán.
A la opinión pública se le ha dado formas jurídicas para volver ejecutable su medición, tales como el referéndum, el plebiscito y la iniciativa popular. Las elecciones democráticas son una muestra de que el «pan y circo» goza de cabal vigencia en una sociedad aturdida por lo urgente, necesitada de entretenimiento, poco atenta en analizar consecuencias de fondo de sus actos. Lo anterior permite que los resultados electorales produzcan efectos y consecuencias que parecieran ilógicos y perjudiciales, pero que han de acatarse, pues vox populi, vox dei.
Las decisiones y los actos de gobierno se han vuelto ahora complejos de ejecutar. Los programas y las obras se interrumpen por la negativa a la ligera de la gente de acatar una modificación o un cambio, aunque sea en su propio beneficio, pues alegan derechos, afectaciones y dudas, obligando a reforzar la comunicación, buscando su aprobación, pues de otra forma los asuntos públicos «se atoran», aunque estén diseñados para beneficio colectivo.
El imperio de los excesos producidos por el temor a la opinión pública, nos afectan a todos: los gobernantes titubean y en muchas ocasiones se inmovilizan prefiriendo no hacer nada que enfrentarse a las críticas; algunos medios de comunicación dan mayor fuerza y relevancia a su función de entretenimiento que a su función de información, pues es más atractiva la crítica, la sátira y el conflicto que la propaganda blanca, aunque esta sea necesaria y requerida por la colectividad; los dichos de un gobernante se juzgan contra entredichos, algunas veces, apócrifos o provenientes de fuentes no confiables, aunque ante la gente, llegan a ser más creíbles que las emitidas desde el gobierno.
 
El desarrollo de la cultura digital
La globalización y el avance de las tecnologías de información y comunicación han cambiado la forma de comunicarse entre gobernantes y gobernados, potencializando el poder popular manifestado en opinión pública.

La política vive un proceso de adaptación ante dicha tendencia, comparable con la realizada para ajustarse en el pasado al imperio de los diarios, luego al de la radio, después al dominio de la televisión y ahora al desarrollo de la cultura digital como eje de la interacción entre el estado y la sociedad, como muestra del cambio que se está viviendo en el paradigma de la comunicación política.
La capacidad de análisis y reflexión del homo sapiens era mayor que la del Homo Videns descrito por Giovanni Sartori como una criatura que mira pero no piensa, que ve pero no entiende. La nueva cultura digital se distorsiona por preferir entretenimiento que información, haciendo cada vez más al humano posmoderno, susceptible de manipulación, propiciando que más ideas pero de menor calidad viajen y se difundan masivamente. La opinión pública es la libertad anhelada, siempre defendible, en uso constante, que causa algunos estragos por su uso irresponsable y que está a la orden del día.

Carlos Anguiano
www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter