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Héroes o villanos: el ligero juicio social

Héroes o villanos: el ligero juicio social

Dec 17, 2016

La crisis política que vivimos en México es, ante todo, una crisis de valores que puede analizarse desde múltiples aristas, todas ellas relevantes. Sin embargo, un enfoque preocupante en demasía es el que analiza desde el punto de vista de la desconfianza, la ausencia de credibilidad, el rencor popular y la desaprobación que prevalece hacia los políticos de cualquier partido y ante cualquier situación.

Cuando una sociedad enferma en sus valores, en sus principios, la culpa no puede ser asignada a una sola parte ni a un solo grupo de la sociedad. La crisis de valores es multifactorial, los culpables son tantos como las víctimas de su existencia y la responsabilidad de corregir corresponde a prácticamente todos los actores de la sociedad, incluidos los políticos, pero sobre todo, de la gente puede y debe, desde su trinchera, aportar energía social para la transformación positiva y la reconstrucción del marco de valores para mejorar nuestra convivencia y mejorar nuestra calidad de vida.

Un mal hábito muy común es culpar de todos nuestros males a otro y no ser capaces de reconocer nuestras propias faltas, incapacidades o errores. Entre todos los villanos posibles, los políticos son los odiados favoritos del pueblo. Nuestra sociedad, acomodaticia, apática y antiproactiva en general, necesita a quién seguir, a quién obedecer, en quién creer, en quién confiar, pero también está ávida de tener a quién culpar, con quién desquitarse, a quién odiar y a quién maltratar.

Octavio Paz definió a nuestro pueblo como una sociedad iconoclasta, que sigue y aclama —o en su caso, reclama— a personajes que le representan ejemplos modelo a seguir, casos de éxito, motivación aspiracional, envidia, orgullo o influencia. Personajes del mundo deportivo, del espectáculo, personalidades de la sociedad, de la cultura, de las artes, científicos, empresarios y políticos ocupan la cúspide de la atracción de la gente sobre en quién interesarse, sobre quién leer, sobre de quién estar atento e incluso, en quién creer, en quien confiar y a quien respetar.

De todos ellos, los políticos han ido perdiendo a saltos agigantados su credibilidad, confianza y respeto. Seguramente causas, motivos y fundamentos los hay si utilizamos como ejemplo los casos de mal comportamiento, abusos, excesos, errores garrafales y hechos reprochables que ahora son tan conocidos debido a la modernidad, a las redes sociales, a la portación de millones y millones de cámaras de foto y video incluidas en los teléfonos celulares y la posibilidad de que la mayoría de los mexicanos tiene el poder de grabar y difundir hechos reprobables, compartirlos en red, hacerlos públicos y viralizarlos, a fin de que en tiempo real sean conocidos, calificados y comentados.

Es muy claro que la opinión pública está siendo influida por las redes sociales y que los contenidos más vistos, comentados y compartidos tienen que ver con entretenimiento, recreación, humor, críticas y denuncias, porque «la mala noticia, siempre es noticia» se ha potencializado y aderezado en redes sociales por la proclividad a juzgar sumariamente y atizar con una carga negativa, de rechazo, oposición y descalificación casi automática a los políticos y sus actividades, produciéndose tendencias contagiosas entre millones de usuarios con efectos y consecuencias poco racionales, condenatorias y descalificatorias de personas se emiten por quienes se autoerigen como creadores de héroes y villanos.

Ejemplo de ello lo es el lamentable hecho de la golpiza inhumana e injustificable que recibió Ana Gabriela Guevara, la exatleta olímpica mexicana que dio brillo y esplendor al deporte nacional, quien fuera por un tiempo heroína popular, mujer de éxito y ejemplo a seguir para millones de mexicanos, que fue agredida por 4 hombres que casi la matan a golpes tras un incidente vial. Esa noticia la puso en el ojo del huracán donde ha recibido muestras de apoyo y solidaridad, pero también ha sido víctima de insultos, de agresiones y de críticas derivados tal vez de la envidia producida de su fama, de su condición de senadora de la República y de su nuevo rol social donde se le etiqueta despectivamente como «política».

Inculcar valores positivos

México requiere impulsar la formación en valores. Inculcar el amor a la patria, el civismo, el respeto, la no violencia, la no discriminación, la honestidad, el hacer lo correcto siempre y aunque nadie te vea, la amistad, la ayuda, la cooperación, la participación en el mejoramiento comunitario, el apoyo a los más necesitados, la solidaridad con quienes sufren condiciones de vida precarias y requieren asistencia social y apoyo colectivo.

No podemos deshumanizarnos y ser espectadores de cómo nuestra sociedad se va volviendo huraña, antisocial, negativa, propensa al escarnio con fines de entretenimiento, que ataca en manada para destruir y rechaza a priori la tarea de los políticos, pues entre ellos hay gente de todo tipo.

Es necesario reconstruir la esperanza y comprender que la política es una herramienta de construcción de cambio, de progreso y de transformación social, no sólo de gobierno, represión e imposición. Entre los políticos de todos los colores y grupos políticos, se encuentra gente con formación, con ideales, con alteza de miras, con visión de futuro, con deseos de aportar, trabajar y hacer bien las cosas. La meta es castigar a los malos y respetar a los buenos. Con ello es más que suficiente para avanzar, y entender que el cambio social y la renovación de los valores positivos que nos hará crecer como personas, como familia, como comunidad y como mexicanos, depende de todos, aportando cada quien desde su espacio, cada quien, empezando por uno mismo. En ello está la clave del crecimiento económico, del Estado de Derecho y de la sana convivencia social.

Por Carlos Anguiano

www.inteligenciapolitica.org

@carlosanguianoz en Twitter