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La sucesión presidencial 2018

La sucesión presidencial 2018

Nov 26, 2016

La sucesión presidencial en México ha comenzado a vivirse y a notarse en nuestra sociedad en diversos frentes y escenarios de juego político. Anticipándose a los tiempos netamente electorales, la actividad política se está incrementando a niveles de alta competencia. Gobernantes, dirigentes partidistas, líderes políticos y precandidatos empiezan a causar revuelo al incrementar la difusión de sus actividades y aumentar la presencia pública, mediática y en redes sociales, buscando lograr el posicionamiento y la recordación suficientes para dar viabilidad a sus proyectos.

Tanto quienes desean retener el poder como quienes aspiran a obtenerlo, dedican su esfuerzo en trazar estrategias de penetración, comunicación y territorialización de apoyos. La planeación empieza a ponerse en ejecución, midiendo reacciones, monitoreando a los adversarios, acopiando, cubicando y analizando información, midiendo avances propios e intentando descifrar escenarios para predecir las jugadas de los adversarios políticos.
La puesta en movimiento de los cuartos de guerra, centros de inteligencia política, consultorías de marketing político y asesores, empiezan a darle sabor a la elección de 2017, la cual se espera sea la más disputada en la historia de México, y también, por ahora, de la que podrían surgir sorpresas que redefinan el panorama de los equilibrios de poder.
El empoderamiento de los precandidatos atraviesa un periodo de mejora en la salud, apariencia e imagen personal, de capacitación y desarrollo de habilidades sociales, de construcción de mensaje, técnicas de oratoria y desenvolvimiento escénico, simultáneo al estudio de la geografía electoral, análisis de resultados anteriores y cooptación de liderazgos. El posicionamiento se ha vuelto el trofeo inmediato y la ansiedad por registrar puntos porcentuales en las mediciones estadísticas le quita el sueño a la mayoría de aspirantes.
La conformación de estructuras de apoyo, el tejido cibernético de redes sociales, además de la intensificación de las apariciones, menciones y cobertura de los medios masivos de comunicación, empiezan a darle ambiente a la contienda.
Las dirigencias de organismos cúpulas empresariales, sindicales, gremiales, colectivos ciudadanos, comunidades universitarias, jerarquías eclesiásticas, liderazgos territoriales y sociales relevantes, son procuradas por los aspirantes para informarlas y promoverse en espera de sumar adeptos, generar opinión, incrementar influencia y peso político. Todos los contendientes saben que el voto duro partidista es ínfimo e insuficiente para definir al ganador electoral.
Los vacíos de poder que no han podido llenar los partidos políticos y sus dirigencias, así como la imperiosa necesidad de diferenciarse de las formas clásicas, mostrando frescura de propuesta, imagen e identidad ante electores demandantes de calidad y congruencia, complican la formación del personaje correcto que representará el candidato en campaña, pues este se moldea a modo de la opinión pública que da forma ideal a la expectativa social, y esto se ha vuelto complicado por la dinámica transformadora de la sociedad viva e inquieta.
Quien gane la elección de México en 2018, lo hará por diversos factores: la marcha de la economía, la credibilidad del presidente en turno así como la calificación de su gobierno, la capacidad efectiva de organización aunado a la solidez de las estructuras de los partidos políticos, la suma de alianzas estratégicas, que permitan aglutinar talentos, recursos, operación, el orden y la disciplina al seguir estrategias correctas y ajustar tácticamente el funcionamiento del plan acorde a lo realizado por otros contendientes, así como la operación eficaz ante posibles coyunturas regionales, causas emergentes, demandas sociales y giros de la opinión pública, serán la diferencia entre victoria o derrota.
Por supuesto que la calificación social de los gobiernos en todos sus niveles influye decididamente en el futuro. Los niveles de inseguridad pública, la falta de credibilidad de algunos gobernantes, la capacidad operativa y los resultados obtenidos por los gobiernos federal, estatal y municipales, potencializan las intenciones de continuidad o cambio. Lograr ser percibido como buen gobernante o funcionario exitoso, catapulta y posiciona a los aspirantes.
Los partidos políticos y los principales actores políticos nacionales, impulsan y robustecen sus recursos tecnológicos, afinan sus estructuras de difusores, promotores y replicadores. La suma de adeptos y el reclutamiento de capital humano con talento, capacidad, prestigio, imagen pública positiva y capacidad de movilización ciudadana, empieza a notarse. Los equipos se están armando y los aspirantes procuran prepararse, actualizar su conocimiento de la agenda social, incrementar su influencia, recabar fondos, administrar padrones de beneficiarios, sumar aliados y asignar responsabilidades territoriales a sus colaboradores cercanos.
Al no estar aún definidos los candidatos que efectivamente aparecerán en las boletas electorales, la suma de aspirantes, el amago de personajes de la política y la sociedad que manifiestan deseo y aspiración, generan debate ciudadano, nota periodística y análisis estratégico. La sentencia clásica de que «el que se mueve no sale en la foto», se ha convertido en fórmula vieja que proviene del siglo XX y que ya no aplica hoy. La carrera presidencial ha comenzado.

Por Carlos Anguiano Zamudio
www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter