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Logros de gobierno entre la propaganda y la realidad

Logros de gobierno entre la propaganda y la realidad

Oct 1, 2016

Recientemente rindieron su informe anual nuestros gobernantes en los ámbitos federal, estatal y municipal. Dicha acción, aunque legal y necesaria, es insuficiente, pues el análisis de la gestión de gobierno se mantiene en niveles superficiales. Se dificulta  revisar a fondo el estado que guarda una administración gubernamental, pues los estados financieros, evaluaciones internas, avances de obra, programas operativos anuales, auditorías e informes presentados, suelen ser documentos elaborados con narrativas fascinantes, acompañados de cifras alegres y datos técnicos oscuros, encriptados, de difícil interpretación para el ciudadano.

La sociedad suele calificar a la ligera a sus gobiernos, basados en percepciones y hechos conocidos como el nivel de escándalos cometidos, abusos, prepotencia, excesos del gobernante, su familia y colaboradores, a lo cual le establecen calificaciones sociales de aprobación o desaprobación, que hacen recordar al circo romano, donde el pueblo, al final de un combate, por aclamación daba vida o muerte al gladiador caído.

Los informes de gobierno son obsoletos aunque han variado su formato. Son insuficientes para lograr efectiva rendición de cuentas. Son documentos gráficamente perfectos, que maquillan realidades y alientan la esperanza, acallan las críticas, resaltan logros, beneficios y programas, que ya se hacían y no se deben dejar de hacer.

Nunca un informe de gobierno deja de ser victorioso, emitido en positivo, justificante del estado actual y promisorio de mejoras futuras, pero cuando se han recorrido 2/3 partes del periodo para el que se fue electo, pareciera que se agota el tiempo, develando compromisos que generan duda de que vayan a poderse cumplir.

En cuanto a los presidentes municipales de Jalisco, es preocupante que quienes tienen responsabilidad directa de rendir apenas su primer informe, repiten justificaciones viejas, que trasladan la culpa de todo lo no hecho, de lo malogrado y de los errores cometidos, al gobierno anterior, y al anterior del anterior, abarcando incluso décadas de manera irresponsable y engañosa.

Un año no puede desperdiciarse en planeación, ni en evaluación del gobierno que dejó el gobernante previo. La obligación es gobernar bien desde el primer día y no se puede perder un lapso tan amplio en curvas de aprendizaje, pues el ciudadano demanda adecuación de la infraestructura, programas y servicios públicos de manera inmediata. Recordemos que los gobernantes tienen un periodo de gobierno reducido, y que a los políticos se les hace poco tiempo para conseguir sus metas.

Por ello es necesario elevar nuestro nivel de análisis y evaluación, por encima de la propaganda política, más profundo que el clamor popular, sobre la base del cumplimiento de la ley, de la eficiente prestación de los servicios públicos, siguiendo la ruta crítica que planteó el gobernante, pero ajustando el rumbo en sintonía con los ciudadanos, quienes debemos ampliar nuestra información e involucrarnos más en los temas que dirigen pocos pero nos afectan a todos.

El tiempo avanza y persisten situaciones que no dependen únicamente del gobernante en turno. Algunas son tan complejas que durante años no se han logrado resolver, como la inseguridad pública o la baja calidad de algunos servicios públicos. También hay nuevas complicaciones derivadas de fenómenos socio-demográficos, y de los recortes presupuestales que disminuyen las arcas y orillan a intentar recaudar más ingresos, causando reveses en el juicio social a nuestros gobernantes en el país, estado y municipios, que juzga más a la popularidad que a la eficiencia.

En los hechos, las campañas han quedado atrás y ya en funciones, la brecha entre la propaganda electoral y los resultados del gobernar son abismales. Quienes usan como trampolín político el gobierno al que fueron electos, están comenzando a resentir las consecuencias de no alcanzar a cumplir lo ofertado.

A falta de mejores resultados, la propaganda ahora constituye una forma salvadora de poder social, pues afecta a la sociedad en su conjunto. El poder de la propaganda es, hoy por hoy, superior al poder de los resultados. La premisa de que la percepción es más importante que la realidad, dirige los discursos, mensajes, publicaciones y materiales propagandísticos, prácticamente en todos los gobiernos desde el municipio hasta al de la nación.

Los analistas políticos, estrategas, consultores y la mayor parte de la clase política, permanece alerta y atenta a la medición de la opinión pública, buscando signos de refuerzo o disminución de la confianza de los ciudadanos, buscando descifrar el código cultural, crear o modificar símbolos, personajes, historias de éxito, seguir el ritmo de la gente y alinearse con su expectativa aspiracional. Los ajustes de contenidos se rigen por la manipulación de las masas, empleando datos, cifras, imágenes impactantes, tendentes a llevar al imaginario colectivo a la aceptación, a la aprobación, al ocultamiento de lo mal hecho, a la negación de los daños, a alimentar la fantasía para que cubra la racionalidad, distraiga la evaluación de resultados, calme los reclamos y los malestares populares.

La propaganda se ha convertido en el discurso dominante. Frases hechas, mensajes, fuerza, palabras clave, enunciados que venden, comunicados a los medios de comunicación, promesas fantásticas de plenitud y felicidad, son el lenguaje social que facilita a los políticos lograr el comportamiento planeado de los electores.

Es notorio la intención de los gobernantes de recurrir a ello para incrementar considerablemente su posicionamiento, potencializar su atractivo e impacto en la comunidad y construir artificialmente su reconocimiento, aceptación y prestigio.

Por ello debemos profundizar en la evaluación de resultados para determinar si como sociedad estamos avanzando hacia donde queremos, estamos atorados sin cambiar nada o es necesario corregir el rumbo. La clave es ver más allá de la propaganda y calificar con cautela logros, programas y resultados, deseando sean muchos, positivos, efectivos, en beneficio de nuestra comunidad.

@carlosanguianoz en Twitter
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