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Represión gubernamental en Nicaragua deja 46 muertos: Exigen salida de Daniel Ortega; el país sumido en una crisis política

Represión gubernamental en Nicaragua deja 46 muertos: Exigen salida de Daniel Ortega; el país sumido en una crisis política

May 9, 2018

Redacción Conciencia Pública //

Nicaragua en las últimas semanas se ha sumado a una severa crisis política, que permite exhibir el sistema autoritario que ha construido Daniel Ortega en estos últimos once años de lo que denominan su segunda época en el poder.

Al menos 46 muertos se han registrado producto de la brutal represión cuya responsabilidad es del Presidente Daniel Ortega y que conforme a lo que han expresado muchos de sus ex compañeros de la revolución sandinita –incluyendo su propio hermano Humberto Ortega- “su régimen autoritario es insostenible”.

El general Humberto Ortega, hoy en retiro, fue el fundador del Ejército Pópular Sandinista, después de que los sandinistas derrocaran al dictador Anastasio Somoza y tomaran el poder en 1979. Fue el ministro de defensa y principal estratega militar de los sandinistas, conforme lo recuerda el periodista Andrés Oppenheimer en su columna en el Nuevo Herald.

Aquí hay un antes y un después. Este gobierno no puede regresar a como estaba antes de esta crisis, a la forma de gobierno tan monopólica y autoritaria que venía ejerciendo”, le declaró Humberto Ortega a Oppenheimer.

La pareja presidencial (como se refieren los nicaragüenses al presidente y su poderosa esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo) no tiene perspectivas, como tampoco las tiene la oposición. La única forma de salir de esta crisis será mediante una concertación nacional que comience con el diálogo mediado por la Iglesia”.

ORTEGA SE CONVIRTIÓ EN DICTADOR

Andrés Oppenheimer destaca que en días recientes, casi 50 ex guerrilleros y exfuncionarios sandinistas, incluida la comandante Mónica Baltodano, firmaron una declaración denunciando “el carácter sanguinario de la dictadura orteguista”. Otros ex altos funcionarios del gobierno sandinista, como Ernesto Cardenal, Luis Carrión, Víctor Hugo Tinoco y Sergio Ramírez, también desde hace mucho tiempo han denunciado al actual presidente por haberse convertido en un dictador como Somoza.

A su vez la Iglesia nicaragüense se está reuniendo con el gobierno, los líderes estudiantiles y la comunidad empresarial para sentar las bases de un diálogo nacional. Los estudiantes exigen como condición previa al diálogo que planifique la renuncia del presidente Ortega, mientras que los líderes empresariales piden una reforma electoral y el restablecimiento de la independencia de la Corte Suprema y otras instituciones clave.

Otra gran demanda de los críticos del gobierno es que el gobierno de Ortega permita a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) visitar el país e investigar la reciente matanza de los estudiantes que se manifestaban en las calles. Solo una investigación internacional podrá hacer una investigación creíble, dicen.

Cuando le pregunté sobre estas demandas, Humberto Ortega no quiso entrar en detalles, pero me dijo que tiene que haber una transición, un aterrizaje suave, una salida constitucional, un diálogo donde se verá si se pueden adelantar las elecciones del 2021”, destaca el periodista del Nuevo Herald.

Y añadió que “el resultado de este diálogo debe ser que nadie en la historia de Nicaragua vuelva a tener el poder monopólico que tuvo este gobierno. Que nadie pueda copar el poder como lo ha copado esta pareja presidencial”.

Oppenheimer considera que no se puede descartar que el presidente Ortega apoye un diálogo nacional solo para ganar tiempo, con la esperanza de que se enfríen las protestas estudiantiles, y que todo siga como antes.

Es por eso que los críticos del gobierno tienen razón al exigir que el diálogo incluya como precondiciones un compromiso para llevar a cabo una reforma electoral, la aceptación por parte del gobierno de que la CIDH pueda visitar al país a investigar la reciente matanza de los estudiantes, y un acuerdo para discutir la posibilidad de realizar elecciones anticipadas.

Cuando los propios ex compañeros de la revolución sandinista del presidente Ortega –y su propio hermano– están exigiendo una “salida constitucional” del régimen, es hora de que el presidente comience a hacer las maletas, y permita la restauración de la democracia en Nicaragua.

SE VE MÁS COMO UNA DICTADURA

A juicio de la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikky Haley, “el gobierno de Ortega se ha visto menos como una democracia y más como una dictadura”, al hablar ante la 48ª Conferencia de las Américas, celebrada en el Departamento de Estado bajo el auspicio del centro de estudios Consejo de las Américas.

La representante de Estados Unidos ante la ONU, aseguró este martes que Haley dijo que en Latinoamérica no puede permitirse que las “últimos Gobiernos autoritarios” que quedan en el hemisferio “arrastren” al resto de la región, en alusión a los Ejecutivos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

La diplomática planteó que “la implosión” de Venezuela ha expuesto otra preocupación seria en América Latina: el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua. “Durante mucho tiempo, el gobierno de Ortega se ha visto menos como una democracia y más como una dictadura. El régimen de Maduro sostuvo a Ortega con petróleo subsidiado y otras ayudas y la autodestrucción de Venezuela ha terminado con ese salvavidas”, afirmó.

PROTESTAS

Hizo referencia a las manifestaciones en Nicaragua y pidió al presidente designado por el poder electoral, Daniel Ortega, que cumpla su promesa de participar en un diálogo nacional, e incluir a la comunidad empresarial, estudiantes y la Iglesia católica. “Pero hablar no es suficiente”, dijo. “La verdadera prueba será si es que el gobierno de Ortega llegará a satisfacer las exigencias populares de reformas democráticas y transparencia”.

La embajadora destacó que, bajo la enseñanza de Cuba, la crisis de Venezuela ha puesto en evidencia ahora la situación en Nicaragua, y aseguró que el Gobierno de Estados Unidos respalda completamente las demandas de la sociedad civil nicaragüense al Gobierno de Daniel Ortega.

Al igual que su patrón en Caracas y sus mentores en La Habana, el gobierno de Ortega se ha mantenido en el poder organizando elecciones, intimidando a los críticos y censurando a los medios”, agregó.

SALIDA DE NICOLÁS MADURO

Haley insistió en que es tiempo de que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, “se vaya” por el bien de “la seguridad y la estabilidad del continente”. “Hoy el régimen de Maduro amenaza la paz y la seguridad de la región entera. Lo que ha sido descrito como el desplazamiento mayor de la historia de la región está teniendo lugar ahora en Latinoamérica”, aseveró la embajadora.

La gente desesperada está siendo recibida en sus países vecinos, pero están agotando los recursos del Estado y de las ciudades en Colombia, Brasil, Perú y otros lugares”, dijo Haley.

La diplomática insistió en que las elecciones presidenciales convocadas en Venezuela para el próximo 20 de mayo no son unos comicios legítimos, e insistió en que la crisis venezolana es un asunto que debería preocupar de forma global.

La economía y la sociedad civil de Venezuela, agregó, han visto un declive catastrófico bajo Chávez y Maduro.

Todos hemos visto el trágico sufrimiento del pueblo venezolano. En una región donde el 31 por ciento de las personas son pobres, un impresionante 87 por ciento de los venezolanos viven por debajo del umbral de la pobreza. Un total del 90 por ciento dice que no sabe de dónde vendrá su próxima comida”, recordó.

Además de Haley, otros altos funcionarios del Gobierno estadounidense intervendrían para discutir sobre la situación del continente americano, entre ellos el subsecretario de Estado, John Sullivan y el secretario de Comercio, Wilbur Ross, así como los senadores Robert Menéndez (demócrata) y Marco Rubio (republicano).

Jefe Supremo: responsabilidad suprema

Ya el viejo y desgastado estribillo de culpar de todo “al imperialismo yanqui” pasó de moda y ahora solo se ven los rostros de jóvenes valientes.

Pedro Joaquín Chamorro (*)

A lo largo de 11 años de su segunda época, acumularon tanto poder, que ahora no tienen a quién echarle la culpa de esta insurrección espontánea y popular sin autoinculparse.

Ya el viejo y desgastado estribillo de culpar de todo “al imperialismo yanqui” pasó de moda y ahora solo se ven los rostros de jóvenes valientes, hijos del pueblo, que esgrimen como escudo la bandera azul y blanco de la patria.

Los jóvenes cantan el himno y pintan todo con los colores patrios en rechazo a los colores partidarios que el orteguismo durante más de una década pretendió igualar o suplantar.

Como bien lo señaló mi hermano Carlos Fernando en un twitt que se hizo viral: “Al reformar la Ley de la Policía Nacional en el 2014, se eliminó al Ministro de Gobernación en la cadena de mando. Artículo 10: ‘la Jefatura Suprema de la Policía Nacional es ejercida por el presidente de la República en su carácter de Jefe Supremo’. Entonces, ¿quién es el responsable de la represión?… el supremo responsable”.

El propio general en retiro, Humberto Ortega, en una entrevista con el periodista Andrés Oppenheimer en El Nuevo Herald reconoció el pasado fin de semana que acumular tanto poder como lo ha hecho su hermano, no es una buena idea.

Refiriéndose a lo que él considera que debe ser el resultado del diálogo nacional dijo: “El resultado de este diálogo debe ser que nadie en la historia de Nicaragua vuelva a tener el poder monopólico que tuvo este gobierno, que nadie pueda copar el poder como lo ha copado esta pareja presidencial”.

Pero en lugar de entrar en razón después de este sano consejo público a su hermano Daniel, este volvió a usar su poder monopólico para tres eventos sucesivos que parecen haber sellado prematuramente el camino al diálogo, que irónicamente él mismo ha convocado y ha cifrado sus esperanzas.

En primer lugar, la prohibición de que venga al país la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) y la conformación en la Asamblea Nacional bajo su poder monopólico de una comisión cínicamente llamada “Comisión de la Verdad, Justicia y Paz”, conformada por cinco “notables” que se han caracterizado por su abyecto apoyo al Gobierno; y en tercer lugar, la insólita represión a las marchas pacíficas motorizadas en Niquinohomo y Catarina la noche del pasado domingo. Caldo para la violencia, no para la justicia ni para el diálogo.

El pueblo clama por justicia ante la masacre de más de 45 muertos asesinados comprobados, al que el domingo 6 se le sumó el joven Kevin Roberto Dávila López, de 23 años, fallecido en el Hospital Lenín Fonseca, quien el 22 de abril recibió un balazo en la cabeza y desde entonces luchó por su vida hasta que falleció por un edema cerebral severo causado por el balazo.

Lo primero que Ortega debe hacer, si realmente quiere la paz, la justicia y la verdad —conceptos que van de la mano, entrelazados— es asegurarse que no se siga tiñendo con sangre de hermanos nuestro glorioso pendón bicolor, como dice el himno; en este sentido, él tiene la responsabilidad suprema como jefe supremo de la Policía y del Ejército, los dos cuerpos armados de la nación.

Lo segundo, sería permitir que una comisión independiente investigue y deslinde las responsabilidades de la masacre ocurrida los días 19 al 22 de abril y en tercer lugar, crear las condiciones de paz relativa para que se pueda dar un diálogo nacional que tenga como objetivo, como bien lo han dicho claramente los obispos, la democratización de Nicaragua.

¿Cómo será esto? Cambios constitucionales, cambios en los poderes del Estado para que tengamos un poder electoral independiente, elecciones libres anticipadas, etc. Todo se verá en el diálogo nacional, pero antes deben darse las condiciones para que esto ocurra. La palabra la tiene el jefe supremo y supremo responsable.

(*) El autor es periodista, exministro y exdiputado. Cortesía del Diario La Prensa de Nicaragua.

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