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Del Brexit a las elecciones Norteamericanas

Del Brexit a las elecciones Norteamericanas

Nov 12, 2016

«Todos ven lo que tú aparentas, pero pocos sienten lo que realmente eres, y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría». Nicolás Maquiavelo, siglo XVI

La reciente victoria de Donald Trump y el Partido Republicano en Estados Unidos se ha unido ya a una serie de eventos que no han logrado ser anticipados por los modelos de medición de la opinión pública cuantitativos.  Antes, las elecciones en el Reino Unido sobre la salida o permanencia de Gran Bretaña en la comunidad europea y el referéndum por la paz realizado en Colombia, también evidenciaron situaciones donde se suponía el resultado esperado era radicalmente diferente al obtenido. El triunfo de las opciones menos esperadas en todos los casos pareciera evidenciar que los reveses y las fallas en los resultados obedecen a errores en la metodología, mala aplicación de los cuestionarios, falta de supervisión en el proceso o ganas de engañar intencionalmente a los electores para inducir su comportamiento electoral, pero en la mayoría de los casos, no es así.El 8 de noviembre, tras el supermartes electoral americano, que auguraba una cómoda victoria de la candidata demócrata Hillary Clinton arrojó un resultado tan sorpresivo como inesperado.

Incluso los apostadores de Las Vegas ponderaban la victoria demócrata y pagaban —y pagaron— generosamente el handicap negativo de Donald Trump. Conforme fueron cayendo los resultados, la fiesta azul fue convirtiéndose en velada fúnebre. Noticieros de Europa y Asia no daban crédito a lo que estaba ocurriendo. Los mercados financieros internacionales volatilizaron y la incertidumbre tuvo momentos de tragedia y negación.

—¿Por qué se hizo invisible la caída del establishment?

—La opinión pública ejerce un gran poder sobre los individuos. Tanto a nivel personal como colectivo, las ciencias de la comunicación y la ciencia política han intentado conocer, interpretar, orientar y controlarla. Un estudio alemán, de Noelle Neuman, llamado «La espiral del silencio» declara que es menos probable que una persona de su opinión sobre un tema ante un grupo de personas, si siente que es parte de la minoría, debido al miedo a la represión o aislamiento por parte de la mayoría.

Por regla general, las personas reaccionarán ante la presión de la opinión en la forma en que esta se ha hecho pública en los medios masivos de comunicación. Los individuos se forman una idea del respeto y del éxito de las opiniones dentro de su entorno social. Observan cuáles son los puntos de vista que cobran fuerza y cuáles decaen. Por ello últimamente se ha incrementado el rechazo de la gente a manifestar su opinión en público y tomar partido. Si se ve obligado a hacerlo, está mejor dispuesta a hacerlo expresándose como parte del sector dominante. Así, la opinión cuya fuerza se sobrevalora, es la que con más frecuencia se expresa en público.

En gran parte por ello los esfuerzos de anticipación de y predicción del futuro están fallando en diversas latitudes del mundo. Es paradójico que no estén logrando medir con efectividad el deseo humano y que estén evadiendo las personas sus expectativas reales ante los encuestadores y entrevistadores. En cambio, en ambientes afines o cómodos, expresan su verdadera intención en formato de conversación, con cautela, procurando no contradecir a su audiencia.

Hoy, puede afirmarse con cierta ironía, que las encuestas procuran calcular el rebote exacto a la caída de un balón ovoide de futbol americano. Aristas filosas y ángulos invisibles hacen no medible la verdadera expectativa de la gente. La piel social es de un color, pero la entraña, que es la que determina la acción de votar, suele ser de otro color, y se mantiene silente, oculta, agazapado, listo para relucir hasta el conteo y la declaración del ganador.

A toro pasado, sabemos que los electores americanos disimularon sus opiniones favorables a Trump, puesto que se sentían en minoría. Pese a ello, Clinton obtuvo mayor votación efectiva, pero perdió en los votos de los colegios electorales. Por Clinton votaron en su mayoría los millenials, los inmigrados, los ciudadanos no blancos y las mujeres; por Trump votaron en su mayoría los americanos blancos. Los cálculos de intención del voto fracasaron. El ganador leyó mejor a la sociedad y conectó fuerte con su público objetivo. Su virtud fue nunca bajar los brazos, nunca rendirse, seguir su estrategia a rajatabla y la victoria imposible llegó. La gente que ocultó su intención real del voto ¿sentirá que se salió con la suya?

Por Carlos Anguiano Zamudio
www.inteligenciapolitica.org
@carlosanguianoz en Twitter