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ATLAS, ESCUELA DE VIDA

ATLAS, ESCUELA DE VIDA

Dec 18, 2016

Hemos sido, somos y seguiremos siendo Atlas.

Cuando vendimos el equipo no vendimos el alma. No renunciamos a nuestros colores. Lo hicimos porque cuando no se puede cumplir con las aspiraciones de una comunidad, hay que ceder el paso al que sí lo puede lograr. Más temprano que tarde seremos campeones y el trofeo estará en nuestras vitrinas de acuerdo con lo expresado por el señor Ricardo Salinas Pliego.

Si los cachorros de Chicago duraron ciento ocho años para obtener el banderín de las grandes ligas, seguro nosotros nos tardaremos menos. Gracias por estar aquí.

Durante un año hemos realizado diversas actividades para recordar a quienes, con imaginación, visión de futuro y amor, construyeron los cimientos de lo que hoy somos. A lo largo de doce meses hemos refrescado nuestra memoria, refrendado nuestras creencias, reafirmado nuestros valores y compromisos y hemos reconocido a quienes con generosidad, talento y  esfuerzo han dado brillo al nombre de Atlas.

Es esta, además, fecha propicia para dar gracias a todos los que han participado en nuestras celebraciones y no hay, desde nuestro punto de vista, mejor manera de hacerlo que a través de un libro.

Por qué un libro o para qué un libro del Atlas se preguntarán, si ya hay varios de nuestra institución.

La razón es muy sencilla, el libro que hoy presentamos es el Libro del Centenario.

Les comparto una reflexión.

La historia del ser humano se divide en dos tiempos, uno lejano, remoto,  inmenso, inmemorial, especulativo y otro, cercano, próximo, conocido, documentado, cierto. Lo que los divide, lo que los hace diferentes, es el lenguaje escrito. La diferencia entre la narrativa oral, la diferencia entre lo que se dijo o se dice y lo que es, o sea lo que nos aproxima al conocimiento individual y colectivo son los libros.

Lo que sabemos se debe, entre otras razones, a esa portentosa facultad del ser humano que es la memoria y a esa maravillosa creación del hombre que es la escritura.

Lo que nos permite, lo que ha permitido conocernos, reducir y corregir nuestros errores, cultivar nuestras inteligencias, lo que facilita el desarrollo de nuestra vida personal y colectiva, lo que posibilita fijar y cumplir nuestros objetivos, es la memoria documentada. Ese es el gran referente y no puede existir sin los libros.

El propósito del libro con el que hoy concluimos las celebraciones del Centenario, es dejar testimonio de lo que ha pasado durante cien años en la vida de una institución que representa, como pocas, los valores y algunas peculiaridades propias de los habitantes de nuestra ciudad y de nuestro estado.
El Atlas es una expresión de quiénes somos y de por qué somos, cómo somos los tapatíos, los jaliscienses y en cierta medida los mexicanos.
Los grandes protagonistas de este libro son:

Guadalajara y sus habitantes. Los que aquí vivimos. Los que recorremos con nuestras ilusiones y problemas sus calles. Los que cuando oímos la palabra Atlas sabemos que se está hablando de nuestra ciudad y de nuestros colores. De nosotros.

 

 

 

EL ATLAS Y LA HISTORIA DE GUADALAJARA

Lo he dicho en otras ocasiones, el Atlas sin Guadalajara es impensable y Guadalajara sin el Atlas no sería igual.

Otro gran protagonista es la afición rojinegra. Hombres y mujeres cuyos rostros y voces dan forma a una filosofía de vida: Cuando la familia Márquez expresa «Dios, el Atlas y todo lo demás» califica y define un cuadro de valores, una forma de entender la realidad y de ser. ¡Sí! La afición es la quinta esencia del Atlas.

Grandes protagonistas son también los jugadores de las disciplinas deportivas que se ejercitan en nuestras instalaciones, especialmente los futbolistas que han dado Gloria y Honor a nuestro nombre.

Las páginas de nuestro libro las llenan además los miles de usuarios, que cotidianamente asisten a nuestras instalaciones y practican los deportes, fomentan la cultura en los tradicionales clubes de lectura de Atlas Colomos o Chapalita o simplemente conviven en este espacio que nos comprende a muchos.

El libro que esta noche entregamos a nuestra afición, a nuestros asociados y a nuestra ciudad, contiene esa multiplicidad de historias individuales que hace la historia colectiva.

En él se habla de familias que nacieron con los colores rojinegros en El Paradero y triunfaron en Wimbledon; se narran los sueños e ilusiones de niños que llegaron con un par de zapatos de futbol en sus manos y lograron ser grandes triunfadores en el futbol nacional y en los estadios de Alemania, Holanda y España o el diario trajín de pequeñas sirenas que asisten en Chapalita en la mejor escuela de nado sincronizado del país. Tenistas, caminadores y corredores. Cada año organizamos el mejor medio maratón de México. Frontenistas, voleibolistas, etcétera, que con tenacidad forjan el camino del éxito.

Es el Atlas, escuela de vida, almácigo de buenos ciudadanos.

Somos, sin renuncia a lo universal, —nuestro nombre lo define—, custodios de los valores de nuestra ciudad. Eso nos hace diferentes a los demás clubes.

En el Atlas pensamos y sentimos de manera distinta, tenemos definidas nuestras preferencias. No excluimos, sí diferenciamos.

El Atlas es espacio abierto, mano extendida, brazos en cruz, regazo acogedor. El Atlas es esperanza y realidad.

En el Atlas coincidimos los tapatíos, los aquí nacidos y los que habiendo llegado de otros lugares, aquí se enraizaron e hicieron familia.

El Atlas ha sobrevivido, entre otras razones, porque es una institución sin prejuicios. Aquí, como en nuestra ciudad, coincidimos al margen de ideologías, creencias religiosas, compromisos políticos o nivel económico.

El Atlas es hogar común, punto de encuentro. Cuna de los que llegan y refugio y antesala de los que nos habremos de ir, en ese maravilloso ciclo que es la vida y la muerte.

En el Atlas hacemos Patria.

Tengo, por enseñanza y vocación, la idea de que el mayor de los valores humanos es la gratitud.

Señalé hace unos minutos quiénes son los actores del libro. Ahora debo expresar nuestro agradecimiento, nuestra gratitud, a quienes lo hicieron posible.

En primer lugar a nuestros patrocinadores: «Sin agua no nada el pato».

Al Gobierno del Estado y muy especialmente al CODE Jalisco, al Ayuntamiento de Guadalajara, a Farmacias Guadalajara, a Inmobiliaria San Carlos y Laboratorios Julio.

Gracias por apoyar esta idea.

A nuestro editor y lo digo con todo cariño, Juan Cristóbal García, con quien hemos compartido algunas aventuras editoriales, huellas dejadas en otros escenarios de nuestra ciudad. Testimonio de que cuando hay proyecto, voluntad y suma de esfuerzos se pueden hacer las cosas.

Gracias. El libro que nos has entregado es diferente, único, espléndido, excepcional.

Debo expresar mi gratitud al inmejorable equipo de colaboradores que trabajan día con día en nuestras instalaciones coordinados por su director general, el señor licenciado José Herminio Jasso Álvarez, sin él hubiese sido imposible no solo este evento, sino las acciones emprendidas para la modernización de nuestros clubes.

El que enlista corre el riesgo de omitir y me daría mucha pena ser injusto por deficiencias en la memoria con alguien o algunos que debiendo ser citados fueron ignorados. A todos mi agradecimiento y mis disculpas.

Este es uno de los últimos eventos en los que participaremos quienes hemos conducido a nuestra institución por casi cuatro años. Como los malos toreros aprovecho para expresar mi gratitud a esta maravillosa comunidad de mujeres y hombres que creemos en un mundo y un México mejores.

Finalmente hago entrega a los miembros del presídium y simbólicamente a ustedes de los primeros ejemplares de nuestro libro. Este es el testimonio de la grandeza de nuestros colores y sin duda nuestro mejor legado.

Eugenio Ruiz Orozco (*)
Discurso editado del presidente del Club Atlas, en la presentación del Libro Cien Años del Atlas.