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NIÑOS LEJOS DE LA MANO DE DIOS Y CERCA DE LUJOSAS RESIDENCIAS

NIÑOS LEJOS DE LA MANO DE DIOS Y CERCA DE LUJOSAS RESIDENCIAS

Ago 7, 2011

Pasaban de las cuatro de la tarde, mi destino la Canaco. Tomé la ruta más fácil, caminar cuatro cuadras de Lázaro Cárdenas hacia Niño Obrero. En el trayecto un niñito se acercó súbitamente. Con sus ojos cafés claros derramaba una chispa de inocencia, no lo pude frenar. Ya sabía exactamente lo que quería, pedirme dinero para su taco, sus útiles de la escuela, o porque si no entregaba lo acordado a su familia le iban a dar la golpiza de su vida.

 

El pequeño me pidió una “ayudita”, entonces ya sea por lástima, tristeza o estupidez dejé que me diera una explicación del por qué necesitaba dinero. Aunque su actuación era de 10, fue candidato para los Oscares, no le di dinero, pero sí le regalé mis papas que llevaba en la mochila.

 

El niño dichoso, empezó a comer una tras otras. Saboreándoselas, no dejaba de mirarme, fue entonces que la curiosidad invadió mi mente: “¿En verdad a ese niño se le obliga a ‘trabajar’? ¿O es algo que le gusta?”. La mayoría dicen que es costumbre, otros dicen que a estos niños les gusta lo fácil, es decir, la miradita tierna, sus pies descalzos, mugre en la frente, y el dinero les llega por montones.

 

– ¿Y qué haces con el dinero que te dan? –Le pregunté–.

-“Pues pa’ mis útiles señito”, me respondió seguido de una risa involuntaria.

– ¿Crees que soy tonta? –Le dije en tono bromista–.

– “No, ¿Y cuánto gana usté?”, siguió con la sesión de preguntas y respuestas.

– Poco –le dije– y ¿Tú?

– “Hay días malos y buenos, pero casi siempre junto 200 al día”, explica.

– 200 pesos.

 

De repente empecé a hacer cálculo mental, estos niños ganan 200 pesos al día. De lunes a sábado, de 10 de la mañana a 8 de la noche, claro sin contar las dos horas de comida en donde hacen una pausa.

 

Es decir, un niño de seis años gana mil 200 pesos a la semana, dos mil 400 a la quincena por vender chicles o pedir limosna durante seis horas. Ahora bien, si le sumamos el “sueldo” de todos los niños que “trabajan” en esa esquina. Aparentemente “cuidados” o “explotados”, como cada quien le quiera llamar, por un señor de treinta y tantos años y cuatro señoras de la misma edad, los cálculos nos llevan a la conclusión que el exponer a niños y niñas a las calles para “vender” chicles o limpiar los retrovisores es un gran negocio.

 

Si multiplicamos los dos mil 400 de la quincena por los nueve niños, son 21 mil 600 pesos a la quincena para estos señores que se la pasan sentados, comiendo sus sopas instantáneas y tomando sus refrescos, que utilizan los árboles como sus percheros y ni siquiera se toman la molestia de levantar su basura –los camellones de Lázaro Cárdenas y Niño obrero están repletos–.

 

Ahora bien, vale la pena preguntarse ¿cómo es posible que nueve niños abajo de los ocho años de edad ganen un salario de licenciado? Y digo un licenciado con la suerte de tener un trabajo con “buena” paga. ¿Quién se hace responsable de estos niños? ¿Qué está haciendo Desarrollo Social de Zapopan? ¿Qué está haciendo el DIF Zapopan o el Estatal?

 

¿Cómo es posible que el DIF pueda llevarse a niños que son “abandonados “en sus propias casas, porque la madre tiene que trabajar, y no puedan llevarse a estos niños que son humillados, forzados a trabajar y a quienes les han negado sus derechos como niños?

 

¿Qué pasa con sus derechos y lo que es peor qué pasa con su seguridad? Existen dos casos muy concretos en este grupo de personas que resaltan a la vista; un niño de siete años quien pide dinero afuera de las Farmacias Guadalajara, el cual tiene alguna deformidad en su mano, al preguntarle por su madre, me respondió que ella trabajaba en la Minerva y que aquí lo cuidaban unos señores.

 

Este niño anda solo, tirado en el suelo, con una discapacidad y aquí nadie se mete, la integridad de aquel niño no existe, él no existe, simplemente es un trabajador más que tiene la edad y deformidad correcta para ser explotado. Es un niño sin voz, sin nombre, sin nada.

 

El segundo caso, es más delicado, por lo que no me atrevo a asegurar mis argumentaciones. Una adolescente de aproximadamente 14 años de edad, muy arreglada, hay días que usa minifaldas y otros que usa un top muy provocador. Por lo general se la pasa fumando y platicando con las señoras –una de ellas con un bebé en brazos–. Esta muchacha pasa muy coqueta entre los carros vendiendo chicles.

 

La historia se queda ahí. Pero me preocupa pensar ¿qué más hay atrás de esta aparente situación? Años atrás una muchacha como ella, actuaba igual, sólo que en el cruce de Clouthier y Guadalupe, en ese caso, la prostitución fue real. Lo que pasa con la joven anterior es un caso silencioso, ella juega al coqueteo y las señoras a las madrotas, sin embargo la acción, es decir la prostitución todavía no se ha demostrado.

 

El año pasado la Asociación de Vecinos Camino Real AC, mandaron un oficio a Participación Ciudadana y Desarrollo Social del Ayuntamiento de Zapopan. Al principio se le dio seguimiento, llegó el inspector de la zona y corrió a este grupo de personas. Las razones fueron muy concretas, explotación de menores, foco de infección ya que estas personas hacía sus necesidades en las calles, y dejar basura por todo el vecindario.

 

El triunfo duró tres meses, después de esto, otras personas invadieron el mismo lugar, ahora con más integrantes en donde sobresalen los menores de edad. La táctica la misma, pedir dinero, vender chicles o limpiar parabrisas.

 

Sin embargo no se trata de correrlos y ya, el problema no va a acabar ahí ¿por qué estos niños tienen que permanecer con señores desconocidos en donde pueden ser maltratados tanto física como psicológicamente? ¿Por qué las autoridades no hacen nada al respecto? ¿Qué están esperando? ¿Existen las famosas “mordidas” entre los funcionarios públicos y estas personas?

 

El delito ahí está, enfrente de nuestros ojos. La explotación de menores, adultos lucrando con la inocencia, la ignorancia o la desesperanza de aquellos niños de la calle. ¿Quién le pondrá alto a esto? Definitivamente una pregunta que aunque todos sabemos la respuesta nos da miedo exigirla.