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¿CIUDADES SIN AUTOS?

¿CIUDADES SIN AUTOS?

Sep 10, 2011

A los tapatíos nos seduce cualquier cosa que venga del extranjero. Sin duda un reloj suizo, un auto alemán, un perfume francés o un traje italiano son productos de gran calidad. No puede decirse lo mismo de todas las mercancías chinas o de las políticas públicas de otras naciones.

Una cosa es comprar café colombiano y otra importar las políticas de movilidad de ese país. Lo mismo puede decirse respecto a lo que funciona en Nueva York, Portland o Estocolmo, pero que no necesariamente opera en México –y ahí está la figura del ombudsman, que tan mal se implementó en nuestro país, para confirmar este hecho–.

A pesar de que pareciera obvio que copiar lo de otros países no funciona la mayoría de las veces, como sociedad nos mueve bastante que un expositor extranjero nos venga a dar recetas para casi cualquier cosa –y lo digo sin chauvinismos, con una taza de té Earl Grey y una rebanada de pan negro alemán mientras escribo–.

A veces, como comunidad, nos ciega el malinchismo y asumimos, desde esa óptica tan mexicana de las soluciones facilonas a los problemas difíciles, que bastarán dos pases mágicos, dos rayas de pintura, una dosis de buena onda y los problemas urbanos desparecerán. Ese es el sabor que me dejan las propuestas y afirmaciones vertidas en el X Congreso Internacional Hacia Ciudades Libres de Autos, marcadas por una obsesión a suprimir el auto por decreto o por milagro –aunque en su lugar se use la pretenciosa expresión “voluntad política”–.

Si queremos una ciudad sin autos requerimos que sea una ciudad con metros o con trenes ligeros, ya que la bicicleta es un medio insuficiente en ciudades extendidas como Guadalajara –díganle a alguien que vive en Tonalá que se vaya a su trabajo en Zapopan en bicicleta y les recordarán a toda su familia– y el Macrobús es malo, lento y contaminante. Los camiones son peores, así que no vale la pena detenerse en sus múltiples defectos.

Salvo que alguien sea potentado para circular todos los días en taxi –los de la ZMG son de los más caros del mundo– la realidad es que el tapatío promedio necesita del transporte público masivo. Las bicicletas son fantásticas –si todo el mundo las usara una hora al día, no habría obesos– pero no son una alternativa para el transporte masivo en una ciudad como Guadalajara. Además, detrás del discurso de la ciudad sin autos hay una trampa: en lugar de hacer más vías de circulación, el Gobierno transfiere el costo de las insuficiencias del transporte público a los ingenuos ciudadanos. Veamos algunos ejemplos:

El que vive en un extremo de la ciudad y labora al otro lado de la urbe. Si me transporto en bicicleta, ¿me busco un trabajo cerca de mi casa o me salgo de mi hogar cuatro horas antes para llegar a tiempo? ¿El Gobierno ordenará que haya regaderas y vestidores en cada centro de trabajo o todos llegaremos a laborar con olor a chivo mojado?

El que tiene tres trabajos para (sobre)vivir. La súper ideota de que no se circule a más de 30 kilómetros por hora, ¿le sirve al pobre diablo que tiene menos de una hora para desplazarse entre chambas? ¿O él sí tiene suficientes méritos para que le autoricemos moverse en auto?

El que va y hace las compras (alias “el mandado” en lengua tapatía). ¿Lo enviamos con bicicleta con macrocanasta o tendrá que comprar en pequeñas porciones (y caras) en la tienda de conveniencia de la esquina?

En suma, ¿quién paga una ciudad sin autos? Usted, querido contribuyente, que ha pagado impuestos a la tenencia por 42 años y no los ve reflejado en más vialidades y mejor transporte público, que paga predial y el municipio no le otorga banquetas sin brincos ni auténticas zonas verdes, que le desangran con el ISR, IVA, IETU e IDE pero que no tiene derecho a Metro: Felipe Calderón sólo concede líneas de ese medio de transporte a la Ciudad de México, porque Usted sólo merece Macrobús.

El legendario Tío Carmelo decía “no coma tierra”, para anunciar una marca de pasteles. Parafraseándolo, habrá que recomendar a los que somos tapatíos que no comamos cuento… como el de que se puede tener una ciudad sin autos.

 

E-mail: oscarconstantino@gmail.com