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¿DÓNDE TE AGARRÓ?

¿DÓNDE TE AGARRÓ?

Jul 2, 2011

Hace ocho años llegué a establecerme en Guadalajara y fui recibido por una tormenta y un temporal que se prolongó 50 días más. En el lapso he vivido toda clase de aventuras sorteando la lluvia, así como desperfectos en automóviles tanto en llantas, transmisión y motor. De tan común, la historia es tan tediosa que ni siquiera llama la atención, salvo el comentario habitual de “¿dónde te agarró?”.

Esto de las lluvias y sus estragos no respeta ni colores ni sabores. El caso San Miguel Cuyutlán, en Tlajomulco de Zúñiga, es otra evidencia. Entrevisté en Central Noticias (ochoTV Telecable) a un funcionario que explicó que una situación así de extraordinaria no pudo prevenirse. Pero sí.

Baste ir a Google Maps para ver la zona y darse cuenta que el Cerro Viejo presentaba desmontes y tala de árbol que lo tenían pelón. Desde jardín de niños sabemos que con tierra y agua, haríamos pasteles de lodo. Desde luego ninguna autoridad (Federal, estatal, municipal) se hace responsable y en la clásica táctica de “los demás tienen la culpa”, siempre habrá un presunto culpable.

Voy a dar tan sólo un ejemplo de algo que puede hacerse, sin que implique un desorden: cuando llueva, que los semáforos dejen de funcionar como estaban para ponerse en alerta intermitente. ¿Es algo complicado? Me imagino que no, siempre y cuando alguien lo haga. Así evitaríamos atorones, que los de un lado se atraviesen al otro y evitar concentración vehicular. Pero para eso se requiere de un protocolo.

Hasta el momento hemos recibido en esta temporada tres ciclones de baja intensidad: Adrián y Beatriz en el Pacífico y Arlene en el Atlántico, si bien no ha pasado a mayores y no han impactado con gran fuerza, se debe admitir un trabajo eficiente de Protección Civil.

Después de una serie de anomalías y hasta desfalcos, y lucrar con el dolor ajeno, esta es una oficina que sí funciona. Primero, hay un monitoreo, avisos; alertas, procedimientos, control, acciones. Dicho de una manera clara: el sistema es adecuado. Que la fuerza de la naturaleza va a ocasionar problemas, heridos y muertos, es inevitable, pero sí puede disminuirse una catástrofe.

En estos tres ejemplos, inclusive, se ha optado por declarar la Alerta Roja, aunque técnicamente no se haya llegado a ese extremo: por el bien de los demás se ha ido más allá. En zonas de huracanes ya saben qué hacer tanto en casas como en establecimientos. Por alguna razón, hay menos afectaciones por un huracán que por una tormenta. Y esa razón que es que gobiernos van y vienen y no hay una operatividad conjunta. Los que hacen, hacen lo que creen; y los que no hacen, estorban.

Desde luego, con el atraso del temporal, se tuvieron seis meses del 2011 para organizarse, lo cual, ya vimos, vivimos y sufrimos, no ocurrió.

Decía al inicio, que llegué hace ocho años y llevo ese tiempo reportando que los árboles de Mariano Otero tapan los semáforos. En un momento extremo de noche y lluvia, sin suficiente alumbrado, no se ve si hay rojo-ambas-verde. ¿Es mucho pedir que se poden las copas?

Otro caso: ¿hay o no clases? Con Beatriz, ese control central mandó una orden que se cumplió. Con una tormenta como las del pasado miércoles 29 de junio, con árboles y postes tirados, anegamientos, charcos, inundaciones, pudieron suspenderse clases y labores en ciertas zonas y evitar accidentes posteriores.

Aproximadamente a mediodía del jueves 30 de junio, el day after de la tormenta, camiones recolectaban hojas, ramas y árboles… 15 horas después que dejó de llover. En esta Historia sin Fin, como alguna vez lo titulé, seguiremos con las mismas maniobras.

 

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