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¿EL ARTE DE LA GUERRA POLÍTICA?

¿EL ARTE DE LA GUERRA POLÍTICA?

Sep 3, 2011

Si bien pareciera ser que nos hemos librado de las crisis económicas de fin de sexenio (porque éstas ya se volvieron permanentes), sin duda alguna de lo que jamás nos libraremos en esos periodos, es de las cruentas afrentas entre los “actores” políticos del país, que sabemos una de sus fundamentales guías de acción y comportamiento se encuentra en la obra del chino estratega militar, Sun Tzu, “El Arte de la Guerra”, cuyas lecciones ahora más bien parecen aplicarlas al pie de la letra, puesto de otra manera no puede explicarse la saña con que hoy en día actúan los malandrines y narcotraficantes, brazos ejecutores de buena parte de nuestra clase política actual.

 

Es innegable también que la narco-política está presente en nuestro sistema de organización colectiva, como así se advierten las evidencias en varias zonas del Norte, Centro y Sur de la República, sobre todo en los ámbitos municipales y estatales, y de cualesquier filiación partidista, no digamos en barrios y colonias que perfectamente sabemos las formas en que se las arreglan malandras y autoridades para seguir en la impunidad los primeros y disfrutar de las mieles de la corrupción, los segundos.

 

De hecho, los registros históricos de procesos de relevos gubernamentales, reiteran que en esas épocas se disparan los índices delictivos, por principio de cuentas, por la aparente oportunidad que a los criminales se les brinda de hacerse de dinero fácil y rápido que permita aceitar las maquinarias propagandísticas de campaña. Y más aún, si en el distrito o municipio que se trate, mandata un Partido opuesto al de ellos y conviene hacerlos ver a sus competidores, como incompetentes e inoportunos frente a la inseguridad prevaleciente.

 

Ciertamente así ocurre, como afirma la sabiduría popular, en que en todos lados “se cuecen habas”, y es que pareciera ser que en todos los Partidos, existen alianzas por parte de sus actores u operadores territoriales, con miembros de la delincuencia organizada y el narcotráfico, a la luz de la cruel sentencia que afirma que “para que la cuña apriete, ha de ser del mismo palo”; por eso no extraña que repentinamente en los cuerpos policiacos aparezcan personalidades del hampa, con investiduras de mando, que más tarde se confirman sus antecedentes al aparecer encarcelados, balaceados o encajuelados.

 

Por eso pocos creen que algunos policías asesinados, realmente hayan caído en el cumplimiento del deber (algunos ciertamente cumplen con esa condición), puesto que más adelante se descubren ajustes de cuentas o venganzas de sujetos con escasa reputación.

 

Lo que hoy en día salta a la vista, es que siguiendo cruelmente al pie de la letra las instrucciones de Sun Tzu, aparezcan en calles o avenidas de diversas ciudades del país, enormes caravanas de camionetas y vehículos de lujo con decenas de personas fuertemente armadas, sin que nadie se inmute en un abierto alarde de fuerza frente a las autoridades… lo que pasa es que en el capítulo II de “El Arte de la Guerra” se indica que “las operaciones bélicas requieren mil carros veloces tirados por cuatro mil furgones… y cien mil hombres con coraza”… cuanto más impresionen, es mejor para penetrar en el miedo de los ajenos y los organizados.

 

Y además se advierte: “Cuando el ejército se empeña en campañas prolongadas, los recursos del Estado no alcanzan”; y mucho menos al final de la administración a la que pretenda doblegarse con fuego, como el acontecido en el casino de Monterrey, aparentemente a la fiel instrucción del terror que aparece en el capítulo XII, de la obra referida: “en cuanto a ataques con fuego, el primer método es quemar al personal, después los depósitos, luego los equipos y los arsenales, y finalmente arrojar armas incendiarias”.

 

A nadie sorprende que en la política, como en el amor, “todo se vale”, pero a estas alturas parecieran excederse las partes disputantes del poder (los de antaño con los de ahora) que valiéndose de todo y sus aliados (incluyendo narco-delincuentes de alcances barriales, municipales, estatales y nacionales), se llevan de corbata a miles de inocentes y asustan a la población en general, en aras de su sed de venganza y ambición de poder.

 

Lo criminal del asunto es que a la velocidad que van, obtendrán el refrendo en el poder o lo arrebatarán a final de cuentas, pero recibirán un Estado lesionado y en la orfandad, con el que poco o nada se pueda construir.

 

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