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¿Y dónde está el piloto?

En las últimas semanas los asuntos públicos en donde interviene el Ejecutivo representado en el gobernador, Emilio González Márquez, parecen más ocurrencias que acciones llevadas a cabo después de un concienzudo análisis que permita establecer una estrategia coherente; sorprende a propios y extraños, deja a los actores y a los ciudadanos totalmente desubicados, pendientes de cuál será la nueva sorpresa en su actuar.

 

Guardando todas las proporciones, particularmente por el tema de la violencia que era uso y costumbre en los setentas, el conflicto entre el Gobierno del Estado y el Grupo Universidad sólo tiene un antecedente en cuanto a magnitud en el enfrentamiento entre el gobernador, Flavio Romero de Velasco, y el entonces grupo FEG-Universidad; nunca en la historia moderna del Estado vimos tal campaña de descalificación mutua entre las dos principales instituciones de Jalisco; grandes ríos de tinta y un despliegue publicitario digno de una campaña política dejó estupefactos a los habitantes del Estado; Emilio González parecía decidido a llegar hasta el final para lograr desmembrar la sólida estructura político-administrativa del grupo encabezado por Raúl Padilla López, basta recordar la andanada de argumentos que esgrimían el secretario General de Gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez y el secretario de Promoción Económica, Alonso Ulloa, teniendo como contrincantes al rector del CUCEA, Tonatiuh Bravo Padilla y al diputado Trinidad Padilla López.

 

Todo esto hasta el momento en que algo le pasó al Gobernador y en un acto irracional, por decir lo menos, llega a deshoras de la noche en supuesto estado inconveniente al domicilio particular de Padilla López y hace un desfiguro monumental, con lo que su posición política en el conflicto se vio duramente afectada; razón que lo obligó a pactar una salida pronta, cediendo en la mayoría de las exigencias de los universitarios.

 

Después de todo esto, hace algunas semanas lo vemos visitando la construcción del Centro Cultural Universitario, argumentando que es uno de los proyectos de desarrollo más importantes del Estado, situación con la que podemos coincidir o no, lo irracional es haber criticado al máximo el proyecto y a las pocas semanas decir que es la panacea.

 

Pero las sorpresas no pararon, la semana pasada acudió al informe del rector, Marco Antonio Cortés Guardado, y al día siguiente llegó de manera sorpresiva, acompañado por el propio Rector y Fernando Guzmán a pedirle al Congreso del Estado que le aumenten el monto a su solicitud previa de contratación de un crédito de cinco mil millones de pesos a cinco mil 600 para apoyar los proyectos de la universidad.

 

Otro botón de muestra, presentó una iniciativa al Congreso para modificar el Código Penal para tipificar como delito el que un médico esterilice a una mujer o a un hombre sin su consentimiento, con una redacción confusa que puede dar a la interpretación para que se le prohíba a la mujer decidir cuántos hijos quiere tener sin la aprobación de su cónyuge, con el argumento que se dan las esterilizaciones sin consentimiento; sorpresa, su secretario de Salud, el doctor Alfonso Petersen, afirma que esto no ocurre y que no existe ninguna denuncia con este supuesto.

 

La reflexión de fondo es, en el primer caso, ¿cómo es posible ir del blanco al negro de manera tan pronta?; ¿qué sucedió en este lapso?; es poco creíble que sea un asunto de voluntad, y más bien parece que existe algo de mucho más fondo que saben los universitarios y el resto de nosotros no.

 

En el segundo caso, ¿cómo es posible que el Ejecutivo presente una iniciativa que no está consensada, ni al menos enterada por el Secretario del ramo?; ¿qué necesidad de abrir un debate sin sentido en estos momentos?

 

No lo sé, ni quiero especular, sólo dejo la pregunta: ¿Y dónde está el piloto?

 

E-mail: vicente_viveros@mexico.com