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ALDEA GLOBAL | 100 años del acuerdo Sykes-Picot

ALDEA GLOBAL | 100 años del acuerdo Sykes-Picot

May 21, 2016

Es un lugar común que Medio Oriente es la región más volátil e inestable del mundo. Una de las causas más frecuentes a la cual se le atribuye la fragmentación se debe a que las fronteras fueron diseñadas en la arena con base en zonas de influencia de los países europeos que obtuvieron la victoria en la Primera Guerra Mundial. Dicha división se dio con el acuerdo denominado Sykes—Picot, el cual cumplió 100 años la semana pasada.

El acuerdo político fue negociado de forma secreta entre el 16 y el 19 de mayo de 1916 en el contexto de la Primera Guerra Mundial. El instrumento fue denominado de esa forma por los representantes de Gran Bretaña, Sir Mark Sykes y; Francia, Francois George-Picot. Sin embargo, también participó —aunque con menor influencia— el Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Sazonov.

El acuerdo provee un cambio de perspectiva al que tenían los líderes de Gran Bretaña y Austria en el siglo XIX, con la cual se rehusaron a fragmentar el Imperio Otomano. Esto, dice Kissinger en su emblemático libro Diplomacy, que ocurre por una sencilla razón: las naciones que surgieran socavarían el orden internacional.

A pesar de la intuición de los líderes del equilibrio europeo del siglo XIX, el acuerdo Sykes—Picot, buscó fragmentar el Imperio Otomano en cuatro zonas de influencia para Gran Bretaña, Francia, Italia, Rusia y un territorio protegido internacionalmente.

Conforme al acuerdo, el territorio quedaría «asignado» de la siguiente forma: los británicos se llevarían Basra, Mosul y el sur de Mesopotamia; los franceses se llevarían un bloque al centro del Imperio Otomano, incluyendo Líbano, Siria y Turquía; Rusia se quedaría con Estambul y el ingreso del Mar Negro al Mediterráneo y Armenia; Italia ingresó a la repartición un año después, buscando quedarse una parte de lo que hoy es Turquía; por último, se buscaría que Palestina se convirtiera en un territorio internacional. Al caer el Imperio Otomano en 1918, las líneas se modificaron por el papel turco con Pasha Ataturk y su independencia, pero en gran medida se dividieron en zonas de influencia para los británicos y franceses, primordialmente.

Desde entonces, más allá de la fragmentación con las fronteras en la arena creadas con el acuerdo Sykes—Picot, la región ha seguido el presagio de los líderes británicos y austriacos del siglo XIX.

Hay tres aspectos que son interesantes para analizar el acuerdo Sykes—Picot. Primero, el aparente juego suma cero entre el Estado-nación y las sectas, grupos o milicias. Para entender gran parte del conflicto en Medio Oriente es necesario ver un mapa de la demografía sunita y chiita. Cuando hablamos de las guerras ocultas o a través de terceros como es Siria o Yemen, debemos de tomar en cuenta los bloques demográficos y cómo luchan por su espacio en la región. El Imperio Otomano resolvió este problema con su sistema Millet que permitía una determinada autonomía a las regiones y etnias, pero dando forma a una ficción con un poder centralizado.

 

Desmembrar a Siria

El conflicto en Siria cumplió cinco años en los últimos meses y ha cobrado la vida de casi medio millón de personas, ha desplazado a prácticamente cinco millones de sirios que se encuentran en los Estados vecinos, primordialmente Turquía y Líbano. En la actualidad, la economía de Siria es poco menos de la mitad de lo que era antes de que iniciara el conflicto. Su pérdida cultural es incalculable. El conflicto sirio tiene un cálculo demográfico entre sunitas, chiitas, kurdos y algunas otras minorías (i.e., alawitas, yazidis, entre otros). La fórmula de la radicalización se encuentra en cómo se imponen unos a otros dentro de los Estados-nación.

En Yemen, sur de la región, el conflicto tiene una raíz relativamente similar: es un cálculo entre la asistencia chiita a través de Hezbollah y la asistencia de la coalición árabe al gobierno de disminuido de Yemen.

Segundo, la lucha contra el Estado Islámico. En una entrevista publicada recientemente sobre la Doctrina de Obama (The Atlantic, Abril 2016) señaló que el Estado Islámico le recordó la escena de la película El Caballero de la Noche en la cual el guasón llegó a una reunión con la mafia que tenía repartida la ciudad para imponer el caos. El Estado Islámico en gran medida hizo precisamente eso: acelerar y agudizar los conflictos de carácter étnico-religioso de la región.

Uno de los primeros «logros» que promocionó el Estado Islámico en 2014 fue el rompimiento del acuerdo Sykes—Picot, diluyendo las divisiones de los Estados-nación en un esquema de sectarismo. El control geográfico que tiene el Estado Islámico en la actualidad es más amplio que el de Gran Bretaña. El sello de este grupo terrorista está en que aprovechó los vacíos de poder en los Estados para sembrar la violencia como constante, sin importar límites fronterizos, para aprovechar los temores de los estadistas europeos del siglo XIX.

El problema está en el esquema en el cual los Estados-nación son los encargados de luchar contra el Estado Islámico. Cuando su vitalidad es cuestionable, resulta difícil pensar que cooperarían para resolver un problema que ha evolucionado de esta forma a lo largo de estos años. Por ejemplo, el gobierno de Siria tiene el incentivo de diluir a la oposición antes de degradar al Estado Islámico; mientras que Estados Unidos tiene como elemento no negociable la transición del gobierno sirio. El tablero es amplio y los actores decisivos, de nuevo, son externos a la región.

Finalmente, es importante tomar en cuenta que en los últimos meses se ha discutido la posibilidad de fragmentar nuevamente la región en diversos Estados. Entre las propuestas está reconocer la personalidad de los kurdos que son la minoría más grande sin Estado y subdividir los Estados con una fórmula relativamente similar a la de los Balcanes en los noventa. Es decir, rediseñar el Sykes—Picot para la realidad del siglo XXI. Vulnerar la integridad de los Estados es complejo desde la perspectiva internacional; sin embargo, esto presume dos cosas: (1) hay integridad territorial, demográfica y constitucional que proteger; y (2) una vez dividido, habría un orden creado capaz de sobrevivir los retos de la región. Vaya presupuestos.

A pesar que el acuerdo Sykes—Picot cumplió 100 años, el debate en la región continúa con una perspectiva simple, pero compleja de ejecutar: dividirlo en zonas de influencia. Sin embargo, también tiene cierta vigencia el viejo presagio europeo sobre la región: Medio Oriente socava el orden internacional.