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ALDEA GLOBAL | Candidatos de propuesta, protesta y miedo

ALDEA GLOBAL | Candidatos de propuesta, protesta y miedo

Abr 16, 2016

Las contiendas internas en Estados Unidos están llegando a su clímax rumbo a las convenciones del próximo julio. Además de hacer un énfasis de los tiempos, es importante notar la fragmentación con los actores y su espacio en el espectro político como candidatos en la contienda presidencial.

En un documental denominado «_How to Win an Election»,_ realizado por el New York Times, establecieron la arquitectura en las tácticas por «aire» en la estrategia electoral. En dicho documental entrevistaron a Mark McKinnon, un reconocido estratega de mensaje en las campañas presidenciales de George W. Bush en 2000 y 2004. En el video dice que las campañas políticas son exitosas cuando cuentan una historia que es organizada, simple y que conecta con el elector. Las buenas historias tienen una arquitectura sencilla con cuatro factores: (1) hay un villano o una oportunidad que fue negada, (2) un villano, (3) una resolución y (4) un héroe. Con base en lo anterior, cada campaña va a encontrar un villano o una oportunidad negada para anclar su resolución y proponer a su candidato como el héroe.

En esta coyuntura, la arquitectura propuesta en el video, permiten observar el papel de algunos candidatos como los actores de propuesta, protesta y miedo. Primero, los candidatos de propuesta. Dentro de esta categoría me centro en aquellos que tienen una oportunidad negada en diversos factores: la caída en su capacidad de compra, en nulo aumento de sus salarios en los últimos 20 años, lo costoso de las deudas colegiales, entre otros temas en la mente de los electores. En este segmento, quedan particularmente dos candidatos: John Kasich y Hillary Clinton.

En cualquier medición, para los republicanos el perfil más rentable es John Kasich al brindarles una mayor probabilidad de recuperar la Casa Blanca. Entró a la contienda con un dígito, siendo gobernador de Ohio que es un estado crucial en las generales. En diversas encuestas nacionales, Kasich permite pensar que sería posible una estrategia de 50 estados, a la Reagan. Sin embargo, como mencionaba hace un par de semanas, estos procesos tienen una lógica básica: sin la matemática con los delegados, no logras nada. Hoy Kasich se encuentra en el último lugar a pesar que su campaña no está basada en el nativismo, exclusión, xenofobia, sino en regresarle las oportunidades a los estadounidenses después de un rumbo equivocado en los ocho años de Obama.

Por otro lado, la campaña de Hillary Clinton tiene una arquitectura sencilla: hacer que las oportunidades sean para todos, te coloques al frente y permanezcas al frente. Es evidente que es un planteamiento distinto, considerando que será un referéndum a Obama o, dijeran coloquialmente, un tercer periodo. En su campaña la resolución es continuar lo positivo de Obama —desde la perspectiva de los demócratas— con las minorías, Obamacare o la lucha contra el cambio climático. El problema de Kasich y Clinton es que sufren de ser malos cuentacuentos: son mejores en las políticas públicas que en la política electoral, por decirlo de alguna forma.

Segundo, el candidato de protesta tiene un nombre: Bernie Sanders. En Estados Unidos existe un 99% de la población que se ve afectada por el 1% que controla «el sistema». Ellos son los villanos: los lobos de Wall Street y el «establishment» que recibe dinero de ellos. Entonces, el villano es esa abstracción que nadie conoce realmente, pero muchos le «padecen». En su mensaje, la resolución es escindir a los grandes bancos, porque no son inmunes a la quiebra; una reforma al sistema político para que los poderosos no influyan en los procesos electorales, sino que lo hagan los cientos de miles de contribuyentes que donan en promedio $27 dólares. ¿Quién podrá salvarlos? Sanders, ya que es un candidato que no recibe donaciones de Wall Street o las grandes corporaciones; un candidato que, como dicen, no es controlado por los intereses del 1%. El problema de Sanders llega a su punto de quiebre cuando le pides un simple «cómo» para lograr sus propuestas. En una reciente participación con la mesa editorial del New York Daily News dejó en claro que no es un candidato que le ocupe explicar, sino señalar; acercar la brecha entre la izquierda y el «_mainstream»._ Bajo esta lógica, su campaña ha sido sumamente exitosa.

Tercero, los candidatos del miedo. Aquí hay dos candidatos que quiero mencionar: Trump y Cruz. El señor Trump es un personaje que debió haber sufrido su inconsistencia desde hace mucho tiempo. Se origina como un candidato de protesta ante la desvinculación de la cúpula republicana con su base (hay entidades en las que casi seis de cada diez republicanos se sienten traicionados por las cúpulas). Sin embargo, su campaña tomó un giro distinto. Los estadounidenses son víctimas de la inseguridad que les ocasiona la presencia de los mexicanos «ilegales» que traen drogas, crimen y violaciones a sus calles; son quienes les quitan el empleo a los ineficientes productores a causa del libre comercio. La resolución: levantar el muro que van a pagar los mexicanos y, de no hacerlo, bloquear las remesas. ¿El héroe? El Donald, quien en cada seis palabras en una oración usa la palabra «grandioso», porque lograría «un mejor trato» que los demás y, para muestra, vean sus millones. Por ello, en la columna de la semana pasada afirmé que el principal problema desde la perspectiva de la relación bilateral México-Estados Unidos es la caracterización cultural y la tracción que genera.

El caso de Ted Cruz no es menos preocupante. Es un tipo consumido por la ideología. Dice mucho que sea hijo de cubanos, nacido en Canadá y que rechace un camino a la regularización a 11 millones de migrantes indocumentados. Las víctimas son todos los estadounidenses afectados por un gobierno que les quita la libertad a través del Internal Revenue_ Service —análogo del SAT en México—, las regulaciones ambientales, etcétera. La resolución es hacer al gobierno pequeño y quién mejor que Cruz para hacerlo.

A lo largo del espectro político, observamos que el tablero incluye candidatos centrados en diagnosticar y proponer soluciones; candidatos centrados en diagnosticar e idealizar, con bajas probabilidades de lograr el cambio, pero moldear el debate; y, por último, candidatos que simplemente implantan el miedo en el proceso político. En los próximos días observaremos cómo moldean su narrativa al buscar el triunfo en entidades como Nueva York, California, Pennsylvania, entre otras fundamentales para alcanzar la victoria.