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ALDEA GLOBAL | Cinco puntos de la convención republicana

ALDEA GLOBAL | Cinco puntos de la convención republicana

Jul 23, 2016

Después de la Convención Republicana, les comparto cinco conclusiones.

Primero, la conducción de la convención fue un desastre, no hay otra forma de decirlo. En relativa defensa de Reince Priebus, presidente del RNC, y de Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes y de la Convención, el partido ya venía destrozado. Uno de los mayores desperdicios fue la programación en prime time. En el primer día, Melania Trump ocupó el espacio estelar para ser la telonera de Joni Ernst, uno de los perfiles más populares del Partido Republicano, quien por hablar a las 11 pm, se dirigió a un auditorio semivacío.

Segundo, el circo de la unidad. El primer día arrancó con una petición de los opositores de Trump para cambiar las reglas y liberar los votos comprometidos a favor del neoyorquino. Esto hubiera permitido una convención abierta. De los 16 contrincantes de Trump, únicamente Chris Christie y Ben Carson dieron su apoyo incondicional. Scott Walker y Marco Rubio pidieron el apoyo de forma velada, el primero de forma presencial y el segundo con un video. Quien se llevó los reflectores fue Ted Cruz. Para muchos, su discurso fue un simple berrinche; para otros, reflejó congruencia. Con un matiz originalista y conservador, pidió a los electores que «votaran en conciencia» por quien representaba esos principios. Con eso, abrió la puerta al voto por alguien que no sea Trump. En control de daños, Newt Gingrinch trató de enmendar la plana y Trump buscó salir a la tribuna para robar los reflectores. El daño estaba hecho.

Tercero, es más fácil pedir no votar por Hillary Clinton que pedir el voto por Trump. El punto focal de los republicanos fue «encierren a Hillary». Únicamente su familia y socios de antaño hablaron favorablemente. La oportunidad que brindan las Convenciones es trascender la narrativa interna y pivotear a la general, dando razones claras que le permitan a los electores conectar con la idea de Trump como presidente. Este espacio, para fortuna de muchos, es un problema de los republicanos.

Cuarto, la familia de Trump. Más allá del magno error con el plagio de Melania, su familia se consolida como uno de los mayores activos. Donald es un animal de ratings, como dice León Krauze, pero algunos en su familia son mejores oradores que él. Incluso, el discurso de Ivanka fue el único enfocado en la general, dirigido principalmente a mujeres, segmento adverso para su padre.

Cinco, el discurso de Trump. Fue su primer discurso como candidato republicano y mantuvo la misma narrativa. ¿Funcionará con un electorado más diverso? Lo dudo. Lo lógico era que buscara persuadir nuevos electores, dejando atrás el nativismo. Sin embargo, como ya es costumbre con Trump, apostó su todo por el miedo. Para los que hacen malas comparaciones con Nixon o Reagan —sobre todo el último—, los dos hicieron de su campaña un espacio de esperanza. Con Reagan, era un nuevo amanecer en Estados Unidos; con Trump, parece es la pesadilla de la que buscan despertar. La diferencia es mucha. El miedo a lo diferente es su sello. En un país plural y de puentes, propone muros. Más allá de lo absurdo de la propuesta como política pública, es una idea que da cabida a lo más oscuro de Estados Unidos. Como ejemplo, David Duke, exlíder del KKK, anunció el viernes que buscaría ser senador después de decir que los judíos fueron responsables del plagio de Melania Trump. Además de lo racista y xenófobo, no hubo un solo cómo en su discurso, únicamente el autoelogio de decir que «solo yo conozco al sistema». El Estado soy yo.

En fin, el partido de Lincoln es hoy el partido de Trump. Nunca pensé escribir eso.

jasalinasm@gmail.com
@salinasja