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ALDEA GLOBAL ¿Comercio 4.0?

ALDEA GLOBAL ¿Comercio 4.0?

Jun 27, 2015

El Congreso de los Estados Unidos aprobó un paquete de iniciativas que le permiten al Ejecutivo continuar negociando los denominados acuerdos comerciales del siglo XXI, abriendo la posibilidad de consolidar una nueva fase en el comercio a nivel global.

Después de una dura batalla de Barack Obama contra su mismo partido en esta materia, el Congreso aprobó un paquete de iniciativas fundado en dos pilares: (1) Trade Promotion Authority (TPA) y, (2) Trade Adjustment Assistant Act (TAA). El primero autoriza al Ejecutivo la negociación de un acuerdo comercial y su aprobación en un sentido negativo o positivo, sin negociaciones en el Congreso. Esta facultad anteriormente se le denominaba fast track y existió de forma previa a casi todos los acuerdos comerciales de los que Estados Unidos es parte. El segundo le permite al Ejecutivo asignar asistencia económica a los sectores afectados por los acuerdos comerciales.

Tanto el TPA como el TAA tienen dos consideraciones que vale la pena analizar. Primero, abre la posibilidad a una nueva fase comercial. En 1944 se negociaron las denominadas «instituciones de Bretton Woods» que entraron en vigor en 1947, las cuales son el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y, aunque no es una organización, el Acuerdo Comercial sobre Aranceles y Tarifas (mejor conocido como GATT, por sus siglas en inglés). Lo que hoy conocemos como la Organización Mundial del Comercio (OMC) fue planteada desde ese momento; sin embargo, era probable que el Senado estadounidense rechazara una institución internacional que obligara jurídicamente a Estados Unidos la reducción de barreras comerciales. Ante la imposibilidad de obtener los votos al final de la guerra, se estableció una primera fase con el GATT que es el acuerdo marco, por así decirlo, en materia comercial de bienes.

Cuarenta años más tarde, se estimó que las barreras globales se redujeron del 30% al 5% y la membresía dentro del régimen jurídico del GATT se incrementó a 123 miembros a principios de los 80. Entre otros logros de las rondas en estas cuatro décadas fue la inclusión de los servicios y la plataforma para la Ronda Uruguay que establece la segunda fase comercial.

Las negociaciones para la OMC fueron arduas, particularmente por la necesidad de seducir al Congreso estadounidense para que aprobara el ingreso y comenzara la negociación sobre la Sección 301, del Trade Act de 1974, mejor conocido por ser el fundamento jurídico para sancionar unilateralmente con tarifas a sus adversarios comerciales.

El costo de ésta para negociar esta disposición fue establecer un mecanismo de resolución de conflictos en la OMC que permitió la creación del Órgano de Solución de Diferencias (DSB, por sus siglas en inglés). Con esto, la OMC estableció el marco normativo para la comunidad internacional.

Una tercera y casi paralela fase comenzó con una serie de tratados de libre comercio (TLC) bilaterales, regionales y plurilaterales que permiten una reducción mayor en el sistema comercial, entre los cuales entra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Desde este momento, la proliferación de estos acuerdos más pequeños, para más eficaces en el ámbito comercial tuvieron como prioridad elevar los estándares con un enfoque de abajo hacia arriba; es decir, si Estados Unidos, México y Canadá reducen sus tarifas y elevan sus estándares en bienes y servicios, cualquier otro Estado que busque profundizar su relación comercial con ellos tendrá que elevarse a sus estándares y reducir las tarifas cuando menos a lo propuesto por este bloque del NAFTA.

Con estos antecedentes, podemos hablar que las iniciativas aprobadas por el Congreso estadounidense abren la posibilidad a una nueva fase comercial con el Acuerdo Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) y el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés).

Segundo, la aprobación deja una deuda desde la perspectiva norteamericana. Un número importante de voces en Estados Unidos continúan desdeñando llevar al siguiente nivel la relación con Canadá y México. (Particularmente con nosotros y, si usted se pregunta, no, no estoy hablando de Donald Trump). Sin embargo, la realidad para Estados Unidos es apremiante en cuanto al liderazgo económico, ya que las predicciones sobre su caída como principal potencia en este rubro se darán en una ventana de tiempo no mayor a diez años (aproximadamente al 2025).

¿Cómo juegan Canadá y México dentro del tablero con el TTIP y el TPP? Por ejemplo, si analizamos el primer caso, México ya firmó un acuerdo comercial con la Unión Europea desde el 2000 sobre bienes, faltaría profundizar la integración en materia de inversiones. Por otro lado, Canadá se encuentra en negociaciones con la Unión Europea y se espera que su acuerdo sea concluido durante el próximo mes de septiembre.

En cuanto al TPP es un caso más interesante, porque Canadá es parte de las negociaciones y México; sin embargo, en nuestro caso, además de ser parte de las negociaciones, somos líderes en un «club» más pequeño con la Alianza del Pacífico que elimina aranceles para el 90% de los bienes que, según datos de la OMC, en el 2012 representaron el 35% del PIB y el 50% del comercio exterior en América Latina.

La pregunta para Estados Unidos es, ¿podrá competir post 2025? La respuesta es sí y sólo si supera su visión unilateral que permita un enfoque norteamericano en lugar de uno puramente estadounidense, de lo contrario, China comandaría en esta materia.

Para hablar de una nueva Norteamérica es necesario una profunda revisión a nivel regional en diversos temas, como migración, educación, telecomunicaciones, en materia energética y medio ambiente, entre otras (para nosotros es fundamental el fortalecimiento de nuestro Estado de Derecho).

Ante esto, ¿por qué no utilizar el TLCAN como el acuerdo marco que nos permita negociar como bloque? La respuesta es simple: miopía de algunos representantes estadounidenses y, también, en gran medida, mexicanos. ¿Cuántas semanas tenemos ya sin embajador en Estados Unidos? Además de ello, es necesario analizar y debatir institucionalmente el impacto que tendría el TPP para México y, de ser requerido, cómo podríamos comenzar a fortalecer industrias que hoy pueden ser clave, pero no cuentan con una ventaja comparativa a nivel internacional.

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@salinasja