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ALDEA GLOBAL | El Acuerdo Comercial del Siglo XXI (Parte 1)

ALDEA GLOBAL | El Acuerdo Comercial del Siglo XXI (Parte 1)

Oct 17, 2015

Después de años de especulación sobre el primer acuerdo comercial del siglo XXI, el pasado 4 de octubre, los representantes de los doce estados en la negociación concluyeron texto sobre el Acuerdo Asociación Transpacífico (TPP). Es el instrumento comercial más ambicioso de los últimos 20 años y será el marco estratégico de la región Asia-Pacífico.

En el 2006 entró en vigor el tratado original denominado Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica entre Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur. En el 2008 Estados Unidos solicita su adhesión al régimen vigente y, una vez admitido, abrir la ronda de negociaciones para negociar un nuevo tratado más profundo que sería conocido al tiempo como el TPP. Desde su origen, la lógica del acuerdo fue ir un paso más delante del régimen comercial y aumentar los niveles propuestos en la Ronda de Uruguay y la Ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Desde ese año y hasta la fecha, se sumaron un total de doce Estados a la negociación: Australia, Brunei Darussalam, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malaysia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, y Vietnam.

Quiero abordar desde dos ópticas el TPP. Por un lado, el contenido y sus retos y, por otro, el valor estratégico del TPP. (En cuanto al contenido, por la extensión y ambición, lo fragmentaremos en dos partes.) Según Kal Raustiala, en todo tratado se discute su forma, sustancia y estructura. La forma es la variable que habla sobre si es un tratado y crea obligaciones jurídicas o es un pacto y únicamente genera obligaciones políticas. La sustancia habla de la profundidad de las obligaciones: si demanda cambios internos de los países, son profundas; si no demanda muchos cambios internos, son superficiales. La estructura gira en torno a la creación de comités que monitoreen la ejecución del acuerdo o tribunales que interpreten las obligaciones del régimen jurídico. Bajo esta lógica, el TPP es un _tratado y crea obligaciones jurídicas; demanda cambios profundos para algunos países en el comercio de bienes, servicios e inversión (entre ellos, México); y crea una estructura con comités y un mecanismo de resolución de conflictos.

El TPP es una buena noticia, pero para México como país en vías de desarrollo, no hay que aventurarnos sobre sus beneficios en el corto y mediano plazo. A pesar que no conocemos al día de hoy su contenido exacto, sí tenemos un esbozo de sus 30 capítulos (puede ser analizado en el Council on Foreign Relations). Veamos algunos puntos fundamentales de su contenido. Primero, sus disposiciones generales y principios. A lo largo de los capítulos nos damos cuenta que construye sobre los principios fundamentales de la OMC, como son: (1) nación más favorecida (NMF), (2) trato nacional (TN) y (3) estándar de trato mínimo (ETM). La lógica, sobre todo, es la coexistencia con otros regímenes comerciales, como lo son la OMC, NAFTA o la Alianza del Pacífico y profundizar la integración con sus principios básicos. Además, se coloca especial énfasis en la cooperación internacional entre los países desarrollados y no desarrollados, la transparencia como eje rector de los gobiernos, integración y coherencia regulatoria. Todos los trámites oficiales y operaciones gubernamentales como adquisiciones, tendrán que ser bajo el criterio más amplio de publicidad (capítulos 5, 7, 15, 16, 21–26).

Segundo, en el capítulo de bienes (capítulo 2) hay dos puntos que pueden ser fundamentales para México: industria, agricultura y textiles. Son áreas amplísimas que desde la entrada en vigor del NAFTA nos hemos percatado que México no tiene en toda la extensión una ventaja comparativa; es decir, va a costarnos empleos y debemos ajustarnos a tiempo. Para la industria se establece un criterio de empleos técnicos (high skill jobs) que deberán de ser privilegiados. Dependiendo el giro, provee un beneficio evidente para Estados Unidos, Canadá, Singapur, Japón, Australia o Nueva Zelanda. En cuanto a la agricultura, seguramente habrá candados importantes para subsidios y un enfoque prioritario al uso de nuevas tecnologías para su desarrollo. Nuevamente en esta área, Estados Unidos tendría una ventaja comparativa. En cuanto al apartado de textiles (capítulo 3) se incorporan reglas de origen para que los productos finales obtengan los beneficios siempre y cuando sean sustancialmente producidos en uno de los países del TPP. En estos capítulos, la mayoría de las tarifas se deben reducir inmediatamente de su entrada en vigor.

Tercero, las inversiones entre los Estados y servicios financieros. Además de incorporar los principios de nación más favorecida, trato nacional y estándar de trato mínimo (se denominan igual, pero tienen un contenido ligeramente distinto en materia de inversión que en el área comercial), se incorpora una prohibición a la expropiación, salvo que sea de utilidad pública, siga el debido proceso y medie compensación. Para efectos de las disputas en materia de inversión, se considera la posibilidad de establecer un mecanismo de arbitraje con reglas estandarizadas (ICSID).

Cuarto, las políticas de competencia. Dentro del TPP hay apartados enfocados en el gobierno que va a ser importante analizar su contenido y la vigencia de nuestra normatividad (y su implementación). Por ejemplo, habrá especial cuidado en las adquisiciones gubernamentales para que no se discrimine entre bienes o servicios nacionales y los extranjeros (principio de trato nacional). Este tipo de normatividad la encontramos desde el GATT, pero con la incorporación de estándares de transparencia y con la posibilidad de un mecanismo de resolución de disputas. Este apartado también aplicará para las empresas del Estado (capítulo 17) que, por cierto, se especula estarán sujetas a la jurisdicción doméstica de los países del TPP cuando tengan inversiones o actividad comercial con ellos. Esto es particularmente interesante para ciertos países que no reconocen la jurisdicción en estas condiciones.

Quinto, las medidas correctivas y de protección. El uso de subsidios y medidas correctivas como salvaguardas deberán ser utilizadas con transparencia y durante periodos limitados de transición. A diferencia de la normatividad vigente, se espera tengan un estándar más alto para su aplicación a casos concretos.

En la próxima Aldea Global concluiremos el contenido y analizaremos un poco de su valor estratégico. Mientras tanto, ¿usted qué piensa?

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@salinasja