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ALDEA GLOBAL | El error de Trump

ALDEA GLOBAL | El error de Trump

Dec 10, 2016

En una llamada sin precedentes con la presidente de Taiwán, Donald Trump marcó el tono que tendrá su administración respecto a la relación chino-estadounidense. Hasta el momento es difícil observar la llamada como parte de una estrategia para avanzar sus intereses, haciendo evidente la falta de preparación y la necesidad de un Secretario de Estado experimentado para controlar las ocurrencias que emanan de la Torre Trump.

Antes que nada, es importante colocar la llamada en el contexto histórico. Desde principios de los setenta, Henry Kissinger fue el arquitecto de un cambio estratégico en la relación chino-estadounidense que se consolidó con la visita del presidente Nixon y la adopción del Comunicado de Shanghái en 1972. Dicho instrumento reconocía formalmente a la República Popular de China.

Años más adelante, con el Comunicado de 1979, se estableció la relación formal entre la República Popular de China y Estados Unidos. Esto debido a que se reconoció a Taiwán como parte de China. Desde este momento, ningún presidente estadounidense sostuvo comunicaciones con un líder taiwanés, consolidando lo que se denomina como la política de una China. Anteriormente, el gobierno reconocido era el correspondiente a la República de China (sin el «popular» y mejor conocido como Taiwán), el cual se conformó en la isla después de perder la guerra civil.

Ahora bien, Trump, como presidente electo, tiene una amplia cantidad de llamadas para felicitarlo por su triunfo. Los equipos de transición generalmente establecen listas prioritarias con aquellas llamadas que se devuelven. Originalmente, se publicó en medios de comunicación que Trump sostuvo una llamada telefónica con la presidente de Taiwán. Después de los cuestionamientos, el neoyorquino publicó en Twitter que «la presidente de Taiwán le llamó a él para felicitarlo». A lo cual le mereció un «¡gracias!». Al día siguiente, el Washington Post publicó que la llamada fue planeada y era parte del cambio de «estrategia» que plantea la administración de Trump. Después de la publicación del Post, Trump tuiteó que no necesita permiso de China para hablar con la presidente, así como China no pidió permiso para construir las islas artificiales en el Mar del Sur de China. Más allá del alimento del ego del presidente electo, es un acto que podría tener amplísimas ramificaciones.

Primero que nada, es fundamental recordar que aún hay un presidente en funciones y no es Trump. Posteriormente, se le reconoce como «presidente», desdeñando la política bipartidista de una China. Por último, debe pensarse que es parte de una «estrategia» que «existe» en el equipo de Trump. Aún no define quién será el Secretario de Estado y ya hay «estrategias» de este tipo.

Ante los tuits y ola de notas en los medios estadounidenses, particularmente la cobertura del Post, los chinos respondieron a través de sus publicaciones oficiales que la isla era un interés esencial para ellos. Dicho de otra forma: no se metan.

La pregunta esencial es, ¿qué gana Estados Unidos? Muy poco, por no decir nada. De hecho, desde que Trump se pronunció en contra del Acuerdo Asociación Transpacífico (TPP), se diluyó el liderazgo estadounidense con los once socios firmantes en el Pacífico y sobre todo, la estrategia de contrapeso a China.

En los últimos días hemos observado que China apuesta por el fortalecimiento de su liderazgo como superpotencia. Sus inversiones, su presencia en foros y el halago al secretario general de las Naciones Unidas y la participación de Xi Jinping el próximo enero en Davos, nos dicen que la «estrategia» estadounidense de Trump está lejos de contener la caída del siglo americano.

jasalinasm@gmail.com

@salinasja