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ALDEA GLOBAL: El referéndum escocés (parte 1)

ALDEA GLOBAL: El referéndum escocés (parte 1)

Sep 20, 2014

«En cuanto a su política monetaria, hubiera sido necesario definir qué hubiera pasado con la libra esterlina: los escoceses querían la moneda, los británicos amenazaban con restringirla. Esto colocaba a Escocia en un escenario muy complejo a nivel económico y la predicción de los economistas era una tendencia a la dependencia de la unión en un futuro no muy lejano».

El referéndum sobre la independencia de Escocia dominó el escenario internacional en los últimos días. El resultado fue claro: Escocia es y seguirá siendo parte del Reino Unido (55% a 45%, con una participación del 84.59% de una lista nominal de 4.3 millones). Podemos abordar el ejercicio y analizarlo desde diversas ópticas. Sin embargo, quiero detenerme en un breve análisis de la sucesión de Estados y dividirlo en dos partes ¿qué hubiera pasado en el caso de lograr la independencia? (parte uno) y ¿cuáles son los resultados de permanecer en la unión? (parte dos).

El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte es un Estado integrado por cuatro naciones. Se creó por medio de un acuerdo denominado Tratado de la Unión ratificado 1709 entre Escocia e Inglaterra. Los movimientos independentistas no son nuevos en el Reino Unido: Escocia no es el primero en intentarlo y no es la primera vez que lo hace. Por un lado, el antecedente más cercano de secesión en la unión fue Irlanda que obligó una reforma constitucional en 1922 para quedar con los cuatro miembros actuales. Por otro lado, el movimiento independentista en Escocia tiene varios años, el referéndum llevado a cabo el pasado 19 de septiembre fue el tercer intento de salirse de la unión después de los realizados en 1979 y 1997.

A pesar de conocer el resultado, les invito a jugar con el hipotético del «Sí» para entender someramente lo que estaba en juego y la complejidad en un caso de sucesión y la reforma de un Estado. En el supuesto que el «Sí» hubiera ganado y Escocia estuviese rumbo a la independencia sería necesario resolver conflictos a nivel doméstico e internacional.

A nivel doméstico, es necesario primeramente verificar la existencia de un mecanismo en el derecho vigente para disolver la unión; si existe, analizar su aplicabilidad y el fundamento para proceder a un periodo de transición rumbo a la independencia. Aquí comienza con un nuevo nivel de complejidad: el Tratado de la Unión da una limitada certeza jurídica sobre el proceso; por ello, el andamiaje jurídico se hubiera basado en precedentes y principios para guiar el proceso.

De entrada, sería necesario adoptar una legislación que permita crear un periodo de transición que resuelva cuestiones tan básicas como: ¿qué pasaría con los asientos que tiene Escocia en el parlamento desde la votación hasta que se haga efectivo el referéndum en 2016? ¿Cómo dividir los bienes? ¿Qué pasaría con el armamento nuclear de Reino Unido que se ubica en Escocia? ¿Qué moneda utilizar? A la primera pregunta, la propuesta en la mesa era un periodo de transición para que permanecieran en el cargo los escoceses que ocupan los 16 asientos en la Cámara de los Lores y los 45 Miembros del Parlamento hasta que entrara en vigor la independencia en marzo del 2016. Una vez concluido el periodo de transición, el gobierno escocés tendría todos los derechos y obligaciones de un Estado-nación.

En cuanto a los bienes se tenían dos puntos esenciales: el petróleo en el mar del norte y la base naval en Faslane. Los criterios para distribuir los recursos existentes en cuanto a reservas petroleras, por razón territorial, correspondían primordialmente a Escocia. Sin embargo, un porcentaje de reservas petroleras sí podían ser aseguradas para el Reino Unido utilizando un criterio de población y territorio: ¿cuántas personas gobernaría cada Estado y en cuánto territorio?

Bajo este criterio, Reino Unido gobernaría a un 92% de la población actual y en un 68% del territorio actual. Además, la autoridad que otorga las licencias/concesiones es Reino Unido, por ende, habría que negociarlas a pesar que territorialmente la soberanía de los recursos naturales le correspondería a Escocia. De la misma forma se pudo haber determinado el resto de reservas monetarias y otros bienes de la unión. En cuanto al armamento nuclear está en territorio escocés y parte de la campaña independentista sugería que se retirara de su territorio, obligando al Reino Unido a buscar un nuevo espacio para ello, con toda la logística que implica.

Por último, en cuanto a su política monetaria, hubiera sido necesario definir qué hubiera pasado con la libra esterlina: los escoceses querían la moneda, los británicos amenazaban con restringirla. Esto colocaba a Escocia en un escenario muy complejo a nivel económico y la predicción de los economistas era una tendencia a la dependencia de la unión en un futuro no muy lejano. (Bueno, ¿cuándo tan probable es que acierten los economistas? Sin agravio a ellos, claro está.) Paul Krugman publicó en su columna hace un par de días que de lograr la independencia, Escocia quedaría en uno de los peores escenarios: con la crisis de la economía española, pero sin su sol y buen clima (New York Times, Scots, WhattheHeck, 7 de septiembre de 2014.)

A nivel internacional las dudas no son menores. La membresía en organizaciones internacionales hubiera sido necesario establecerla mediante un proceso de sucesión de Estados. Existen dos modalidades en el derecho internacional: la disolución y la separación y continuación. En el caso concreto, Reino Unido permanecería como el Estado que «continúa» y Escocia el que se «separa y sucede». Bajo este criterio, implica que Reino Unido permanecería con todos los derechos a nivel internacional, reconociéndole la comunidad internacional esta categoría. Entre las membresías que podemos destacar se encuentra su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; su rol como aliado norteamericano en la OTAN; la fortaleza política en la Unión Europea; y otros foros menores, pero relevantes como el G7 o G20; ser parte en diversos tratados comerciales, entre otros «beneficios». Aunque Escocia pudiera aplicar a alguno de estos foros e ingresar a alguno de los regímenes jurídicos, le sería imposible gozar de la posición política que tiene Reino Unido.

De la misma forma, pudiera festejar de forma un poco aventurada el éxito en el ejercicio del derecho a la libre determinación de los pueblos, vigente en el derecho internacional desde hace casi cien años, a pesar de que Escocia no provenga de un contexto de colonialismo.

El ejercicio de dicho derecho pudiera ser la punta de lanza para otros casos como Cataluña o los casos en el este de Ucrania que, a diferencia de Reino Unido, tendrán que pasar un filtro de control constitucional, como en su momento dio su opinión la Suprema Corte de Justicia de Canadá sobre la secesión de Quebec.

La próxima semana estaremos discutiendo los efectos del resultado del referéndum en el segundo caso (real) y el proceso de «devolución» que se dará en los próximos meses.