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ALDEA GLOBAL | El último debate

ALDEA GLOBAL | El último debate

Oct 22, 2016

La semana pasada se llevó a cabo el tercer y último debate entre candidatos a la presidencia de los Estados Unidos. Las campañas llegan a su última etapa rumbo a la prueba final: el 8 de noviembre.

Las encuestas previas al debate indicaban que Hillary Clinton llegó con una amplia ventaja sobre su rival, Donald Trump. Algunas de ellas marcaron hasta 9 puntos de diferencia. Ante esta realidad, el tercer debate era la última oportunidad en televisión nacional de confrontar las visiones y acercarse a los electores para ampliar la coalición en los últimos días de campaña.

Para Hillary Clinton, el tercer debate era parte de la estrategia para consolidar su ventaja y mantener la coalición de Obama en el 2012, además de sumar Carolina del Norte y poner en juego a Arizona. Los demócratas no han obtenido una victoria en Arizona desde Bill Clinton.

En cambio, como lo hemos discutido en los últimos meses, Trump enfrenta una matemática adversa con el electorado. Como dice Axelrod, la demografía es prácticamente destino en política. Sin embargo, el tercer debate era su oportunidad para motivar a la base del partido republicano —no solo a su 50%— para que regresen votos a su terreno y cerrar la brecha en cada cruce de la demografía con: mujeres, personas que cuenten con educación universitaria y minorías.

Bajo esta perspectiva, Hillary Clinton preparó un debate casi perfecto. Colocó los temas de su agenda al centro de la discusión, permitiendo un contraste con el neoyorquino. Sin embargo, lo más importante de su preparación es que ocasionó un cortocircuito en su adversario y no escatimó al utilizar los expedientes de oposición. Ella ampliaba su ventaja en cada segmento porque Trump perdía electores.

El candidato republicano cometió dos errores garrafales. Primero, el distanciamiento con el partido republicano. La fractura es evidente y, por si fuera poco, Trump lo recordó en el debate en dos momentos. Por un lado, señaló que la campaña podía ser fraudulenta. El problema de esta acusación es que la elección es organizada por los gobiernos locales, con los cuales el GOP tiene la mayoría. Denunciar el proceso es un autogol. De hecho, incluso en la propia boleta y hogar se demostraron diferencias: Mike Pence, candidato a Vicepresidente e, Ivanka Trump, hija del candidato, señalaron que el republicano aceptaría los resultados en contra de las afirmaciones que se realizaron en el debate. Además de lo anterior, es importante no perder de vista cómo el moderador pone en contexto e incrementa la complejidad de la confrontación al responder que «los dejaría en suspenso» sobre si aceptaría la transición pacífica de poder, parte del sello estadounidense. En este mismo sentido, Trump atacó a una de las leyendas de la política estadounidense y emblemas del partido republicano: Ronald Reagan. La receta para evidenciar la fractura del GOP.

Segundo, la falta de sensibilidad. Durante los dos minutos en los que Clinton explicaba su propuesta de reforma al sistema de salud pública, Donald la interrumpe y dice: «mujer desagradable». Este fue un regalo a Clinton. El mensaje coloca un techo e imposibilita ganar electores —recuerda cada insulto a mujeres, personas con discapacidad y veteranos. Esa frase es la radiografía que permite a muchos ratificar que un hombre como él no puede llegar a la oficina más importante de los Estados Unidos.

Más que observar el debate como un evento aislado, vale la pena analizarlo como parte del proceso y la estrategia de las campañas. Esto nos permitiría señalar que Hillary salió con ventaja del último debate y Trump sigue pagando el precio de su falta de preparación.

jasalinasm@gmail.com
@salinasja