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ALDEA GLOBAL | Entre muros y puentes

ALDEA GLOBAL | Entre muros y puentes

Abr 9, 2016

La conversación política en diversas partes del mundo gira alrededor de construir muros o puentes. A pesar que nuestra época está plagada de puentes, la disyuntiva nos permite observar cómo la idea de los muros se alimenta de los miedos del presente. No son las barreras físicas las que preocupan, sino las que impiden el diálogo en el ser con el otro.

Hace casi 30 años, en un emblemático discurso, Ronald Reagan le dijo a su contraparte soviético «¡derrumba este muro!». Este momento en la historia, más que dar fin a un aspecto material, permitió consolidar la competencia política en una lógica de puentes, no de barreras. Hoy, en este mismo sentido, retomamos a lo largo y ancho del orbe el debate de construir barreras físicas, pero sobre todo, barreras ideológicas que nos cierran a la realidad.

En Europa, el debate está enfocado en el control de los refugiados que llegan de diversas partes del mundo, particularmente de Medio Oriente. La crisis, por cuantía, puso en evidencia la fragilidad de la zona Schengen para el flujo de personas. Si hay una lección europea del siglo XX es no darle la espalda a los refugiados. Ese es su muro, reflejado en la tentación de fragmentar las políticas de asilo entre diversos países europeos. Su puente fue propuesto con Ángela Merkel, pero en una coyuntura de fragilidad, la supervivencia política limita el coraje de lo correcto.

En Norteamérica tenemos un debate muy similar dominado por el proceso electoral estadounidense. En prácticamente todo el espectro político se promueve la construcción de muros, ya sea en su aspecto físico en la frontera sur, cultural o en el aspecto económico que ha unido a las tres naciones desde el 1 de enero de 1994 que entró en vigor el TLCAN.

Frecuentemente nos centramos en los comentarios racistas, xenófobos y estultos del señor Trump. Al inicio de su campaña, el Donald afirmó que los mexicanos son violadores que traen drogas y crimen a su país. Amén que en los datos duros no hay un solo elemento que permita fundamentar su posición, vamos a asumir momentáneamente que fuera cierto, ¿qué propone como solución? Un vestigio del siglo XVII para un contexto de globalización. Sin embargo, ahí no está el problema del planteamiento: la batalla sobre la caracterización de Trump es cultural, no en el muro en sí mismo. Hace algunas semanas en un partido de basquetbol de preparatoria, al equipo en el que jugaban hispanos les comenzaron a gritar «Trump, Trump, Trump».

Por otro lado, según Trump, el muro lo pagarán los mexicanos por tener un déficit comercial poco superior a los 58 mil millones de dólares. Sin embargo, aquí hay otro elemento preocupante que no se limita al nieto de migrantes alemanes: el ataque a la relación comercial. Entre México y Estados Unidos se intercambian poco más de mil millones de dólares diarios. Prácticamente 26 entidades federativas de Estados Unidos tienen a México como su primer o segundo socio comercial. Poco más de seis millones de empleos en Estados Unidos están íntimamente vinculados a la relación comercial con México. Sin embargo, a pesar de esta realidad, podemos observar que desde el extremo político en la izquierda con Bernie Sanders hasta la derecha con Ted Cruz,existe un mensaje aislacionista en materia comercial. Gran parte de la estrategia que permitió a Reagan dar su emblemático discurso, fue consolidar muchos puentes en forma de acuerdos comerciales.

En el otro lado de la disyuntiva, encontramos la edificación de puentes, particularmente con la visita de Obama a Cuba. Esta fue consecuencia de una política que comenzó desde el inicio de su administración en 2009 con la primera suspensión y desregulación al embargo para permitir el flujo de remesas y la unión familiar a los cubanos en territorio estadounidense. En 2011 se flexibilizó aún más con el libre flujo de información para sentar las bases del anuncio bilateral del pasado 17 de diciembre del 2014 sobre el restablecimiento formal de las relaciones diplomáticas. En el programa de trabajo inicial entre los dos países se estipularon las siguientes prioridades: (1) el restablecimiento diplomático e intercambio de embajadas para avanzar en diversos temas como: salud, migración, contraterrorismo, lucha contra el tráfico de drogas y, la respuesta a desastres; (2) el intercambio de presos; (3) replanteamiento para la movilidad de personas; y (4) apertura financiera.

En una primera instancia, el gobierno de Obama dio un paso más en el levantamiento del embargo al facilitar los viajes a la isla, aumentar el límite de remesas de $500.00 a $2,000.00 dólares e ilimitado para fines humanitarios, permitir a las instituciones financieras abrir cuentas en Cuba, facilitar transacciones con cubanos, fuera del territorio cubano, utilizar tarjetas de débito y crédito de instituciones estadounidenses y, por último, permitir la importación de productos permitidos que hubieran sido adquiridos en viajes.

En una segunda instancia, se dio la reapertura de las embajadas y se izaron las banderas en una visita del Secretario de Estado, John Kerry. Este acto se consolida con la visita de Obama que tuvo un objetivo claro: fomentar la democracia de la isla a través del diálogo. Se dieron algunos momentos emblemáticos que vale la pena destacar. Primero, la rueda de prensa conjunta en el Palacio de la Revolución. Este acto se lo llevó una pregunta que le hicieron a Castro sobre los presos políticos en la que respondió: ¿cuáles son los nombres de los presos y hoy quedan liberados? Fue curioso conocer que Obama personalmente pudo haber fomentado esa pregunta en la rueda de prensa. Segundo, el discurso de Obama en el Gran Teatro de La Habana. El presidente estadounidense insistió que la democracia es la expresión más fiel de los ideales revolucionarios y, por ende, no hay que temer a la relación entre Estados ni a su población. Ese fue el punto medular: no temerle al pueblo cubano y permitir su libre desarrollo. Si más de 50 años de muros no han logrado dicho cambio, quizá los puentes sí lo harán.

Aún queda la parte medular, del levantamiento del embargo que depende del Congreso. En la delegación de Obama participaron 40 legisladores de ambos partidos para continuar el trabajo que, aunque parece difícil que se dé antes de enero del 2017, se quedarán los cimientos de los puentes que permiten observar los vientos de cambio.

Es paradójico pensar que los muros volverían a estar de moda en un contexto de interdependencia. El riesgo es ideológico y, por ello, la visita de Obama a Cuba es un ejemplo que los muros se vuelven un accesorio cuando hay puentes que los atraviesan con la razón.

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@salinasja