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ALDEA GLOBAL I El problema de improvisar

ALDEA GLOBAL I El problema de improvisar

Jan 28, 2017

EL PRESIDENTE ENRIQUE PEÑA PEÑA NO FUE EL RESPONSABLE DEL TRIUNFO DE DONALD TRUMP, PERO SÍ ABONÓ COMO PIÑATA Y ESTRADO EN LA FIESTA DEMOCRÁTICA, QUE SUPO CAPITALIZAR MUY BIEN EL MAGNATE EMPRESARIAL.

Por Juan Alberto Salinas

Primero, la visita en la campaña. El gobierno mexicano, rompiendo protocolos, realizó una invitación a los candidatos estadounidenses para educarlos sobre la importancia de México. El más necesitado de reflectores después del boom por la convención demócrata fue Donald Trump. Le brindó dos cosas: aparentar ser presidenciable y restregar que pagaría el muro al regresar a Estados Unidos en su discurso en Arizona. El presidente Peña no fue el responsable de su triunfo, pero sí abonó como piñata y estrado en la fiesta democrática.

Segundo, el contexto de la toma de protesta de Trump. Días antes de tomar protesta, en su primera rueda de prensa como presidente electo, Trump lanzó una ventana de tiempo para renegociar el TLCAN: 12 a 18 meses. El lapso es lapidario para México: demanda que la administración federal actúe con una posición de firmeza cuando el presidente tiene 12% de aprobación y aproximadamente 18 meses para preparar la transición.

El día anterior a su toma de protesta, se extraditó al ‘Chapo’ Guzmán a una prisión de Nueva York, bajo la ‘guardia’ de Lynch, en oposición a haber realizado el movimiento ya con Jeff Sessions, uno de los perfiles más cercanos a Trump. En su momento se pensó que fuera una muestra a Trump, pero el no hacerlo bajo su administración no ayuda al ego del neoyorquino.

Posteriormente, en su discurso inaugural, Trump refrendó sus posicionamientos de campana. Su discurso fue revelador: Estados Unidos, el nuevo país nacionalista. La premisa de América First es una que privilegia, sobre todo, los intereses estadounidenses. El concepto pudo ser parte del excepcionalismo americano, pero su contenido atomiza a las instituciones y valores que Estados Unidos ha ayudado a construir en las últimas décadas.

Muchos asumieron, bajo una lectura equivocada, que la presunta cercanía del canciller mexicano con Jared Kushner, yerno y asesor de Donald Trump, pavimentaría una negociación ecuánime. Ocurrió lo contrario: a su llegada, se les recibió con la orden ejecutiva para implementar la normatividad y completar el muro fronterizo con México. Esto debió bastar para concluir y postergar cualquier negociación. Sin embargo, alimentaron la incertidumbre.

Los posicionamientos de la administración de Peña y la cancelación de la reunión entre éste y Trump son, para propios y extraños, difíciles de leer. Esto se debe a los antecedentes, el contexto actual y, por último, la audiencia. 

Tercero, la respuesta del presidente Peña. Ante el anuncio de la orden ejecutiva de Trump, el presidente Peña anunció en un video publicado en Twitter que México no pagaría por el muro y que protegerían a los mexicanos en Estados Unidos. En sí mismo, el mensaje fue carente de sustancia, pero logró un objetivo simple: reiterar a medios internacionales que México no pagará el muro. Sin embargo, a nivel doméstico y en los círculos de política exterior refrendó que Pinos es incapaz de articular una estrategia clara y sensata de política exterior. Simplemente, los nombramientos hasta el momento lo demuestran: tres cancilleres y cinco jefes de misión en Estados Unidos. Las relaciones con actores clave en Estados Unidos se descuidaron y hoy pagamos el precio.

Esto no implica que México esté indefenso ante Trump: el comercio funciona en dos vías y 26 entidades estadounidenses nos tienen como su principal o su segundo socio comercial, somos la zona de amortiguamiento migratorio, aliado en materia de seguridad y muchos otros temas. El tablero es amplio, lo preocupante es la visión y las ocurrencias del Ejecutivo al jugar las fichas con las que contamos.