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ALDEA GLOBAL: Irak, la responsabilidad de reconstruir

ALDEA GLOBAL: Irak, la responsabilidad de reconstruir

Jun 28, 2014

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Por Juan Alberto Salinas —-

Una de las responsabilidades soberanas de la época postcolonial, cristalizadas en instrumentos internacionales como Responsabilidad Para Proteger (R2P) es la responsabilidad de reconstruir.
Opiniones al interior de Estados Unidos y en páginas enfocadas en política internacional han hecho mención, en mayor o menor medida, que la actual crisis en Irak se debe a una fallida labor de reconstrucción que hace cuestionar el enfoque estratégico de Occidente en la región.

La etapa postcolonial construyó elementos retóricos que incluyen la responsabilidad de prevenir, reaccionar y, sobre todo, reconstruir. No existe un molde que pueda dar el método para la reconstrucción. Cada caso merece su dimensión estratégica en un sentido de victoria en las relaciones internacionales; esto es, un planteamiento que hace una vez que a través de medios de poder (generalmente militares) se da una disrupción o destrucción económica y política de las instituciones de poder; de su ideología o valores morales; y, en caso extremo, cambio en las fuentes originarias de poder (Martel, 2011).

Una vez obtenida la victoria a nivel estratégico se obliga un análisis que particularice la responsabilidad moral de reconstruir. Es decir, la responsabilidad de reconstruir es proporcional a la profundidad de la disrupción en el país. Este esquema de responsabilidades es relativamente reciente aunque desde la misma Carta de las Naciones Unidas se dio pie al final del colonialismo. Ahora, ¿qué implica la reconstrucción como obligación ex post a una invasión? En 2004, el entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos dijo una vez obtenida la victoria en la invasión a Irak: “si lo rompe, lo compra, lo arregla”, la llamada regla pottery barn. Esta afirmación parte de la premisa que toda invasión debe tener una estrategia de salida responsable, que le permita al país invadido recuperar su estabilidad y poder por sí solo buscar el desarrollo. Es un ejercicio paralelo de Estado de derecho y reconciliación en un sentido integral.

Existen casos suficientes para explorar la complejidad de dicha responsabilidad. Particularmente hay tres ejemplos “recientes” que la comunidad internacional utiliza como elemento retórico para justificar su posición en el plano internacional sobre la crisis en el Norte Irak y Siria.

Primero, la invasión a Afganistán en 2001. La guerra declarada en Afganistán tuvo una justificación jurídica que cambio el paradigma en el ejercicio de legítima defensa, ya que se ataca a un grupo no estatal y se declara una “guerra contra el terror”. Afganistán, como tal, no es parte del objetivo, sino que se le consideró un Estado protector del terrorismo y por el criterio de “incapacidad o falta de voluntad”, invadió Estados Unidos. La reconstrucción sigue en pie y hasta finales de este año, las fuerzas estadounidenses se retirarán de tierras afganas después de trece años de operar junto con el Gobierno y asistirlo.

El proceso de reconciliación no ha tenido la complejidad que tienen otros países con mayor diversidad cultural o religiosa. Sin embargo, el reto de Estado de Derecho persiste y se especulan retos importantes en cuanto a su seguridad una vez se retire la ocupación militar de su suelo.

Segundo, la invasión a Irak. Parte de una cuestionable justificación para vulnerar la soberanía; sin embargo, enfocándonos en la reconstrucción, ha sido una operación con un inmenso costo. Para dimensionar: la movilización en Irak y en Afganistán puede llegar a costar seis trillones de dólares (tan solo Irak, cuatro trillones) y pérdidas humanas por más de ocho mil tropas “aliadas” y se calculan 175 mil pérdidas civiles hasta abril de este año.

Como parte de la labor de Reconstrucción en Irak, con el proyecto Liberad para Irak, Estados Unidos creó en julio de 2003 el Consejo de Gobierno y a la reestructuración del Gobierno iraquí a través de una nueva constitución en 2005. Hasta el momento se han llevado a cabo tres elecciones nacionales (2005, 2010 y 2014). Sin embargo, los procesos democráticos no dan necesariamente como resultado una situación de estabilidad y fortaleza institucional. Irak tiene un largo camino que recorrer como Estado plural en la reconciliación entre chiítas, sunitas y kurdos.

Tercero, la invasión a Libia. Se invadió en 2011 por autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSONU). A diferencia de Afganistán e Irak, aquí el debate nunca se colocó sobre la legitimidad de la movilización militar por el consenso que implica una resolución robusta del CSONU. Sin embargo, la reconstrucción del país ha sido la más compleja en los últimos años. Brookings, en 2013, publicó un reporte en el que identificó el proceso de reconciliación como el mayor problema en su reconstrucción después de un régimen que vivió 42 años (Brookings Doha Center, 2013).

Desprendido de estos tres casos, de forma general, nos permite identificar como dos grandes retos en la responsabilidad de reconstruir no sólo la fortaleza institucional y el Estado de derecho (procesos democráticos, fuerzas de seguridad, ejército, impuestos, etcétera), sino que el problema central en la labor de reconstrucción está en la reconciliación. Crear instituciones que permitan la coexistencia y la voluntad política de hacerlo. Es un ejercicio paralelo. El gran problema es que esta labor difícilmente puede ser exógena; sin embargo, sí existe la labor de generar condiciones para que se geste la ruta al interior de la comunidad en reconstrucción.

Ahora, ¿por qué la reconstrucción de Afganistán, Irak y Libia creó un impasse para solucionar la guerra civil Siria que hoy se refleja en el Norte de Irak? Porque el resultado de los tres ejemplos —y otros más a lo largo de la historia como Líbano o Somalia—muestran la cara más desafiante de la responsabilidad de romper la porcelana de pottery barn.
Libia, al menos retóricamente, es el motivo por el cual el CSONU no pudo en dos ocasiones adoptar una resolución que permitiera poner fin gobierno de al-Assad. Por ende, se vieron obligados en comenzar por el proceso de reconciliación hasta que el último recurso fuera el militar. Lo complejo de la situación en Irak y Siria es que difícilmente se podrán separar con la operación que tiene el Estado Islámico para Irak y Levante (EIIL ó ISIL en inglés). La labor de reconstrucción en Irak no dio óptimos resultados en cuanto a la reconciliación y se cataliza en la vulneración que tienen los chiítas radicales como minorías en la guerra civil en Siria y hoy en el Norte de Irak. Son la misma ideología, mismo fin, pero con dos opresores.

Es por esto, que la labor de reconstrucción no puede quedarse en un ejercicio de creación institucional, sino necesita dársele alma a las instituciones. Esto únicamente puede darse a través de un proceso de reconciliación que permita que todas las fuerzas internas tengan cabida en un sistema y hagan caminar ese cuerpo institucional. La crisis en Irak que permeó a Siria y viceversa muestran la necesidad de premiar la política o el hecho, que dé vida a un mejor Estado.

Twitter: @SalinasJA


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