Portal informativo de análisis político y social

ALDEA GLOBAL: La apuesta por la diplomacia

ALDEA GLOBAL: La apuesta por la diplomacia

Jul 19, 2014

Compartir en redes sociales:
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Por Juan Alberto Salinas 

“Los programas nucleares en sí mismos no son una amenaza a la paz y seguridad internacional, siempre y cuando éstos mantengan un fin meramente pacífico y operen con los máximos estándares de transparencia”.

El plazo para lograr un acuerdo definitivo entre los miembros del P5 + 1 (Estados Unidos, Francia, Inglaterra, China, Rusia y Alemania) e Irán sobre su programa nuclear está por vencerse. De lograrse, parafraseando a Henry Kissinger, se afirmaría la evolución de Irán, partiendo de un régimen revolucionario a un Estado. En las últimas décadas, la relación entre Occidente e Irán está llena de matices y el programa nuclear es uno de los más claros ejemplos de ello. Primeramente es importante mencionar que el programa nuclear difícilmente es en sí mismo un fin, sino un medio para negociar.  Si hacemos un breve recuento histórico, Irán inicia su programa nuclear hace varias décadas.

El programa existe desde 1953 que se consolidó el Shah en el poder a propuesta de Gran Bretaña y con el respaldo de Estados Unidos. Con la revolución Iraní en 1979, Ayatollah Khomenei toma el poder y suspende el programa nuclear por unos años. Lo expropia, por así decirlo. Con la revolución, comienza esta etapa de 34 años inmersos en complicadas relaciones internacionales entre Occidente e Irán. 

Los programas nucleares en sí mismos no son una amenaza a la paz y seguridad internacional, siempre y cuando éstos mantengan un fin meramente pacífico y operen con los máximos estándares de transparencia. De hecho, en el artículo 4 del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) se garantiza el derecho de los Estados miembro para tener programas nucleares con apego a los principios antes mencionados. En realidad, el programa nuclear como tal no fue un factor de amenaza militar hasta 2002 que Estados Unidos descubre la planta de agua pesada en Irak y obliga una serie de inspecciones más profundas en Irán por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), lo que es una violación a obligaciones legales contraídas por Irán, que en estos últimos años ha reactivado un número importante de plantas que alarman a la comunidad internacional, particularmente Natanz y Fordo, que por cierto, se encuentra en Qom, lugar donde inicia su actividad política el Ayatollah.

Con esto quiero decir que la posición de Occidente no es infundada, aunque en algunos momentos exagerada. (Ver el discurso de Bush sobre el “eje del mal). En el último reporte del 2012 publicado por la OIEA sobre las inspecciones del programa nuclear en Irán, se afirmó la imposibilidad de constatar que el programa nuclear fuera pacífico y muchos de las plantas tenían operaciones con limitado uso civil. Ante estos hechos, Estados Unidos y sus aliados tuvieron al menos tres alternativas. Primero, permitir que Irán continuara con su programa nuclear, corriendo el riesgo que exportara la revolución en Medio Oriente, pero ahora con armas nucleares, obligando una carrera de armas en la región. Sin embargo, se puede apelar a que Irán es un actor racional. 

Segundo, sanciones unilaterales y multilaterales que afectaran su comercio exterior, particularmente en energéticos y productos de aviación civil, intercambios financieros, inversiones, entre otras. De hecho, las sanciones unilaterales comenzaron poco después que estallara la revolución iraní y tomaran la embajada por 444 días. El presidente en ese momento, Jimmy Carter, publicó una serie de sanciones que incluían congelar bienes y bloquear el comercio. Las sanciones evolucionan durante la etapa de la guerra con Irak y Clinton decide establecer una doble contención con Irak e Irán después de lo sucedido en Kuwait. Hasta ese momento, las sanciones habían afectado severamente la economía de Irán, pero el problema es que en regímenes no democráticos, las sanciones difícilmente son eficaces. Tercero, un ataque preventivo a los sitios nucleares.

Este es el escenario que coloca el mayor riesgo a la estabilidad de la región, ya que la probabilidad de destrucción de las plantas nucleares, es bajo y la reacción pudiera traer severas consecuencias. Afortunadamente, Estados Unidos adoptó la segunda ruta y parte de la primera. No se hizo por una aproximación unilateral, sino como consecuencia de una contienda electoral en Irán. El actual presidente, Hassan Rouhani ha relanzado la imagen de su país ante todo el mundo, señalando los fines pacíficos de su programa y la voluntad de lograr la estabilidad en Medio Oriente.  Gracias a esta renovada apertura, el 23 de noviembre del año pasado se acordó un instrumento provisional entre el P5 + 1 e Irán.

El acuerdo que se comenzó a implementar en su fase provisional el 20 de enero de este año, dando un plazo máximo de seis meses para lograr un acuerdo definitivo. Las principales obligaciones en el instrumento son las siguientes. Por un lado, desde Occidente: (1) levanta las prohibiciones comerciales por poco más de cuatro mil millones de dólares; (2) remueve sanciones por un equivalente a seis mil millones de dólares; (3) apertura comercial para refacciones en aviación (han tenido más de 200 accidentes desde 1990 por falta de refacciones); y (4) la apertura para la exportación petrolera. Para dimensionar estos avances (algunos más importantes que otros) en Octubre del 2013, el tipo de cambio era 40 mil riales por un dólar; en abril del 2014 eran 29 mil riales por dólar. Por otro, desde Irán: (1) detener la producción de Uranio enriquecido al 20 por ciento; (2) destruir la mitad del Uranio enriquecido cerca del 20 por ciento hasta el final del periodo de implementación de seis meses que, hasta abril del 2014, ya habían destruido el 75 por ciento de los materiales; y (3) limitar el enriquecimiento de Uranio al 5 por ciento.

El 20 de julio es el día límite para lograr el acuerdo definitivo. Ya no hay muchas alternativas, pero se propone una extensión por otro periodo de tiempo para alcanzar un acuerdo integral. Algunos de los Estados en la mesa proponen agosto, otros noviembre. Lo cierto es que la voluntad política para lograr un acuerdo definitivo es evidente. Por un lado, Occidente le apuesta a una solución diplomática que permitan usar las sanciones como carta de cambio y a Irán ser el actor racional que muchos no imaginaban sería. Por el otro, Irán utiliza el programa nuclear para salir de la serie de sanciones a la que es sujeto. La mesa en Viena permite pensar en el arte de lo posible y que Irán dejará de ser el régimen revolucionario a que refiere Kissinger y convertirse en un Estado con responsabilidades y liderazgo en la región.

* Profesor de Derecho
internacional en el ITESO
Twitter: @SalinasJA


Compartir en redes sociales:
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
468 ad