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ALDEA GLOBAL | La Caída de Trump

ALDEA GLOBAL | La Caída de Trump

Oct 15, 2016

El Partido Republicano se fractura y su candidato a la presidencia cae en las preferencias electorales. El mapa electoral luce devastador para el GOP y no solo podrían perder la presidencia, sino las mayorías en el Congreso.

La semana pasada conocimos una grabación en la que Trump afirmó haber acosado a una mujer —no es la primera ocasión y ya se dieron a conocer más casos similares— y fue la gota que derramó el vaso en el partido republicano. Es inexplicable que un partido nomine a la oficina de mayor responsabilidad en su país a una persona que de forma consistente degrada a la mujer; mucho más cuando viene del partido de Lincoln. El neoyorquino confunde la decencia con ser políticamente incorrecto.

Los presidentes deben aspirar a ser modelos a seguir; Trump sería una vergüenza qué evitar.

Más que el lenguaje —obsceno—, llama la atención que el GOP fuera indiferente a tantos comentarios peyorativos de Trump y lo denuncien hasta ahora: ¿por qué no lo hicieron cuando se refirió a los mexicanos como violadores, traficantes y criminales?, ¿cuando atacó a Megan Kelly por hacerle preguntas en un debate?, ¿cuando acusó a un juez nacido en Indiana de ser parcial por ser descendiente de mexicanos?, ¿cuando se burló de la figura de las mujeres, notablemente de Rosie O’Donnell o Alicia Machado?, ¿cuando atacó a los padres de un soldado que murió en cumplimiento de su deber? Son interrogantes que permiten pensar que el GOP no dimensionó las ramificaciones que tendría el nominar a un perfil como Donald Trump.

A las pocas horas de conocer las grabaciones, se alinearon un número importante de republicanos que habían demostrado su apoyo a favor de Donald Trump para denunciarlo y alejarse de su campaña. En este grupo de republicanos podemos destacar a Paul Ryan, representante republicano de mayor rango en el partido, quien retiró la invitación a Donald Trump a su entidad. De igual forma, lo hicieron otros perfiles como John McCain, senador por Arizona y ex candidato presidencial en 2008.

De esta forma llegamos al segundo debate presidencial. El debate fue gris en términos reales. Hillary Clinton tenía qué perder y poco qué ganar; llegó con encuestas favorables en todos los estados de Obama en el proceso 2012, más Carolina del Norte. Su objetivo era mantener sus condiciones y reafirmar el techo electoral de Trump.

En cambio, Trump llegó desatado. Momentos antes de iniciar el debate tuvo una rueda de prensa con mujeres que señalaron haber sido acosadas por Bill Clinton. En los primeros treinta minutos del debate defendió la grabación al insistir que fue una «charla de vestidor». Al contraatacar con los correos electrónicos de Hillary Clinton, señaló que nominaría a un fiscal especial para investigar a la demócrata y llegar al fondo del asunto. Volvió a ser un desastre en sustancia, coherencia y prudencia.

En sentido estricto, Trump apostó por ser Trump y consolidar su base. Sin embargo, no es suficiente para ganar una elección en el 2016, pero sí para fracturar al partido. En encuestas realizadas en la semana pasada, más del 70% de los republicanos esperaban que el partido mantuviera su apoyo institucional al neoyorquino. Parece que aún queda mucho por ver en la saga rumbo al 8 de noviembre. Lo que es claro es que muchos republicanos están apostando que el día después de la tormenta electoral puedan reconstruir a su institución, como si Trump no hubiera existido. ¿Será posible? No lo podemos saber en este momento, pero sí se observa por propios y extraños que el daño es profundo en la demografía actual.

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@salinasja