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ALDEA GLOBAL | La estrategia de los debates

ALDEA GLOBAL | La estrategia de los debates

Oct 29, 2016

Para Chema Pulido, amigo que se nos adelantó en el camino.

En política, la demografía es prácticamente destino. Lo hemos discutido en los últimos meses: Trump enfrenta un escenario sumamente adverso con mujeres, electores con educación universitaria y minorías. Es un imperativo que, al concluir las primarias, todo candidato a la presidencia se dirija al electorado en general. Los debates son un momento crucial para exponer, en prime time, un proyecto político a millones de personas. Sin embargo, el neoyorquino parece que sigue en la contienda republicana, con la salvedad que los 14 millones de votos que obtuvo no son suficientes para ganar la elección presidencial.

Por si los problemas demográficos no fueran suficientes, su campaña ha demostrado ser una recolección de errores estratégicos y tácticos. Bien podría hacerse un manual sobre cómo fracasar en la política presidencial, pero seguramente publicará uno sobre el presunto fraude ocasionado por un sistema corrupto. Alguien o algo tendrá que ser el culpable del fracaso electoral.

De los tres debates, podemos señalar al menos tres puntos. Primero, los debates como una etapa dentro de la estrategia de la campaña. Los debates juegan un elemento táctico —son parte del todo. De los tres, el primero fue el más importante a nivel electoral. Sin embargo, el tercero —en mi opinión— fue el de mayor contenido y Clinton demostró ser el perfil más preparado para la presidencia. Sin embargo, más allá de las particularidades que hemos analizado sobre los debates, podemos observar un común denominador: en cada uno de ellos Clinton ocasionó a Trump un cortocircuito. Los errores que cometió el republicano con sus respuestas sobre los impuestos, el ataque a su propio partido, a minorías, entre otros, se dieron porque no se contiene; es la triple «i»: imprudente, impredecible e incoherente. En cada debate, Clinton subió un promedio de dos puntos en encuestas nacionales, llegando a estar arriba por más de siete puntos porcentuales y una matemática en el colegio electoral que la acercaría a los 332 de Obama en el 2012. Por ello, un aplauso a Ronald Klain, quien preparó a Clinton en los tres debates.

Segundo, la ampliación de la coalición del 2012. La fractura del Partido Republicano y la narrativa del neoyorquino permitieron que los demócratas apuesten en la campaña por aire en entidades poco convencionales por ser mercados caros y con diferencias electorales difícilmente remontables. Esto puede tener dos objetivos: por un lado, pueden buscar acercar al Partido Demócrata a estados del centro y sur que no se han ganado desde la coalición de Bill Clinton, pero los cambios demográficos han permitido mayor apertura a los demócratas; por otro lado, pueden colocar un techo a Trump que lo coloque a la defensiva, dejando ir swing states como Florida.

Tercero, los proyectos para el 2018. Un número importante de candidatos recibirá el apoyo de Barack Obama en los próximos días. Esto como parte de un esfuerzo de moldear los congresos locales e impulsar una redistritación en la que pueda haber cancha pareja con los republicanos. Por inercia, las intermedias serían difícil para los demócratas y buscan anticiparse a ese hecho.

En circunstancias ordinarias, el GOP estaría poniendo en jaque a la candidata demócrata que ha transitado en los últimos 12 meses entre escándalos por los correos electrónicos. Sin embargo, los errores de Trump en los debates son un reflejo que es un mal aprendiz de la política presidencial.

jasalinasm@gmail.com
@salinasja