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ALDEA GLOBAL | Las dos caras del euro

ALDEA GLOBAL | Las dos caras del euro

Jul 4, 2015

Toda moneda tiene dos caras y el euro no es la excepción. La crisis financiera no representa únicamente un riesgo para Grecia, sino para el club monetario de la eurozona y, ultimadamente, para la geopolítica en Europa.

El tablero político obliga tomar decisiones difíciles en los próximos días después que las mesas de negociaciones no llegaron a buen puerto. Dos posiciones a observar: por un lado, el resultado del referéndum griego y las consecuencias políticas para su gobierno y, por otro, la apertura sobre un replanteamiento al modelo económico de la eurozona.

La debacle del Estado griego no se gestó en el vacío. Es la consecuencia de diversas decisiones incorrectas a lo largo del tiempo que lo tienen con un desempleo del 25% y una deuda del 172% de su PIB. Grecia ingresó al club del euro en 2001. Parte del precio para entrar a este club es ponerte una camisa de fuerza con estándares financieros que difícilmente son el mecanismo idóneo para cada uno de sus 19 miembros. Grecia aumentó su gasto público en un 50% entre 1999 y 2007, justo antes que estallara la burbuja de jabón que nos trajo la mano invisible de Adam Smith. Una crisis global que mostró el rostro más perverso del mercado cuando le pone una pistola en la cabeza a un soberano (independientemente de su liderazgo, como fue el caso de Estados Unidos).

En 2010, Grecia estaba inmersa en una crisis financiera particularmente por deudas a bancos privados. Por ello, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional (mejor conocidos entre los tres, como la troika) arrancaron el primer plan de rescate financiero en mayo de ese año. El plan incluía la transferencia de €110 billones a cambio de diversas medidas entre las que destacan: (1) riguroso ajuste al déficit presupuestal para llevarlo del 13.6% del PIB al 3% del PIB en 2014; (2) ajuste de la política fiscal para la reducción de su déficit presupuestal; y (3) reestructurar los programas de seguridad social, pensiones y gasto militar. En 2012 entró un segundo plan de ajuste que planteaba una recomposición del escenario a cinco años, financiando una ampliación del primero para llegar a €215 billones y un segundo de prácticamente €142 billones que serían dispersados en el lapso entre el 2012 y el 2014.

Esta misma fórmula, con pequeños cambios se aplicó en otros Estados de la eurozona. Salvo el caso español que adoptó un plan con mayor autonomía, el mejor caso es el portugués y es hoy prácticamente 7% más pobre que en sus niveles precrisis; Grecia es el peor escenario con un 25% de contracción económica respecto a sus niveles precrisis. Actualmente Grecia tiene una deuda de €323 billones, sus bancos se quedan sin liquidez, y con cifras de desempleo del 50% en el bloque de 15–24 años y 33% en el bloque de 25–34 años.

Con este apremiante escenario y una campaña antiausteridad en la jornada electoral del pasado enero, obtuvo el triunfo el Primer Ministro, Alexis Tsipras. Sin embargo, desde su victoria ha buscado interlocución con los principales actores de la eurozona para lograr un acuerdo que permita una recuperación más rápida y sostenida de su economía. Por otro lado, la troika propuso un tercer rescate con proyecciones de más ajustes al gasto y más impuestos que permitan a Grecia reducir su deuda a 140% del PIB en el 2022. Nueve años más de sufrimiento interno. El gobierno griego, salvo algunos ajustes a la propuesta de los gigantes, había aceptado en lo general el paquete, pero al parecer la posición de los acreedores, sobre todo de Alemania, fue un todo o nada.

Ante este escenario, Tsipras llamó a la cuna de la democracia para votar un referéndum que perfectamente puede resultar en distintas preguntas de disertaciones doctorales:

¿Debe aceptarse el plan de acuerdo presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25 de junio de 2015 y compuesto de dos partes, que conforman su propuesta conjunta? El primer documento se titula «Reforms for_ the completion of the Current Program_ and Beyond» (Reformas para completar el programa actual y más allá de éste) y el segundo «Preliminary Debt sustainability analysis»(Análisis preliminar de la sostenibilidad de la deuda)».

Para este tipo de preguntas se recomienda al menos dos semanas de debate público antes de la elección. En este caso serán escasos cinco días. Diversos medios internacionales entrevistaron a griegos para conocer su impresión del ejercicio ya que las encuestas indican un empaque técnico con un alto número de indecisos (i.e., Bloomberg, 42.5%, sí; 43%, No; y 14.5% no sabe). El voto por el «no» es un voto de confianza a Tsipras y prácticamente su salida del euro. El voto por el «sí» traería un área gris, ya que el plazo para la negociación ya venció y depende de la flexibilidad que pueda mostrar la troika y, particularmente Merkel.

Economistas Premio Nobel como Stiglitz (2001) o Krugman (2008) invitaron a votar por el «no», ya que permitiría a los griegos tomar el control de su futuro. Permanecer dentro del euro, indicaron, sería estar dentro de una camisa de fuerza diseñada para Alemania, no para economías débiles e incluso otras que no, pero de las cuales se proyecta una crisis, como Finlandia.

Al final del día, la situación tiene dos caras. Para Grecia es una pregunta de soberanía, como una idea moral que te da la sensación de estar en control, aunque sea en tu propia casa. Así, pues, la decisión en su nivel interno es sobre ser más soberano, con más liquidez, con menos desempleo, con mayor crecimiento. Por otro lado, para la troika y, en lo general para la Unión Europea es una prueba para su modelo económico y su ejercicio de liderazgo. La probable salida de Grecia puede ser el principio del fin, considerando el diagnóstico que comparten otros países que tienen la misma quimioterapia. Como indicó Larry Summers en su columna para el Post, «la diplomacia falla y las catástrofes ocurren cuando las naciones se preocupan de sus propios problemas y no consideran las necesidades políticas de los otros». Por ello, no culparía políticamente a Grecia por el «no» y sí culparía a la troika por una visión poco estratégica que pudiera traer ramificaciones fatales para la geopolítica de la región.

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@salinasja