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ALDEA GLOBAL | Laudato Si

ALDEA GLOBAL | Laudato Si

Jun 20, 2015

Uno de los grandes legados que dejará el papa Francisco es su vocación como emprendedor de los buenos oficios en la política internacional (pastoral, dirán los adentrados en el lexicón eclesiástico) es que ha sido un incansable promotor de la paz en Medio Oriente y África; impulsor de la diplomacia con la reapertura de relaciones entre Cuba y Estados Unidos o impulsar el diálogo entre Israel y Palestina y, ahora, para adoptar medidas que permitan mitigar los efectos del cambio climático.

La esperada encíclica Laudato Si sobre el cambio climático viene a tocar uno de los problemas más complejos para la comunidad internacional. Es un problema global en un escenario de interdependencia que demanda una respuesta de la misma naturaleza en la que participen todos y cada uno de los Estados del orbe.

Es importante destacar que a pesar de no ser un documento sobre políticas públicas o científico, como pudiera ser una publicación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) o de la Conferencia Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés), sí contiene una reflexión profunda sobre el cambio climático, primeramente desde su diagnóstico y, posteriormente, realizando propuestas con un andamiaje en la Doctrina Social de la Iglesia. Su objetivo es simple: invitar a los católicos y no católicos a cuidar la casa de todos que, desde la cosmovisión católica, fue creada por Dios.

Primero, en el diagnóstico se aborda el problema del cambio y se afirma lo siguiente:

En las últimas décadas, este calentamiento ha estado acompañado del constante crecimiento del nivel del mar, y además es difícil no relacionarlo con el aumento de eventos meteorológicos extremos, más allá de que no pueda atribuirse una causa científicamente determinable a cada fenómeno particular. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan. Es verdad que hay otros factores (como el vulcanismo, las variaciones de la órbita y del eje de la Tierra o el ciclo solar), pero numerosos estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero (anhídrido carbónico, metano, óxidos de nitrógeno y otros) emitidos sobre todo a causa de la actividad humana.

Este párrafo en gran medida sintetiza el diagnóstico sobre el Cambio Climático en el Laudato Si e invita de la forma más provocadora —en algunos contextos— a asumir la responsabilidad en la relación causal que existe entre la obra humana y el cambio climático. Podemos pensar que es un lugar común; sin embargo, no fue sino hasta el 2014 que la Casa Blanca, por ejemplo, reconociera el impacto que tiene el ser humano en el creciente deterioro del medio ambiente. Incluso, dentro de la política estadounidense, los sectores más conservadores lo tomaron como una invitación a votar por los demócratas ya que algunos republicanos rechazan que la ecuación respecto al cambio climático sea la correcta. Es decir, para algunos de ellos es algo «cíclico» y debemos de ver periodos de tiempo más prolongados para entenderlo. Aceptando por deporte un momento la validez de la premisa, simplemente tenemos la mala suerte de vivir en el periodo que los efectos «naturales» y «cíclicos» impactan la tierra.

El diagnóstico del Papa trata de abordar el cambio climático como «un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas». Es decir, las consecuencias son para el espectro natural y humano. Por mucho tiempo la indiferencia era la actitud imperante porque el problema y sus efectos parecían distantes con deshielo, la sequía y pérdida de la biodiversidad. La ecuación cambia cuando los efectos implican un daño al ser humano: escasez del vital líquido en diversas regiones; muertes prematuras por enfermedades respiratorias o por infecciones ante la ausencia de agua potable; migración ocasionada no por armas, sino por la falta de alimento resultado de la degradación ambiental, entre otros.

Sin embargo, las aristas, a pesar de no hacer referencia explícita, invita a ver de forma holística el problema del cambio climático como parte de nuestra realidad, dentro de la paz, justicia y conservación de la tierra. El quid en esta afirmación es que se lo observa como una amenaza al ser humano, además de serlo para la tierra. Desde la década de los 80 que se abordó con mayor contundencia el problema, se mantuvo de forma velada el asumir el cambio climático como un problema de seguridad internacional y, hasta la fecha, aún no se tiene un debate internacional con tales consideraciones.

Segundo, los esfuerzos para abordar el problema han sido insuficientes y es así por un problema de cooperación. Desde los primeros instrumentos internacionales que incluyeron obligaciones (Convención de Viena, 1985; Convención de Montreal, 1987; y el acuerdo marco del UNFCCC en 1992) recibieron oposición porque un grupo de países en vías de desarrollo formaron bloques para poder tener periodos de ajuste mayores a los países desarrollados; sin embargo, en algunos casos las metas eran prácticamente inexistentes para Estados como China o India. Esto ocasionó, por ejemplo, la no ratificación del Protocolo de Kioto por parte de Estados Unidos. Hasta la fecha, difícilmente un problema ha sido abordado tantas ocasiones en conferencias, cumbres, memorándums, foros de Estados como G8 o G20; sin embargo, ninguno, igualmente, ha generado un impasse tan grande como éste. Por ello, el Papa invita a «pen[sar] en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana». Particularmente relevante porque en diciembre de este año se llevará a cabo la vigésima primera Conferencia de los Estados Parte para discutir las metas de reducción y los niveles para la agenda posterior al 2020.

El cambio climático es uno de los principales retos que enfrentamos como comunidad internacional y demanda una respuesta intergubernamental. El papa Francisco muestra una vez más su emprendurismo con su encíclica e invita a cada uno de nosotros, pero principalmente a los tomadores de decisiones, para que reflexionemos y coloquemos por encima de toda acción a la persona y el planeta en el que habita.