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ALDEA GLOBAL: Lo superado y lo superable

ALDEA GLOBAL: Lo superado y lo superable

Ago 16, 2014

Por Alberto Salinas

Ante la rapidez con la que evolucionan las crisis en ciertos países, es importante detenerse, reflexionar sobre lo superado y lo superable. Irak es uno de los casos actuales que nos permiten reflexionar sobre la intervención a un país y se torna particularmente importante ante el crecimiento exponencial de la violencia en el norte de su territorio.

La invasión a Irak es probablemente la operación más cuestionada a nivel internacional después de Kosovo, movilización militar que cambió el paradigma de intervención por haberse realizado sin autorización del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (CSONU). Desde el 2003 la crítica a la intervención en Irak radican en el uso legítimo de la fuerza y la responsabilidad de construir.

Primero, la legitimidad de la intervención. Conforme a la Carta de las Naciones Unidas —principal instrumento a nivel internacional—, los Estados deben abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza, como lo establece el artículo 2 (4). Hay dos excepciones esta prohibición. La primera se encuentra en el artículo 39 de la Carta de las Naciones Unidas (Carta) que establece la facultad exclusiva del CSONU para determinar la existencia de una violación a la paz y seguridad internacional.

De existir violación alguna, el CSONU puede autorizar el uso de la fuerza con fundamento en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas mediante sanciones o acción militar. La segunda excepción se encuentra en el artículo 51 de la Carta y regula la legítima defensa como derecho inherente de los Estados de ejercer el uso de la fuerza militar de forma individual o colectiva en caso de sufrir un ataque armado o que éste sea inminente.

Ante la inexistencia de las condiciones necesarias para el ejercicio de la legítima defensa, nos queda explicar la justificación de La operación Libertad para Irak con fundamento en la primer excepción utilizando las resoluciones 678, 687 y 1441 del CSONU; la primera autorizaba utilizar todos los necesarios para obtener la paz después de la invasión de Irak a Kuwait en 1990 y, las dos últimas condenan la falta de transparencia del programa nuclear Iraquí.

Para Estados Unidos el programa nuclear de Irak fue condenado por la máxima autoridad internacional desde la resolución 687 y sus efectos continuaban vigentes. Dicha resolución fue vinculada a la resolución 678 que permitía el uso de la fuerza y todos los medios necesarios para asegurar la paz de la región ante la amenaza que representaba el programa nuclear Iraquí.

Sin embargo, expertos en derecho internacional como Anne-Marie Slaughter y Harold Koh (ambos abogados del Departamento de Estado en la etapa de Hillary Clinton) han sido consistentes en mencionar la ilegalidad de la operación, ya que las resoluciones del CSONU no tienen indeterminada su vigencia. Por ejemplo, la resolución 1973 que autorizó el uso de la fuerza militar en Libia durante el 2011, difícilmente puede ser argumento para hacer uso de la fuerza en la actualidad por el cambio de circunstancias en dicho país desde la muerte de Gadafi.

Las resoluciones del CSONU, en términos legales, son normas jurídicas individualizadas y ante hechos y circunstancias específicas. Por ende, la ruta pertinente para Irak debió ser una nueva resolución del CSONU que autorizara la operación Libertad para Irak, con fundamento en el Capítulo VII de la Carta.

El segundo motivo de relevancia en el caso iraquí para la política internacional es la responsabilidad de reconstruir. La lección para futuras intervenciones es fundamental, ya que independientemente de la legalidad con la que invadieron Irak, a todo cambio de régimen le corresponde un proceso de reconstrucción.

Se estima que la reconstrucción tendrá un costo aproximado de 1.8 trillones de dólares para el 2021. En el derecho internacional no hay un procedimiento establecido que dirija los procesos de reconstrucción. Sin embargo, Estados Unidos creó en julio de 2003 el Consejo de Gobierno y a la reestructuración del Gobierno iraquí a través de una nueva constitución en 2005. Hasta el momento se han llevado a cabo tres elecciones nacionales (2005, 2010 y 2014). Con todo y los procesos “democráticos” la fortaleza institucional está en duda por la deficiente integración del Gobierno y la evidente falta de seguridad en parte de su territorio. En los últimos días, se ha cuestionado la temprana retirada de Estados Unidos de Irak, no es previsible si un lapso mayor de tiempo hubiera fortalecido al país o hubiera tenido efectos negativos.

Es importante utilizar la experiencia iraquí para evaluar otros procesos de reconstrucción. Por ejemplo, es particularmente interesante cómo Estados Unidos tiene un programa de ataques “selectivos” en dos países que invadió como lo son Afganistán e Irak. Esto establece un fenómeno más en una etapa que no es propiamente guerra o intervención a dichos países, pero tampoco es paz porque se ejerce el uso de fuerza militar. Son áreas grises que se presentan ante la comunidad internacional y los criterios para responder a ellas continúan en el tintero.

La operación Libertad para Irak arrastra su déficit legitimidad en el uso de la fuerza. Difícilmente se argumentaría que la invasión encaja en las excepciones a la prohibición del uso de la fuerza, pero al final del día es un tema relativamente superado. Por otro lado, la responsabilidad de construir en Irak es un ejemplo superable que marca tendencias en los costos que implica una invasión, no sólo en legitimidad, sino económicos en una etapa que no termina de recuperarse de la crisis económica global. El caso iraquí muestra la necesidad de basar la política internacional en niveles estratégicos que no sean la simple acumulación de fines tácticos, sino que integre objetivos claros sobre la victoria y, particularmente como vemos hoy en Irak, que valore una estrategia de salida. ¿Cuándo retirarse del país invadido? ¿Cuándo se considera un país suficientemente reconstruido? Es una pregunta libre a discusión. ¿Usted, qué opina?

* Profesor de Derecho internacional en el ITESO

Twitter: @SalinasJA

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