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ALDEA GLOBAL | Los principales temas del Foro Económico Mundial

ALDEA GLOBAL | Los principales temas del Foro Económico Mundial

Ene 30, 2016

En los últimos días se llevó a cabo la cuadragésima quinta reunión del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) en Davos, Suiza. Como cada año, el WEF busca acercar a los gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil para discutir los temas prioritarios del orbe y buscar soluciones.

Es importante destacar que el WEF es una organización sin fines de lucro que busca fomentar la cooperación internacional. Para este año, se estimó que habría cerca de dos mil quinientos participantes que viajarían a Davos durante cuatro días. El WEF es abierto para cualquier persona que esté dispuesta a pagar la módica suma de veinticinco mil dólares como costo de inscripción, o bien, ser invitado por alguna de las instituciones participantes o gobiernos.

Generalmente los temas suelen ser lugares comunes en los que se puede hablar de todo y nada. Sin embargo, para este año el tema central fue la cuarta revolución industrial, enfocado en el impacto del desarrollo tecnológico y sus efectos sociales y económicos en un contexto interconectado. Los tiempos en que se podía esconder en la distancia geográfica se han ido —hoy vivimos en una red, entrelazados unos a otros. Por ello, es necesario hablar del tema central ytodos aquellos transversales ventilados en los foros durante los cuatro días.

Primero, la cuarta revolución industrial. Estaría mal no arrancar con el tema central de este año. ¿Qué implica? Que el desarrollo tecnológico tiene un impacto más allá del sector de las tecnologías de la información e impactará cada hilo de nuestra realidad. Enfrentamos un escenario en la cual la inteligencia artificial, la robótica, biotecnología, nanotecnología, las impresiones 3D, entre otros, afectan cada vez más al ser humano, para bien y para mal. Nuestros patrones de consumo, de propiedad, de privacidad, de trabajo, de diversión se han modificado en las últimas décadas y se espera que su transformación sea cada vez más rápida. Pueden ser cinco, diez o quince años, nadie tiene la bola mágica; lo cierto es que es inminente. Sin embargo, más allá de una consideración —por cierto, necesaria— sobre ética, es un enfrentamiento con la realidad. En ello hay dos puntos que son sumamente interesantes con serias implicaciones. Por un lado, en la creación, desplazamiento y productividad de los empleos. Hoy, según la estadística del WEF, el 65 por ciento de los niños que se encuentran en educación primaria tendrán un trabajo que aún no ha sido creado. ¿Qué dice esto de la educación de hoy?, ¿de los empleados de hoy?, ¿de los resultados del mañana? Según datos de McKinsey & Company, el 45 por ciento de los empleos en Estados Unidos son susceptibles a ser automatizados, que implica la pérdida de empleos por un valor cercano a los dos trillones de dólares en salarios cada año. Si los robots pudieran procesar correctamente el lenguaje, la cifra podría llegar a casi el 60 por ciento de los empleos en Estados Unidos. Hace un par de años visité las oficinas de Rethink Robotics en el corredor tecnológico de Boston. Esta empresa diseñó un robot que se llama Baxster, perfecto para lavar platos en restaurantes o empresas manufactureras, ya que con sus brazos puede perfectamente manipular objetos. Por seis mil dólares (en su configuración básica), puedes tener la solución a tus problemas para trabajos de baja preparación.

Por otro lado, la cuarta revolución industrial cambia nuestros patrones de consumo y, por ende, producción. Particularmente es interesante observar cómo los países productores de crudo están pasando un mal momento por la excesiva oferta que llevó a menos de 27 dólares el barril de Brent. Sin embargo, hay también un factor fundamental: la tecnología potencializa la crisis para la producción convencional, hoy hay shale oil y un enfoque considerable en las energías renovables. ¿Qué ocasiona esto en los países que su administración pública gira alrededor del petróleo? Peor aún, ¿ qué les ocurre a los que gira su legitimidad alrededor del petróleo? Por ejemplo, Arabia Saudita.

Segundo, la lucha contra la desigualdad. La inclusión fue un tema importante en diversos aspectos: economía, equidad de género, educación, etcétera. En cuanto a la economía, las empresas socialmente responsables son un factor crucial en el combate a la desigualdad al brindar mejores salarios, mayor capacitación, entre otros puntos. En el tema de género es curioso: a pesar que el muestreo no es particularmente representativo, únicamente el 17.8 por ciento de los participantes en el WEF, fueron mujeres. ¿Qué dice eso? Que no hay suficientes CEOs mujeres, lideresas, tomadoras de decisiones, entre otros aspectos. Son retos apremiantes en los que hay mucho por hacer. En el ámbito educativo hay mucho qué hablar, desde cómo la educación nos permite enfrentar el dinamismo tecnológico hasta cómo la educación nos permite abrirnos a la realidad. En este punto, el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeu, se llevó las palmas en su ponencia sobre educación: la pluralidad es un punto favorable, no adverso. En Canadá se enseña a todos con respeto sobre la importancia de Diwali, Ramadán o los horóscopos chinos. ¿Qué diríamos en México? ¡El Estado laico! Comenzar a hablar de personas nos haría un gran favor como país.

Tercero, la crisis política y la presencia de populismos. Este punto está dirigido principalmente a los Trump del mundo. En su columna para el Financial Times, Gideon Rachman afirmó que en los pasados WEF uno podía encontrar la palabra sostenible en cada discurso político o sobremesa; hoy es el populismo. Esto se refleja en los debates sobre los muros para migrantes, el maltrato a los refugiados y la falta de cohesión europea en su política migratoria; la incapacidad de abordar la gran cantidad de conflictos domésticos que dinamitan los desplazamientos de personas, o la falta probable salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

La tecnología genera incertidumbre al confrontar el status quo. Siempre lo ha hecho, desde la primera revolución industrial con el vapor hasta la cuarta revolución que vivimos el día de hoy. El punto, además de reconocer la realidad, es estar preparados y dispuestos para hacer lo que nos toca para enfrentarla.

Me gustaría conocer su opinión:

@SalinasJA