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ALDEA GLOBAL | Primer debate

ALDEA GLOBAL | Primer debate

Oct 1, 2016

Si tuviéramos que describir con una palabra la mañana del día del primer debate, sería sin duda «pánico». Esto se debe a que FiveThirtyEight mostraba en su modelo que las probabilidades de victoria de Hillary Clinton se redujeron dramáticamente. Incluso, en algunos momentos, se discutió la posibilidad de que Trump tuviera mayores probabilidades. Con este escenario llegamos al debate. Sin embargo, es importante no perder la imagen completa de la elección antes de entrar en pánico sobre quién tiene ventaja en un momento en específico.

En el último año he insistido que Trump tiene un problema matemático y esto se debe a la demografía. Si queremos saber cómo se traduce el debate en votos, es necesario saber dónde está parado cada candidato y qué se espera de ellos.

En este proceso electoral tendrán derecho a votar 225 millones de estadounidenses. Existen diversas posibilidades de fragmentar al electorado, pero para los efectos de esta columna, centrémonos en tres aspectos: raza, género y educación. Los blancos son un grupo demográfico clave para el GOP; sin embargo, tienen un problema al segmentar a este bloque que representa el 70% del electorado. Trump tiene una amplia ventaja entre blancos sin educación universitaria (30, HRC; 62, DJT), pero el número se complica cuando observamos a los blancos con educación universitaria: 48%, Clinton; 39%, Trump. Su problema es particularmente complejo con mujeres con educación universitaria al perderlas con 25 puntos porcentuales. En cuanto a las minorías que, en su conjunto, representan el 30% del electorado, Trump pierde, en el mejor de los escenarios, por 50%.

Con base en lo anterior, ¿qué necesitaban hacer los candidatos en el debate para traducirlo en votos? Dicho de forma simple: hablarle a los segmentos que les ocasionan problemas.

Bajo esta lógica, el candidato republicano arrancó con fuerza al señalar el fracaso de «los políticos» e invitando al cambio. Su principal mensaje en un año electoral «antipolítico». Esto lo observamos particularmente con el comercio exterior —le habló a todos aquellos que se han visto afectados por el TLCAN al decir que México se llevó sus empleos. (¿A qué segmento le habla?) Sin embargo, como se dice usualmente en la preparación de candidatos en Estados Unidos, dejen a Trump ser Trump. Lo fue. Permitió que Clinton recuperara el control de los temas y mostró su falta de sustancia. Jugó a los 100 metros cuando era un maratón. (De nuevo, ¿a qué grupos demográficos puede importarles la sustancia?).

Por otro lado, Clinton es un perfil que no puede eludir ser parte del «business as usual». Sin embargo, apostó por el temple, disciplina y sustancia. Dicho en una palabra: ser presidencial. ¿Cuál fue la estrategia?, dejar suelto a Trump. De los momentos más adversos de Trump fueron cuando Clinton puso en la mesa cinco temas: (1) crisis de vivienda en el 2008; (2) la publicación de su declaración de impuestos al señalar que algo esconde; (3) el certificado de nacimiento de Obama; (4) la ley y el orden, concepto sensible para afroamericanos; y (5) Alicia Machado. En el primer tema, Trump dijo que era un «buen negocio». ¿Qué pensarán aquellos que perdieron sus casas? Segundo, Clinton sugirió que quizá no pagaba impuestos y Trump respondió que eso lo hace «inteligente». ¿Qué pensará el elector cuando un millonario no paga impuestos? Tercero, en lugar de disculparse por atacar al presidente por difundir mentiras sobre su lugar de nacimiento, dijo que su campaña fue un éxito al lograr que publicara su acta de nacimiento. Cuarto, Trump pide recuperar la ley y el orden, esto, para los afroamericanos se percibe detenciones arbitrarias y muertes injustificadas. Por último, atacar a la mujer que fue Miss Universo por estar «gorda».

Bajo esta lógica, ¿quién ganó votos?

jasalinasm@gmail.com
@salinasja