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ALDEA GLOBAL: Retos del Derecho Internacional Humanitario

ALDEA GLOBAL: Retos del Derecho Internacional Humanitario

Ago 30, 2014

Se cumplieron 150 años desde que se adoptó el primer tratado en materia de Derecho Internacional Humanitario (DIH), rama del derecho que regula la conducción de los conflictos armados y, por ende, es el resultado necesario de una causa indeseable.

Los antecedentes de esta rama del derecho están basadas en una premisa de inevitabilidad del conflicto, la discordia, la guerra, como consecuencia lógica de las relaciones humanas. Más allá de hacer una crítica filosófica a la premisa, el DIH busca regular los casos en los que un escenario bélico está presente.

Diversos teóricos sobre la guerra han establecido criterios para la conducción de la guerra; pensemos, por ejemplo, en la afirmación de Sun Tzu sobre la ventaja de atacar la estrategia del oponente y vencerlo intacto o capturarlo, nunca destruirlo. Estos antiguos, pero vigentes criterios, permean en la construcción teórica de aquellos tomadores de decisiones en aspectos militares. Sin embargo, si un actor decide dejar de lado dichos consejos, es necesario tener criterios a nivel internacional que regulen los conflictos armados.

El DIH es la especie dentro del género del derecho internacional de los derechos humanos. Su objeto es mitigar el sufrimiento humano durante los conflictos armados; por ende, únicamente podemos analizar la aplicación del DIH en contextos que se consideran conflictos armados.

Un conflicto armado es un término especial en el derecho internacional. Por su naturaleza, los conflictos armados pueden ser de dos tipos: de carácter internacional o de carácter no-internacional. Los conflictos armados de carácter internacional son entre dos Estados, y a pesar de que el Comité de la Cruz Roja en sus comentarios afirma que no es necesario hacer una valoración sobre la intensidad, escala y duración del intercambio bélico, existen matices sobre la pertinencia de estos criterios, aunque sea de forma limitada.

(La intensidad implica que el intercambio bélico sea constante y con una fuerza regular; el criterio de escala es la magnitud del ataque armado y la duración el periodo que duran los ataques).

Pensemos en casos obvios en los que es innecesario hacer una valoración sobre la escala, intensidad y duración, como fueron la Primera o la Segunda Guerra Mundial; pero, por otro lado, los recurrentes intercambios de misiles entre las Coreas no es propiamente un conflicto armado, es necesario que los ataques tengan una determinada intensidad, escala y duración.

Los conflictos armados de carácter no-internacional son más complejos porque tienen diversas configuraciones, veamos unos ejemplos: la primera posibilidad es entre dos grupos de actores no estatales que pueden ser dos grupos de liberación nacional o del crimen organizado. La segunda posibilidad se da entre actores no-estatales y a las fuerzas armadas de un Estado. En este caso pensemos en un caso que cambió el paradigma a nivel mundial: la guerra contra el terrorismo después del 9/11. Los conflictos armados de carácter no internacional requieren un mayor estándar en los criterios de intensidad, escala y duración, además de criterios específicos sobre la estructura interna de los grupos, territorio controlado, entre otros.

Una vez que podemos considerar la existencia de un conflicto armado, el DIH establece principios que se deben seguir durante la conducción de un conflicto armado para mitigar los efectos de aquellos que no combaten o que dejaron de combatir.

El primero de ellos es la distinción e implica poder determinar qué y quiénes pueden ser atacados; es decir, diferenciar entre combatientes y no combatientes. Ningún ataque debe estar dirigido a los civiles y se debe respetar a aquellos que ya no están en combate (heridos). El principio de distinción también protege aquellas cosas que son necesarias para ellos (hospitales, alimento, agua, etcétera). Las guerras civiles en Siria, el norte de Irak, Gaza y Ucrania deben seguir estos criterios y es el fundamento del reclamo a los actores cuando atacan territorios densamente poblados por civiles, hospitales y albergues.

El segundo de ellos es el principio de necesidad y tiene como objetivo regular las operaciones militares para no generar un daño innecesario a los combatientes adversarios. Toda operación militar ofensiva debe ser un último recurso. El tercero de ellos es el principio de proporcionalidad y regula las operaciones militares y su ventaja táctica. Es decir, un ataque no debe generar un daño excesivo a la ventaja militar.

Los retos del DIH son diversos por las nuevas modalidades de conflictos armados en el escenario internacional. La tecnología permite utilizar nuevas herramientas con fines bélicos que no permiten seguir los principios básicos del DIH, como lo fueron las armas químicas, atómicas o nucleares. En 1996, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió una opinión consultiva categórica sobre la legalidad en la amenaza y el uso de armas nucleares. En dicha opinión, la CIJ afirmó que la amenaza de uso y, por supuesto su uso, es ilegal porque no permite distinguir entre combatientes y no combatientes, difícilmente no ocasionará daño innecesario y su uso no será proporcional. En la emblemática opinión, la CIJ marca el inicio de una nueva época de retos en el escenario internacional.

En la actualidad, la existencia de situaciones que no permiten una fácil categorización como conflictos armados, por no ser propiamente guerra, pero tampoco paz (por ejemplo, pensemos en los programas de ataques selectivos de Estados Unidos en contra de presuntos terroristas vinculados con al-Qaeda en Paquistán, Afganistán, Yemen, Somalia, etcétera) crean escenarios complejos porque Estados Unidos no está propiamente en guerra con ninguno de estos países y, sin embargo, conduce ataques en su territorio sin autorización expresa y bajo un argumento de incapacidad realiza los ataques. Otro ejemplo complejo es el desarrollo de operaciones ofensivas en el ciberespacio, que pueden exteriorizar efectos en infraestructura crítica, como puede ser reactores nucleares, sistemas de abastecimiento eléctrico o presas.

El conflicto no es deseable ni es natural a la condición humana, pero ante importantes retos que resultan de las zonas grises como la guerra contra el terrorismo o derivadas de los desarrollos tecnológicos en el ciberespacio, colocan a los principios del DIH como un régimen jurídico de primera necesidad para la comunidad internacional.