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ALDEA GLOBAL | Sobredimensionar la respuesta

ALDEA GLOBAL | Sobredimensionar la respuesta

Nov 21, 2015

Dicen que después de la tormenta, llega la calma. Después de los ataques terroristas en Túnez, Turquía, Egipto (avión ruso), Líbano y Francia, no llega, ni llegará la calma en el corto plazo. Una semana después de los hechos, el Estado Islámico continúa su ofensiva en otros lugares del mundo, cada vez más estratégicos, precisos y coordinados.

En este año han realizado los siguientes ataques de alto impacto: el 26 de junio del 2015 atacaron Sousse; el 10 de octubre del 2015 atacaron Ankara; el 31 de octubre atacaron en el Sinaí; el 12 de noviembre en Beirut; y el 13 de noviembre en París. Cada uno de estos ataques merece el mismo nivel de apoyo internacional; sin embargo, particularmente relevantes los ataques en Ankara, al avión ruso en el Sinaí y el ataque a París. Particularmente porque los agraviados tienen un tamaño militar considerable y acuerdos con cláusulas de solidaridad en la defensa que serán detonantes importantes en la dinámica de los próximos meses.

La semana pasada comentamos que los ataques que dejaron 129 muertos en París mostraban un nuevo nivel estratégico por ser orgánicos o grassroots —_esto es que resultan de un trabajo propio en las comunidades, no se «importan» los atacantes. En la famosa serie Homeland hay una escena muy interesante que refleja un poco el análisis de la inteligencia respecto a hechos similares. El personaje principal, Carrie Mathison, se baja de un vehículo y se acerca a un jardín en el que únicamente se veía tierra. Se queda contemplativa durante un momento y cuando se acerca su hermana le comenta que así es como operan, están debajo de la superficie gestando su proyecto y luego salen a la luz. Más allá de los recientes —y certeros— comentarios sobre el prejuicio de la serie televisiva a los practicantes del islam, el retrato es interesante porque muestra la complejidad para las agencias de inteligencia a nivel mundial.

En un mundo interconectado, nadie está completamente a salvo. La respuesta debe ser interconectada. En los últimos días, hemos tenido tres acciones que me gustaría destacar. Primero, las declaraciones del presidente Hollande. Anuncia, por un lado, una nueva ofensiva porque Francia se encuentra «en guerra» contra el Estado Islámico, pero, por otro lado, hace un llamado a la máxima cooperación para enfrentar la crisis. Esto, a pesar que no implica invocar las cláusulas de solidaridad en el Derecho Internacional, sí abre la puerta a este debate en un futuro. Las cláusulas de solidaridad las podemos encontrar en el artículo 222 del Tratado de la Unión Europea y el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. Este tipo de disposiciones operan con una lógica muy sencilla: un ataque a uno, será un ataque a todos. Hasta el momento Francia insiste en que no puede la Unión Europea mantenerse distante y desintegrarse. Vaya reto. En respuesta a la narrativa de Francia, el viernes pasado un ataque terrorista fue llevado a cabo en la capital de Mali, donde los franceses desde el 2013 tienen una importante operación con botas en el suelo.

Segundo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSONU) aprobó la Resolución 2249 sobre el Estado Islámico o da’esh y cualquier otro grupo terrorista. Hay seis puntos que me parecen particularmente interesantes del texto: (1) determina que el Estado Islámico «constituye una amenaza global y sin precedentes para la paz y seguridad internacionales»; las fuentes afiliadas a al-Qaeda son consideradas también una amenaza; (3) invita a todos los Estados a cumplir con sus obligaciones en la lucha contra el terrorismo en las resoluciones 1373; (4) integra al Estado Islámico a la lista de grupos terroristas sancionados financieramente, creada en 1999 durante el apogeo de al-Qaeda; (5) llama a retomar el comunicado Ginebra I y reconoce el trabajo del grupo de Estados que apoyan la solución política en Siria, denominado ISIG, del cual hablamos hace tres semanas respecto al diálogo en Viena; y (6) permite usar todos los medios necesarios para contrarrestar al Estado Islámico. Particularmente quiero abordar el último punto. Su importancia radica en que el CSONU, como la única autoridad que legalmente puede permitir el uso de la fuerza militar, está autorizando a los Estados a utilizar los medios necesarios para combatirlo. Es la primera vez que se hace uso de este lenguaje desde la operación en Libia con la Reso. 1973 del CSONU. En suma, con esta resolución se establecen dos rutas en la lucha contra el Estado Islámico: por un lado, el sancionar el financiamiento a este grupo terrorista y, por otro, el uso de la fuerza militar en su contra.

Tercero, el problema migratorio seguirá poniendo en jaque a la Unión Europea. A pesar de los ataques, Hollande reafirmó el interés de mantener el compromiso de aceptar a 30 mil refugiados. La realidad obliga a ser mesurados. Casi 800 mil personas están en territorio europeo y se espera que el número sea aún mayor a finales del año, considerando que representa únicamente uno de cada cuatro refugiados sirios. Algunos hacen uso de la retórica barata para culpar a los refugiados de los ataques.

Ante esto, quiero abordar dos preguntas. Primero, ¿se logrará aumentar la seguridad con una nueva ofensiva? Difícilmente, por ello la relevancia del planteamiento que realiza el CSONU que, si bien no adopta una resolución con fundamento en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas —situación que la haría una resolución vinculante para todos los Estados miembro de las Naciones Unidas— sí muestra la disposición preliminar de escalar la respuesta en contra del Estado Islámico, pero ahora con una visión más integral. Segundo, ¿la respuesta está siendo la correcta? Creo que la vía institucional le permite contar con legitimidad y legalidad a una operación que va a demandar una movilización atípica para un grupo bélico de carácter no-estatal. El riesgo está en sobredimensionar la respuesta. En su libro Superpotencia, Ian Bremmer afirmó que uno de los errores de Estados Unidos en su respuesta a al-Qaeda es que la sobredimensiona. Moviliza demasiados recursos, generando costos altísimos en diversos frentes. Esto puede pasar con el Estado Islámico si no se opta por una ruta que premie la cooperación.

En términos reales, Siria es el resultado de la falta de estrategia al inicio de las manifestaciones en 2011. El vacío de poder que generó la guerra civil fue hábilmente ocupado por una organización terrorista que hoy tiene más capacidad y estrategia. Sin embargo, más vale tarde que nunca y estamos obligados a aprender del pasado para que después de la tormenta, pueda pensarse en que venga la paz.

jasalinasm@gmail.com
@salinasja