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ALDEA GLOBAL | #TheTreeAmigos

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Jul 9, 2016

En las últimas semanas se llevó a cabo la Cumbre de Líderes de América del Norte en la que participaron los representantes de Canadá, Estados Unidos y México. En el contexto de proliferación de los nativismos, es oxígeno demostrar que hay regiones que continúan apostando por su integración.

En términos reales, es una cumbre de la que se esperaba poco por el tablero de los líderes de cada uno de los países. Para el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, fue la primera ocasión en la que participa y se encuentra al inicio de su administración. En cuanto a Estados Unidos, su presidente tiene los días contados y enfrenta un complejo proceso electoral. En el caso de México, el presidente Peña Nieto cuenta con una aprobación históricamente baja y se espera un proceso electoral adverso para el partido en el poder. ¿En qué afecta este escenario? Que difícilmente se adoptarían compromisos jurídicos o políticos que demanden una movilización interna. Por ende, los resultados deben observarse a la luz de un paso incremental de agendas previamente establecidas.

Con ello, podemos observar tres temas que continúan en el tintero desde hace más de 20 años y se discutieron con el objetivo de mantenerlos en la agenda trilateral. Primero, el comercio en América del Norte. Como bloque, es uno de los más importantes a nivel global: en el 2015 tuvieron un comercio de 1.2 trillones de dólares; una población integrada de casi 500 millones de personas; 12 mil kilómetros de fronteras; y 20 millones de empleos directamente asociados con la relación trilateral. Sin embargo, como señaló Arturo Sarukhán, tenemos una frontera del siglo XIX, un instrumento jurídico del siglo XX–TLCAN–y flujos comerciales del siglo XXI (El Universal, Norteamérica 3.0, 22 de octubre de 2014).

Entre los resultados de la Cumbre estuvo la definición sobre el replanteamiento del TLCAN a través del Acuerdo Asociación Transpacífico. Esta será una de las próximas batallas que se tendrán en el Senado mexicano y debemos seguir de cerca. De igual forma, entre Canadá y México se tuvo un avance importante respecto a la cancelación del requisito de visa para mexicanos y la eliminación de tarifa a la carne canadiense que ingrese a México.

Segundo, la seguridad compartida. La interconexión entre los tres países es una realidad innegable que demanda una política clara que combata el tráfico de drogas, dinero y armas. Ninguno de los tres países se puede decir exento de esta responsabilidad. Asimismo, es necesario un sistema de asistencia a los países centroamericanos para combatir los contextos que obligan la migración y la movilidad de refugiados hacia Norteamérica. Esta política no debe limitarse a una transferencia de recursos a México para contenerlos —debe irse a la raíz del problema.

Tercero, los compromisos en medio ambiente. Los tres países tienen una amplia riqueza en recursos naturales; sin embargo, deben protegerse y, entre los compromisos políticos se encontró la reducción de la emisión del metano en un 40–45% a los niveles del 2012 para el 2025. Esto con el objetivo de que el 50% de la energía que se produzca en Norteamérica será de fuentes limpias para el 2025. El impulso que debe dar México en esta materia es sustantivo y deberá observarse la implementación de las reformas en la materia.

Es lamentable que la discusión interna sobre la cumbre se centrara en la imagen del saludo o la diferencia conceptual del populismo. Sin embargo, es reflejo de una administración federal que reduce su explicación al hashtag #mexicoglobal y sufre del olvido del #mexicanmoment.

Es necesario fortalecer el proyecto norteamericano y el escenario internacional. Los retos son mayúsculos, pero parte de hacer prioridad la visión norteamericana por encima de estrategias individuales. De los tres, uno.

jasalinasm@gmail.com
@salinasja