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ALDEA GLOBAL: Todos para uno y uno para todos

ALDEA GLOBAL: Todos para uno y uno para todos

Sep 6, 2014

La Cumbre de la OTAN en Gales es el momento para analizar la vigencia de los principios del modelo de seguridad colectiva frente a los retos globales de la actualidad.

La OTAN se fundó en 1949 con el objetivo de proteger la integridad territorial y política de los aliados frente a Rusia. Sin embargo, sus fines se diluyeron después de la caída del muro de Berlín y requirió “relanzar” su misión a través de la polémica operación en Kosovo. En 2010, los Jefes de Estado adoptaron un instrumento con el cual evolucionaron los objetivos y fines originarios para incluir la promoción de la agenda occidental en torno a principios como derechos humanos, promoción de sistemas políticos con fundamento democrático, entre otros. Sin embargo, y a pesar de la reciente revisión de sus tareas y principios, los retos y vacíos políticos actuales requieren de volver a redimensionar el rol de la alianza para atender la creciente crisis en Afganistán, la crisis en Irak y Siria, y la crisis en el este de Ucrania.

En la Cumbre de Gales particularmente se van a aplicar y redimensionar estos principios específicamente a tres retos globales con nuevas características: Afganistán, ISIS y la crisis en la frontera este de Ucrania. Primero, la crisis en Afganistán y es particularmente de tinte político. La etapa de reconstrucción llegará a una nueva fase una vez que las tropas norteamericanas dejen el territorio a finales de este año para transitar a un esquema de consolidación de seguridad, estabilización de regiones y la reconstrucción de la misma a un modelo de asistencia técnica con una limitada presencia de fuerzas militares en apoyo a Estados Unidos y a las fuerzas de seguridad afganas. Hasta el momento no se tienen cifras sobre la movilización de recursos económicos y militares para la etapa post-2014 ya que el año pasado las autoridades afganas rechazaron la firma del Acuerdo Sobre el Estatus de las Fuerzas (SOFA, por sus siglas en inglés) y negociaron un acuerdo bilateral de seguridad entre Estados Unidos y Afganistán.

Segundo, estabilizar la amenaza que representa ISIS o Estado Islámico en Siria e Irak. Este caso quizá representa la mayor amenaza en la actualidad para los intereses de la Alianza ya que por un lado, es una amenaza directa a la integridad territorial de Turquía, uno de sus 28 miembros. Por otro lado, es una amenaza creciente para desestabilizar (puede empeorar, aunque no se crea) aún más el Medio Oriente. El grupo terrorista transita en la conversión (al menos ideal para ellos) a un Estado terrorista, uno que exporte terror al mundo. Para muestra de ello tenemos la cantidad de cristianos, musulmanes de otras corrientes y periodistas asesinados brutalmente en las últimas semanas. No solamente es el control político, económico, sino exportar terror en estricto sentido. Ante esta realidad, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, escribió un artículo para impulsar una amplia coalición para detener una amenaza que comienza a ser global (“TheThreat of ISIS Demands a Global Coalition,” The New York Times, 29 de agosto de 2014). La coalición ya comenzó a construirse y hasta el momento presenta dos problemas. El primero de ellos es su construcción y la necesidad de fragmentarla en dos niveles para efectos tácticos: internacional y regional. A nivel internacional la coalición no generará muchos problemas en su integración; de hecho, en la Cumbre de la OTAN fueron diez los países que ya se sumaron a este esfuerzo, entre los se encuentran Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Australia (aliado no miembro), Alemania, Canadá, Turquía, Italia, Polonia y Dinamarca. En realidad no existe una marcada disparidad en los intereses de estos miembros y de entrada se menciona que la asistencia sería técnica y aérea. A nivel regional sí hay implicaciones importantes, comenzando por la cooperación con el gobierno de Assad para contener la expansión. A nivel operativo resulta complejo segmentar la asistencia militar para que la oposición “moderada” en Siria sea quien vaya al frente de las operaciones, dejando fuera al gobierno sirio. Por ello, de suyo implicaría, por un lado, el diálogo que fortalecería al gobierno que tienen tres años tratando de sacar del poder y, por otro, enfrentar el riesgo de que un gobierno con una tendencia a favorecer a una minoría en la región pueda lograr negociar la inclusión de las distintas corrientes religiosas y culturales.

El segundo problema es la ausencia de una “amplia coalición”. Los diez países que ya integran un primer esfuerzo internacional son relevantes, pero no son suficientes para que legal y políticamente se logre una alianza más sólida. Me refiero a la notoria e intencional omisión de China y Rusia, miembros permanentes del foro encargado de solucionar este tipo de amenazas a la paz y seguridad internacionales. Su ausencia pesa y particularmente por la vinculación de uno de ellos en torno al tercer reto: Ucrania.

Tercero, el Este de Ucrania tiene varios meses inmerso en una crisis entre proxies rusos y el gobierno de Ucrania. (Para más detalle, puede ir a mi columna del 23 de agosto de 2014 en estas páginas). Se logró provisionalmente un acuerdo de cese al fuego, pero hay diversos aspectos que nos permiten dudar sobre su permanencia. Por ejemplo, el gobierno de Ucrania concede provisionalmente el territorio ganado y promete otorgar mayor autonomía sin que se dé una mayor división. A primera vista podemos ver con optimismo el logro, pero difícilmente los proxies rusos dejarán de utilizar la asistencia del Kremlin para avanzar estratégicamente en el país.

Como podemos ver, estos tres retos globales ponen a prueba la vigencia de los principios de la OTAN como un actor, un foro y un recurso en el concierto de naciones. Sin embargo, estas medidas son una respuesta al alarmante impasse que impide lograr acuerdos más amplios para solucionar cada una de las crisis. Ante esto, los resultados pueden ser diversos y dependen del caso particular; sin embargo, sí es necesario apelar al ejercicio del liderazgo para estabilizar las amenazas que ante una realidad con amenazas mucho más dinámicas que pueden tener impacto en todo el orbe.

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