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Alianzas y congruencia

Durante los últimos meses se han discutido de manera constante en la escena política el tema de las alianzas, particularmente las que se han dado entre el PAN y el PRD, y el punto culmen que tuvo la semana pasada cuando Andrés Manuel López Obrador “rompió” con la dirigencia de su aún partido por haber aprobado por mayoría del consejo perredista la consulta a los ciudadanos del Estado de México para conocer su opinión sobre una posible alianza con Acción Nacional para la elección de gobernador en dicho Estado.

 

Varios son los puntos a tocar, por ejemplo, cómo se sobredimensiona esta elección; para los aliancistas ganar esta contienda significa asestarle un golpe mortal a Enrique Peña Nieto en sus aspiraciones por el Ejecutivo federal, y para los peñistas ganar significa, en su lógica, tener la elección presidencial en la bolsa; falsas premisas ambas, en las últimas dos elecciones presidenciales el PAN ha ganado la elección y el PRI ha conservado el Estado de México; entonces no es condición ganar una para ganar la otra; el tema se convierte más en mediático que en realidades tangibles.

 

Pero resulta llamativo que una buena cantidad de analistas, periodistas, y que decir de la dirigencia del PRI, descalifican de todas las maneras posibles las alianzas entre quienes, en estatutos, tienen ideologías opuestas; sin duda parece, de entrada, que tienen razón, pero habría que analizar algunas cuestiones.

 

Parto de que dichas alianzas cumplen con la legislación electoral, esto a pesar de que en el Estado de México se modificó para hacerlas más restrictivas y limitar sus ventajas competitivas; entonces no son ilegales, y se encuentran contempladas en la norma electoral, por lo que en ese tenor no existe problema alguno; si bien se puede considerar que son esquemas coyunturales y oportunistas, también es cierto que PAN y PRD tienen la oportunidad de llevar estos acuerdos a esquemas de gobierno; es evidente que en estos momentos se requieren de acuerdos no ideológicos; se requieren acuerdos prácticos que permitan la civilidad política en temas fundamentales, que desemboquen en mejores reglas del juego; que permitan un entramado legal que desatore al país del atolladero en que se encuentra, y eso, definitivamente, requiere de las voluntades de más de un partido político.

 

La principal crítica es la divergencia ideológica; ¿pero dónde estaban la mayoría de estas voces cuando el PRI hacía y hace alianzas con su sector ecologista, es decir, con el Partido Verde, o con la franquicia de la maestra Elba Esther Gordillo, su sindicato y su partido Nueva Alianza?

 

Claro, resulta mucho más cómodo cuando estos partidos satélites carecen de cualquier formación ideológica y pueden, como el PRI, conservarse en ese cómodo espectro del centro, que va desde el liberalismo social de Salinas a los esquemas tecnócratas del gobierno de Zedillo, y hasta esquemas populistas y estatistas como los de López Portillo y Luis Echeverría; cuestión que por cierto le permite al PRI estar dentro de la Internacional Socialista; sí, así han sido siempre, ambivalentes y bipolares, al igual que sus aliados.

 

Ojo, mi crítica no es jurídica ni purista, sólo trata de poner en perspectiva lo que han significado las alianzas entre los partidos mexicanos, tan criticables unas como las otras, pero esto dentro del marco ético exclusivamente; ¿qué no les gusta?, fácil, que se modifique el COFIPE y de igual manera sus símiles estatales para no permitirlas, lo demás es gastar tinta, no inútilmente, pero sí con el hígado más que con la razón, empezando por AMLO, que en su soberbia perderá otra vez la oportunidad de ser presidente y muy probablemente le de el empujón necesario a Peña Nieto y al PRI para que regresen a Los Pinos, con un falso discurso sobre la congruencia, y vaya lección la que le dio un político, que sí es congruente, como Alejandro Encinas; en fin, así es este juego de la democracia mexicana, nos guste o no.

 

E-mail: vicente_viveros@mexico.com

One comment

  1. alfredo /

    nada que me cai el 20 de las alianzas,entre la extrema derecha y la extrema izquierda dizque los nuevos tiempos politicos dicen en su lectura modernista de alta alcurnia y de prosapia democracia, en estos tiempos la verdadera democracia es el de engañar y jugar que somos democratas modernos dialogar con los extremos, a los mmismo que puedo insultar y vilipendiar y despues unirme para joderme a otro, vien decia el principe, el fin justifica los medios, me importa un soberano cacahuate el pueblo la sociedad a la que aspiro dirigir, yo solo quiero llegar al poder no importa que pára ello tenga que venderle el alma de mi madre al diablo, con tal de logra mis objetivos, es decir no tengo principios ni etica solo tengo inetreses y esos son los que me interesan, es la lectura de juan sinmiedo y del diablo en las uniones de politicos para destrozarse y despues amarse, los unos a los otros, a que tiempos señor don chingon