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Análisis: Entender los nuevos tiempos

Análisis: Entender los nuevos tiempos

May 20, 2017

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Por Carlos A. Anguiano Zamudio

En todos los tiempos y lugares, el quehacer político se ejerce sorteando una brecha que separa al gobernante, al poderoso, al político, de la muchedumbre, de la masa, de la gente. Desde el ropaje y atuendo, la diferenciación se hace notar de manera contundente.  El uso de túnicas, guirnaldas y capas, brillantes uniformes, galardones, insignias, trajes, bastones, pelucas, pines distintivos e iconos de poder, se han visto desde cesares, tribunos, emperadores, zares, reyes e incluidos los cortesanos, parlamentarios, presidentes, dictadores y actores políticos según ha registrado la historia mundial.

La distribución social del trabajo también les asignó a los políticos roles y funciones diferentes a las de las personas ordinarias. Partiendo de la diferencia básica que se encuentra en la posibilidad de decidir, de ejercer el poder, de mandar, de que unos pocos dirijan los destinos de los muchos.

Desde los sistemas más extremos, como las tiranías y dictaduras, hasta los más horizontales, como los regímenes democráticos maduros, la cantidad de personas que acceden al poder ha sido y es reducida, compacta y pequeña en relación a la población gobernada. Los sistemas de representación propician que una persona sea empoderada para hablar y representar a grupos y comunidades. Se supone que a través de ellos se hace sentir las demandas, inquietudes, reclamos y anhelos colectivos.

EL HARTAZGO

Bajo ese contexto, la distancia, el rencor acumulado, el agravio por el incumplimiento, por los abusos, por los escándalos cometidos por los políticos, que nunca han faltado y ahora se hacen más visibles y comentados a raíz del imperio de las redes sociales y del creciente uso horizontal de la comunicación política, hoy por hoy, la dificultad de conectar con una audiencia, de lograr apoyo popular por parte de un político proveniente de sus representados, se ha vuelto una labor compleja y una situación que pone en crisis a los políticos, llegando al extremo de jubilar anticipadamente a los jugadores que no han sido capaces de adaptarse a las nuevas demandas del juego, al cambio de reglas políticas. Quizá lo que más trabajo cuesta aceptar para los poderosos, es que sea la base social, el conjunto de personas, la comunidad, la que está imponiendo las reglas, marcando los tiempos y fijando el formato aceptado para que los políticos intenten la conquista. Es un hecho que  la masa social, está empoderada, envestida de poder real y ansiosa de oportunidades de tomar el control del gobierno, dirigiendo a los políticos por caminos nuevos, construidos por la sociedad, para transformar lo público desde lo privado.

UNA AUDIENCIA CONTESTATARIA E INFORMADA

Hoy la gente exige que se le trate y se le hable de manera diferente. Atrás quedaron los tiempos en que creían todo lo que se les dice y compraban todas las que se les vende. Hoy, el discurso propio, el uso de lenguaje culto, empleando tecnicismos, cifras y datos técnicos, no es suficiente y ya no cautiva a nadie. Los políticos de ahora, enfrentan una audiencia repelente, refractaria, contestataria, informada, que cuestiona, que es incrédula, que es punzante y desconfiada. El ciudadano rechaza mítines, discursos y arengas ideologizantes, promesas vagas e ideas sin explicaciones cuerdas.

La nueva encrucijada es cómo ajustar el verbus político al verbus populi.  El ciudadano en su más amplia mayoría, gusta de hablar directo, sencillo, franco y sin rodeos. Acepta deformar al idioma, dobles sentidos, el uso de sarcasmos y bromas… de otras personas, pero no de un político. A ellos les exigen propiedad, calidad, contenido y respeto. Cuestionan que sean estirados y excesivamente formales. Critican y cuestionan si un político se equivoca, pues les exigen casi la perfección debido al hartazgo, traducido en impaciencia y a la frustración trasladada en rencor. La gente detesta la arrogancia y la presunción del político. Paradójicamente, la gente quiere que el político sea diferente, sea neto, sea ordinario, hable y se porte como la banda, pero al mismo tiempo quiere que el político no finja y no actué, y termina demandando que el político les hable, se comporte y actué con sumisión, docilidad, calidad y calidez.

El momento comunicacional actual exige decir la verdad ante cualquier situación. Ser oportuno y decir las cosas cuando ocurren, sin esconderlas ni maquillarlas, evitar hablar en primer persona y utilizar siempre el plural para ser incluidos y comprender en qué equipo, con quiénes y en qué parte del juego estamos localizados ante el político. Es tiempo de decir que, y explicar el cómo se va a hacer. Es momento de balancear el uso de las emociones con el convencimiento de las razones. La gente espera mucho más de los políticos que un asalto burdo a sus emociones y sentimientos.

Sociológicamente la comunicación política debe atender las necesidades sociales inherentes a la propia especie humana, en especial las meta necesidades o superiores, como las de pertenencia, identidad, trascendencia, entre otras, que constituyen un marco de valores que explican y condicionan toda una serie de deseos y de conductas de las personas. Debido a que las necesidades humanas nunca se agotan, no se podrán nunca satisfacer completamente. Los seres humanos siempre permanecen en un estado de carencia relativa. El político buscará llenar vacíos y acercarse en cortejo al ciudadano que pasa por una etapa de coraje y agravio traducido en ruido, en distorsión, en conflictos potenciales y en crisis.

La ruta viable es dirigir mensajes cortos, balanceados entre lo racional y lo emotivo, que conviertan el dolor en placer, pues son los dos extremos de la comunicación que mueven y activan las fibras más sensibles.  Al final, la sociedad es un conjunto sistémico interconectado, sustentada en estructuras sociales. Y está conformada por individuos, que por más diferentes que seamos y a pesar de la diversidad de nuestras costumbres, siempre estaremos unidos por la identidad de nuestras funciones y necesidades comunes.

www.inteligenciapolitica.org

@carlosanguianoz en Twitter


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