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Análisis: Vigentes las ideas de Aristóteles: Persuasión política, entre logos, pathos y ethos

Análisis: Vigentes las ideas de Aristóteles: Persuasión política, entre logos, pathos y ethos

Abr 6, 2017

 

Por Carlos Anguiano // 

La persuasión está presente constantemente en la vida de las personas. En algunas etapas es inconsciente, en otras, es voluntariamente aceptada la influencia directa sobre nosotros. Influyen sobre nuestra percepción, sobre todo las personas que integran nuestro grupo primario, es decir, aquel en que cada uno de los participantes pueden entrar en relación directa, personal, íntima, con los otros, sin intermediarios, cara a cara, sin estar ligados por obligaciones contractuales, sino por sentimientos comunes y lealtades compartidas. Aquí se encuentra la familia y los amigos más cercanos, quienes se convierten en piedras angulares de influencia y recomendación sobre nosotros.

También tienen influencia, en menor grado, personas con las que convivimos en grupos secundarios, provenientes de organizaciones e instituciones donde las relaciones entre sus miembros son indirectas, pero tratan de alcanzar determinados objetivos, idénticos o complementarios, dentro de una misma estructura de funcionamiento. Ejemplos de ello lo son los partidos políticos, asociaciones civiles, clubes, organizaciones intermedias de la sociedad civil. Su nivel de penetración puede ser amplio y permear sobre nosotros silenciosamente.

Después de estos principales grupos, podemos también ser persuadidos al convivir con grupos sociales, de interés, de pertenencia, de presión o de referencia. Al final, la vida en sociedad obliga a dejar de lado el aislamiento y abrir nuestra manera de conocer y relacionarnos con el mundo con cantidades numerosas de personas, que ingresan a nuestra conversación, a nuestra cotidianidad, a nuestra convivencia y, por ende, ejercen importantes impactos sobre nuestra mente, logrando incidir en nuestras ideas, comportamiento, cultura y anhelos.

Pretender ser inmune y mantenerse repelente a los embates de dichas influencias sociales, es tarea más imposible que los trabajos de Hércules. La influencia nos acecha y nos embiste directa e indirectamente. Una de las influencias más amplias y de impacto permanente es la del proselitismo político, que viaja en discurso, propaganda, noticia, rumor, plática de pasillo, discusión entre amigos, así como en diversas formas que la esconden, la matizan, la suavizan y la hacen presente en nuestro espacio íntimo, llegando hasta a nuestros hogares e inundando silenciosamente nuestro tiempo de recreo, de ocio, de estar con la familia. La política ejerce persuasión sobre nosotros, como lo dijo Luis Donaldo Colosio, todo el tiempo, en todos los lugares, nos demos o no cuenta. Quienes vivimos en ciudades medias y más aún quienes lo hacen en zonas metropolitanas grandes, somos cautivos receptores de infinidad de mensajes, de ataques persuasivos constantes, de intenciones profesionales de incidir sobre nosotros con fines políticos determinados, apuntalando liderazgos, conquistando voluntades, hábitos de consumo y elección de gobernantes.

EL PODER DE LA COMUNICACIÓN  

Vivimos en una línea del tiempo marcada por los periodos de gobierno y por el periodo de las campañas electorales, el primero, para difundir el ejercicio del poder y el segundo para conquistarlo o retenerlo.

Actualmente podríamos decir que nos encontramos en una fase previa a que se desdoble el poder de comunicación política de partidos, fuerzas, candidatos y gobernantes, que inundarán de manera intoxicante nuestro espacio común, el espacio público, nuestros medios de comunicación e incluso invadirán, como es la nueva tendencia, incluso nuestro espacio privado con proselitismo, eslogan, discurso, carteles, anuncios, banderas, impresos, calcomanías y demás herramientas para captar nuestra atención, dar a conocer mensajes e incitarnos a movernos a la acción en dirección que nos propondrán descaradamente.

La política democrática persiste en viajar por 3 canales eficientes, dados a conocer por Aristóteles en su obra «La retórica», mismos que mantienen vigencia en nuestros días:  logos (razón), pathos (emociones) y ethos (credibilidad). Estas tres palabras griegas enuncian los caminos de la política en formas propagandísticas de uso ordinario.

Los argumentos desde Logos están ligados al uso de los hechos. Esta categoría incluye datos, información, estadísticas, fechas importantes y todo tipo de razonamiento. Muchos disertantes se basan en una estadística o en una fuente de información fehaciente para justificar sus argumentos. Logos apela al mensaje en sí, y se apoya en evidencias lógicas recurriendo a la razón y a la inteligencia de la ciudadanía.

Los argumentos desde Pathos tienen en cuenta provocar las emociones de las personas. Este modo de persuasión apela a sentimientos como la felicidad, la tristeza, la esperanza, el orgullo, entre otros. Estos argumentos son de orden puramente afectivo y están vinculados al receptor del discurso, impactando al elector.

Los argumentos desde Ethos tratan de explicar quiénes son y cómo se conecta con los ciudadanos. Apelan a la honestidad, autoridad del político y su credibilidad. La persona que propone un argumento debe ser digna de confianza y respetada por tener conocimiento sobre el tema en discusión. Es por ello que debe lograr que la ciudadanía le perciba en una posición de autoridad e integridad.

En conclusión, estos tres modos de persuasión resumen lo que un buen político debe incluir: tener credibilidad, despertar emociones y ofertar propuestas con base en la razón.

Se suele cometer el error de basar toda la argumentación persuasiva en los datos, la teoría y los hechos (logos) descuidando los otros dos, especialmente la apelación emocional que recurre a la sensibilidad y a los sentimientos (pathos). Nos dejamos convencer por una persona que transmite experiencia, confianza, simpatía, seguridad, honestidad, respeto, cortesía; en cambio, nos ponemos a la defensiva cuando es antipático, inexpresivo, inexperto (ethos). Olvidamos que la emoción mueve a la acción más que la razón. El uso equilibrado de los tres elementos debe resultar en imagen, mensaje, plataforma y propaganda que generen credibilidad, alcanzando un equilibrio entre los argumentos lógicos y los emocionales, presentándole a los electores candidatos, spots y mensajes con atractivos emocionales para poder atraer la atención del público e influir en su percepción para ganar las elecciones.

Aún antes de empezar la campaña presidencial de 2018, me atrevo a afirmar que los mexicanos estamos intoxicados y repelentes a los datos, dudamos de casi todas las fuentes políticas de información (logos); tenemos recelo y suspicacia hacia las marcas partidistas y sus posibles candidatos (ethos) y por desgracia, la palanca que mueve a la mayor cantidad de electores hacia el voto está basada en la manipulación propagandística de la emoción (pathos).

Web: http://www.inteligenciapolitica.org

@carlosanguianoz en Twitter