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ANÉCDOTAS DE UN ESTADO IGNORANTE

ANÉCDOTAS DE UN ESTADO IGNORANTE

Ago 13, 2011

Que miles de habitantes de Jalisco no conozcan a Pixie de los X-Men y la confundan con El Hada Mágica de los Guayabos, al punto de que un vividor hizo literalmente su agosto al cobrar por verla, sólo es una evidencia más de los niveles de estupidez e ignorancia en los que se encuentra el Estado. Nadie obtendría el Nobel –o un doctorado– por conocer a los personajes de Marvel Comics, pero aceptar la existencia de hadas en una sociedad mayoritariamente católica demuestra que hay varios funcionarios públicos –y privados– que hacen muy mal su trabajo.

 

En primer lugar se encuentran las autoridades de procuración de justicia: un estafador se lleva las portadas de varios diarios por dos días consecutivos y no hubo pesquisas ni detenciones. Como si fuera tan difícil enviar policías y ministerios públicos encubiertos a visitar al “Hada de las transas”. Sin duda era un trabajo para Scotland Yard –tan ocupado con los disturbios del Tottenham– o el MI6 británico. El mensaje que da esta indolencia gubernamental es que los defraudadores tienen carta libre, aún si es público y notorio que engañan a las masas.

 

En segundo término se encuentran las autoridades educativas. ¿En la educación básica y media no le explican a la gente que no existen hadas, duendes ni chibigones? ¿O es que las explicaciones no son convincentes? ¿Existe un destacamento de profesores de primaria que creen en gnomos y usan la Ouija? ¿En el Gobierno del cambio, tan demócrata cristiano, no existe suficiente enseñanza científica o es que la formación en valores incluye leer el horóscopo?

 

Mi iglesia también tiene culpa en el asunto. Los voceros católicos, tan dispuestos a opinar de todos los temas seculares que les ponen enfrente, no dijeron pío –ni exclamaron “Annwyl Duw!”, para seguir con la onda galesa de Pixie– sobre el hecho de que hubiera una reverencia irracional a un personaje pagano en su comunidad. Resulta más fácil predicarle al coro –los que vamos a misa ya nos recetamos todas esas peroratas– y que, en los hechos, miles de bautizados sigan con las prácticas del tarot, la adivinación, los hechizos y otras estupideces totalmente contrarias al catolicismo.

 

Por ello, no extraña que El Universal del pasado viernes difundiera que un estudio emprendido por el profesor Philip Schwadel –de la Universidad de Nebraska-Lincoln– señaló que “los no creyentes suelen ser más educados, más tolerantes y conocen más sobre Dios que aquellos que se declaran devotos”, o que el psicólogo Phil Zuckerman aseguró que “los no creyentes suelen ser más éticos, se oponen a la pena de muerte, a la guerra y a la discriminación, a diferencias de los religiosos que apoyan causas más radicales”.

 

Más allá de la risa, la preocupación por estos asuntos de idolatría e ignorancia no sólo debe centrarse en el campo espiritual, sino que también debe enfocarse en el muy terrenal y prosaico campo económico: a pesar de que Honda ya tiene una planta en El Salto, Jalisco, sus nuevas instalaciones se ubicarán en Celaya, Guanajuato. Una inversión de 800 millones de dólares y la creación de tres mil 200 empleos se fueron para otro Estado, porque Jalisco no convenció a la automotriz japonesa. ¿Qué ofrece Guanajuato que Jalisco no tiene? Aunque nos duela, la respuesta es que en El Bajío y Querétaro hay una vocación mayor a la ciencia, tecnología e industria, que en la tierra del tequila y el mariachi se sustituye por la afición al zodiaco, hadas y brujería. ¿Usted invertiría su dinero en un lugar donde la gente hace peregrinaciones para venerar hadas de plástico? ¿Qué evidencia de educación y formación industrial aporta este tipo de idolatría?

 

En suma, a pesar de ser tierra de mochos, en Jalisco abundan los adoradores de entidades paganas y faltan los creadores de Ciencia y Tecnología. Las procesiones para ver a Pixie y la pérdida de inversiones para Jalisco no son únicamente anécdotas de un Estado ignorante, además son historias de una estupidez creciente.

 

E-mail: oscarconstantino@gmail.com