Portal informativo de análisis político y social

ATLAS Y SU POBRE, CADOTECNIA

ATLAS Y SU POBRE, CADOTECNIA

Ago 20, 2011

Atlas tiene algo invaluable más allá de sus clubes que lo hacen fuerte como institución, en el futbol tiene algo que no tiene precio y para muchos tampoco explicación: su afición, la bien llamada Fiel rojinegra. Hay muchas formas de querer, pero una sola de amar, y que juntas se confunden. Uno puede querer de una manera distinta a la compañera (o) de vida, a los hijos, a los padres, a los hermanos, a los amigos, y amarlos de una sola manera, porque el amor es uno solo.

Y es así como uno escucha casi los mismos pretextos o justificantes, o llamémosle razonamientos, por parte del aficionado rojinegro cuando se le pregunta el o los por qués de su preferencia, gusto y amor por el Atlas.

“Porque juega bonito”, “por sus colores rojo y negro”, “porque es el equipo del tercer milenio”, “porque es el que ganó el primer título (pero no el único) para el futbol de Jalisco en la era profesional”, “porque fueron los académicos”, “los amigos del balón”, “porque saca buenos jugadores de sus Fuerzas Básicas”, “porque no soy de la cargada o borregada”, “porque soy diferente”. Todos estos son buenos motivos, pero no hay uno que diga “porque gana títulos constantemente y siempre está entre los primeros lugares”, y no lo hay porque no sucede así, lamentablemente para sus seguidores.

Diferentes motivos y por ende formas para querer al Atlas; pobres, sí, pero lo que le da riqueza a estas formas, a la afición rojinegra, es el inmenso amor que este equipo recibe y porque aquí se cumple a cabalidad aquello de que “quien más ama, es quien más sufre y recibe menos”. O será porque a forma de consuelo la Fiel atlista se dice a sí misma: “Quien te quiere te hará sufrir”, y vaya que ha sufrido a lo largo de la historia, más lo que le falta, ¿o será que ya están próximos los tiempos de “vacas gordas”? Difícil, la verdad.


INCREÍBLE MERCADOTECNIA

Y así, por todo lo anterior, un equipo que tiene poco para presumir, que sus vitrinas son pobres porque sus blasones son pocos, resulta increíble que venda y se venda a sí mismo. Que aunque pobre, su mercadotecnia sea efectiva.

Un Atlas que vende sufrimiento, que gana seguidores quizá por su pobreza o debilidad ante los demás, porque no se raja, porque ahí sigue sin miedo a nada ni a nadie, peleando de tú a tú, así termine superado. O que como en el boxeo, gane en el último minuto del último raund por nocaut, una pelea que parecía perdida, o rescate de igual manera el empate. O porque aunque muera en ese partido, haga que su rival termine de hinojos, al límite, y reconociéndole el haber vendido cara la derrota.

Quizá por esa pobreza y debilidad, que le han creado sus directivos, nadie más, gana simpatías, y por su propia mística que ha creado en el campo de batalla, en la cancha, termina robando el corazón de sus seguidores. Alguien definió, y lo he escuchado de más de un seguidor rojinegro lo que me parece pinta de cuerpo entero a este equipo y al perfil de su seguidor: Atlas representa el encanto de un equipo de contrastes; el placer de la esperanza y el infierno de la realidad, es heroísmo y abnegación pura.

Así o más sufrido, porque la esperanza es un jugo que se mezcla con cualquier bebida, así como es placentera, es dolorosa, es angustiante, desesperante; y a veces, de antemano se sabe será inalcanzable, pero queda como una aspirina para resistir el tiempo, aunque después suframos lo terrible que resulta verla morir al lado de los sueños, o disfrutar la extrema felicidad de verla llegar a buen término.

Atlas tiene más de un millón de seguidores, seguro. Es en sí un fenómeno en nuestro futbol no local, sino nacional. Es una de esas raras joyas, aunque sus detractores no lo acepten, aunque a los Chivas (su odiado rival) les moleste. Y que a pesar de todo sigue de pie.


LA NUEVA GENERACIÓN

Pero Atlas a finales de los 90’s, bajo el mando del técnico argentino Ricardo Antonio LaVolpe, sumó a su séquito un enorme número de jóvenes que se identificaron con ese nuevo rostro del Atlas, que con una base también de jóvenes de su cantera formó un equipo ganador, de buen trato con la pelota, y que llegó a su primera final, tan ansiada y esperada en 1999, aunque haya perdido en penales –malditos penales– ante Toluca en el mismísimo Infierno de La Bombonera. Ha sido una de las finales más emotivas y disputadas en los últimos años en el futbol mexicano.

Aquí surgió una nueva generación de seguidores atlistas que se identificaron ya no con el perfil derrotista, conformista de “le voy al Atlas aunque gane”, no; fue el nacimiento de una nueva generación exitista, que hoy exige y reclama, que debate con cualquiera de frente y espera que su equipo regrese a las alturas, al placer de las victorias en lugar de aguantar la vergüenza de las derrotas.

Esa generación que metió en su corazón al Atlas, que se ganó su lugar en el estadio, y hoy espera la respuesta a sus deseos, a su entrega. Aunque sigue adoptando la filosofía de que si no se juega bonito y se gana bien, a placer de sus necesidades como rojinegro, mejor que no sea campeón.

Hay tiempos para todo, y hoy el horno atlista no está para bollos, en esa se vieran. Hoy como nunca ya necesitan un campeonato, pero como está el panorama actual, se darán por bien servidos con que el equipo se mantenga en Primera División Nacional, porque el descenso es lo más parecido a la muerte y Atlas ya lo sufrió en tres ocasiones. Otro descenso y como está de grave la crisis económica en este equipo, podría ser ahora sí mortal.


CUANDO EL CAPRICHO DESPLAZA A LA RAZÓN

Atlas sufre hoy las consecuencias de graves errores en su directriz, de malos manejos, de torpes decisiones. Y cuando el capricho se impone, desplaza a la razón, se paga un precio caro. Hoy Atlas se queja, pero el dolor apenas comienza, la enfermedad ya rebasó la primera etapa, es urgente que no llegue a la fase terminal.

¿Habrá tiempo para curar heridas, para lavar errores? Parece que no. Parece que sólo queda una salida: la venta del equipo. Lamentable, dolorosa, pero necesaria, según juzgan los propios directivos.

A lo largo de su historia Atlas ha resistido el ser producto del capricho de sus directivos, de la necedad en la toma de decisiones, y aquí está el resultado. Han abusado de la nobleza de su afición, de su Fiel rojinegra que ya comienza a rebelarse, aunque parece ya todo salió de control y alguien tendrá que venir, de fuera, al rescate.

Ha comprado jugadores a precio caro y los ha vendido más baratos, ha fallado en las negociaciones. No tiene un proyecto definido no sólo para salvar al equipo del descenso, sino para pensar más allá, pues una cosa llevaría a la otra, es decir, a conquistar de nuevo un campeonato.

Jugadores que surgen de sus Fuerzas Básicas no sabe retenerlos, dentro de un proceso, para cubrir necesidades propias y evitar malas compras, y así encaminarse a lo urgente. No, se debilita y se ahoga en medio de su desesperación económica y se ciega hacia lo deportivo.

Y no hay quién ponga remedio ni freno a esta caída libre. Y cómo o de dónde, si fueron tan necios, tan ciegos para reelegir a una directiva que había fracasado en todo. Esto es grave, pero más grave sería que hayan votado por la reelección tratando de cubrir algo sucio; como siempre, sólo por capricho; o por el simple hecho de entrarle a lo que serían los últimos negocios en Atlas.

Lo dicho: no existe grado de comparación entre el amor que profesan los seguidores rojinegros, con el que dicen sentir sus directivos, que lo ven morir y ni los Santos Óleos, que lo ven caer y más lo empujan. Ojalá no estén fabricando el último clavo para el ataúd, ni la cruz para la tumba.

Porque no se ve que estén haciendo lo contrario. Si me equivoco con gusto recibiría la mentada de madre, al fin que en este Estado se puede mentar madres con la venia del Cardenal, ¿verdad Emilio? De lo contrario… ya saben quiénes tienen en sus manos el destino del Atlas.

 

E-mail: patabola@hotmail.com