Portal informativo de análisis político y social

Carta a la generación del diálogo

Ser joven en México el día de hoy dista mucho de ser fácil. Mi generación les ha dejado un México con escasas oportunidades para su desarrollo profesional y con muchos, muchos más retos que recursos.

 

Como generación, los políticos de mi edad les hemos fallado. Algunos hicimos grandes esfuerzos, varios hasta fuimos a dar a la cárcel por defender la libertad de expresión, la democracia y la equidad entre todos los mexicanos. Pero nuestros frutos no fueron suficientes.

 

Seguramente todos los políticos de mi generación pueden reconocer que quisiéramos haber logrado más. Basta ver los índices de inseguridad por los cielos y los índices de pobreza por los suelos para saber que no estuvimos a la altura de lo que México nos demandaba.

 

Por ello, en lo personal les pido una disculpa. Hice mucho, pero quisiera haber logrado más. Quisiera que hoy tuviéramos una democracia consolidada, y no una amenazada y tambaleante. Que a nadie se persiguiera por expresar su pensamiento, que a nadie le faltaran esas básicas expresiones de la dignidad humana que son el alimento, la medicina, la educación. También que la justicia y la seguridad fueran algo más que una utopía.

 

Creo que la raíz de nuestra inefectividad política como generación fue nuestra propensión a formar bandos y facciones, sin jamás escucharnos del todo ni ser capaces de entablar un diálogo sincero y productivo.

 

Ya desde nuestra formación académica, se reconocía que había universidades de derecha y universidades de izquierda, cuando estos conceptos eran considerados obsoletos en gran parte del mundo. Nuestros propios maestros nos adoctrinaban en sus ideologías, sin ser capaces de enseñarnos la más necesaria cualidad de un líder político: la tolerancia. Más que ser educados, éramos reclutados. Convertimos las ideologías en armas y en trincheras, con una concepción bélica de la política.

Por ello, hoy somos un país separado por la política. Una casa dividida por conceptos ideológicos. Una sociedad en la que se echa mano de la etiqueta, la descalificación, el insulto, en la que se dice “ese es de izquierda” o “ese es de derecha” y con ello basta para cerrar el paso a todo entendimiento. Y este es el país que les va a caer en las manos. Antes de lo que se imaginan, ustedes estarán dirigiendo el destino de esta maravillosa República y tendrán el deber de hacerlo mucho mejor que mi generación.

 

Si un consejo les puedo ofrecer, es que busquen ser la generación del diálogo. Sean fuertes allí donde nosotros fuimos débiles: en nuestra capacidad de dialogar sin conflicto. Triunfen allí donde nosotros fracasamos: en el consenso, el encuentro, el trabajo conjunto.

Logarlo no es fácil, pero creo que pueden comenzar por comprender toda la plural realidad mexicana y por escuchar al otro, al de ideas divergentes a las suyas, pero no por ello menos mexicano. Recuerden que antes de cambiar a México, tienen que conocerlo: vayan a los barrios y colonias de su ciudad más diferentes a donde viven ustedes. Visiten las comunidades rurales, los más pequeños pueblos, hasta conocer todo su estado.

 

Viajen para conocer las radicales diferencias que hay entre los desiertos norteños y las selvas del sur, pero la maravillosa comunión entre nuestras palabras y nuestro corazón mexicano. Utilicen las redes sociales como una escuela de debate, no se acerquen sólo a quienes piensan como ustedes, sino sobre todo a quienes difieren. Busquen hablar, escuchando con la mente y el corazón bien abiertos, a aquellos que más lejos están de su forma de pensar.

 

Si su universidad o sus maestros intentan formarlos en una escuela de pensamiento único, muestren la rebeldía intelectual de ampliar su mente leyendo justamente lo contrario de lo que les están enseñando.

 

Si les dan biografía de Lázaro Cárdenas, también lean una de Gómez Morín. Si les dan un libro de Castillo Peraza, lean otro del subcomandante Marcos. Si les dan a leer un discurso de Fidel Castro, además lean otro de Kennedy. Eso les permitirá decidir y pensar por ustedes mismos, ejerciendo la suprema cualidad del ser humano: la capacidad de elegir, de actuar con libre albedrío.

 

Hagan de su formación, en suma, una escuela de tolerancia. Ello les permitirá superar los lastres que impidieron a tantos en mi generación llegar a ser Estadistas, quedándose solo en la categoría de políticos.

Porque ustedes corren un grave peligro, el de convertirse no sólo en ninis de los que “ni estudian, ni trabajan”, sino en otra clase de ninis, la de aquellos que teniendo una formación escolar son tan apáticos que apenas atinan a decir “ni participo, ni me interesa”.

 

Que haya tanta apatía, lo reconozco, también es culpa de mi generación, pues nuestro ejemplo no constituye la mejor motivación para seguir una vocación política. Sin embargo, les pido que actúen con generosidad hacia la patria y se esfuercen por seguir dando la cara por México.

 

Ustedes tienen la oportunidad de lograr un cambio genuinamente histórico: la reconciliación nacional, el ciudadanizar los partidos y “despartidizar” la sociedad, el utilizar las diferencias ideológicas no para dividirnos, sino para enriquecer propuestas comunes. Ustedes tienen la oportunidad de transformar México hasta sus cimientos, pero para lograrlo es indispensable que primero se conviertan en la generación del diálogo.

E-mail: manuespino@hotmail.com

www.twitter.com/ManuelEspino