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Choque legal

Cuando se debate sobre la pena de muerte surge aquello que el agresor tiene oportunidad de cumplir sus últimos deseos, entre ellos, despedirse de sus seres cercanos.

También está en la polémica que quien comete un delito tiene derechos humanos que no se aplican en el caso de la víctima.

Gracias a la iniciativa ciudadana y al compromiso de ONG’s comprometidas, como Víctimas de Violencia Vial y otras más, se pudo dar forma a la única ley que ha logrado la presente legislatura de Jalisco, en más de un año de funciones.

Durante meses, esa Ley se festinó, promocionó y exaltó, y sirvió de propaganda política hasta en bardas. Hoy sabemos que hay vacío evidentes.

Un ex diputado me lo comentó en corto (cita no textual): “Cuando nos dimos cuenta que no se podía obligar a las pruebas de alcoholemia, preferimos posponer las adecuaciones”.

Muchos de esos que se pusieron estrellitas de buena conducta por la Ley Salvavidas, hoy la critican, y de los que pudieron tapar esos huecos, hay un silencio cómplice por la omisión.

La percepción es que las leyes están para proteger a quien las infringe y no por el beneficio de la sociedad ni para apoyar al afectado.

La idea de castigar más y aumentar multas no ha sido lo suficiente para erradicar algunos males.

La Zona Metropolitana de Guadalajara tiene menos habitantes y vehículos que otras urbes; a pesar de ello lidera en accidentes, muertos, atropellados.

En las calles hay una suerte de impunidad.

Una persona me cuenta que lo detuvieron sin haber cometido infracción y que llegaron patrullas municipales y estatales, se introdujeron en el auto, quitaron tablero. Buscaban armas que obviamente no encontraron.

Otra historia común: “¡Me multaron en Santa Tere injustamente! Estacioné mi auto y le puse al parquímetro el equivalente para 30 minutos y sólo tardé 15 minutos y me multó un señor Fernando Jáuregui, el parquímetro funciona y no marcaba infracción. Al pagar hoy la multa en el banco la cajera me dice que es común estos casos, que seguido le comentan lo mismo las personas que vamos a pagar esas multas”.

Esos casos de la vida de todos nos ejemplifica el sentido de nuestras leyes: violentar.

Ni siquiera es el ojo por ojo o la severidad como táctica intimidatoria. Se trata de controlar con base en exprimir lo más que s epoda a quien denuncia, se queja o le pasa algo.

Las víctimas que mueren ni tienen su última cena, ni se despiden de sus familiares, ni hay todo un aparato burocrático para que se le afecten sus garantías.

Simplemente es un muerto más en la estadística que a la autoridad ni le conmueve o preocupa.

Campeones mundiales en pasarse la bolita, entramos el terreno donde todo se compone al como caiga.

Pablo Mora se ha convertido en un ejemplo. Aprendimos de él (y sus abogados) que las leyes se adaptan según ti capacidad de influencia.

Nada ya nos impide a saltarnos los alcoholímetros o pedir protección para que no molesten los reporteros o recibir atenciones especiales de ese aparato burocrático.

Claro que en nada de esto aparece la joven muerta. La víctima sin voz ni voto.

Las leyes son perfectibles pero también saltadas. Sin una cultura vial de todas las partes, estamos a expensas de jugar a la Ruleta Rusa en nuestras calles.

Ya todo queda en dar gracias que no te toque al lado un narco o un junior. Leyes que no evadan la justicia. No es mucho pedir ¿o sí?

Nota aparte: Felicito a mi amigo y compañero periodista Gabriel Ibarra Bourjac y a todo el equipo, por el número 100 de Conciencia Pública. El resultado del éxito es evidente y gracias por dejarme estar aquí.

 

E-mail: leonardo@epicentroinformativo.com