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Cine: Extraño pero verdadero: La industrialización de la cinematografía de calidad

Cine: Extraño pero verdadero: La industrialización de la cinematografía de calidad

Oct 10, 2018

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Por Carlos Sebastián Hernández //

Últimamente se percibe una constante en la narrativa del cine mexicano contemporáneo, presente en tan variados directores como películas, y logrado con mayor o menor grado de éxito en cada obra cinematográfica.

Los directores de nuestro país (que rara vez sueltan el papel del guionista) han coincidido en que las historias del México actual se mueven a través de personajes deplorables, de moral flexible, puestos en situaciones límite por su suerte o sus errores. Hasta aquí no hay nada verdaderamente relevante (podría decirse que estos elementos han estado plasmados desde la década de los 70’s), lo que llama la atención es que al final de todos estos filmes los protagonistas no sufren ningún cambio interno, y por lo general sus desenlaces los conducen a la muerte o la pérdida total de un destino al cual llegar.

Extraño pero verdadero, dirigido por Michel Lipkes, nos muestra la vida de Jonathan (Kristyan Ferrer) y Yesi (Itzel Sarmientos), dos jóvenes recolectores de basura de la Ciudad de México enamorados uno del otro, que trabajan para el abusivo Maestro (Luis Enrique Parra), quien los obligará a enfrentarse a un mundo de peligros y amenazas escondido en los rincones más oscuros de esta urbe.

Esta segunda cinta de Lipkes suma todas las características de este cine crudamente sintomático, vuelto hacia el uso de planos contemplativos que caen en la monotonía; del retrato ficticio de una violencia real que permea en toda la sociedad, pero que han logrado reducir a una herramienta desgastada y predecible, que más que exhibir una problemática solo reitera lo que otros ya han expuesto con mucho mayor mérito. Aunque se destaca que Gerardo Barroso, en el puesto de cinefotógrafo, ha capturado imágenes sumamente alucinantes (el ultimo plano es tan hipnótico como perturbador), y que la excelente música de Galo Durán se vuelve un personaje más en este filme, hace falta esa estructura narrativa que mantenga de pie todos los demás elementos. No todas las historias deben contener moralejas, o brindar una perspectiva positiva, pero si se desea manejar un desenlace insatisfactorio para nuestros protagonistas, debe cuidarse que este no lo sea para la audiencia.

Quizás se deba permitir que el cine mexicano con enfoque comercial haga uso de las fórmulas narrativas casi infalibles de Hollywood, a fin de cuentas, el séptimo arte también es un negocio que necesita ser sustentable, y no sería más que un beneficio que nuestra producción fílmica alcanzara por lo menos la mitad del nivel industrial que manejan en Estados Unidos. Lo que en realidad aterra es pensar que las cintas cuyos principales objetivos son la difusión de la expresión artística, y la exploración de temas que pueden ser muy personales o controversiales para las grandes audiencias, se estén convirtiendo en un escaparate homogeneizado que solo busca la aceptación en festivales internacionales, vendiéndose como atrevido y novedoso.


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