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CINE: First Man: La palpitante odisea hacia lo desconocido

CINE: First Man: La palpitante odisea hacia lo desconocido

Nov 25, 2018

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Por Carlos Sebastián Hernández //

Si se pudiera definir al Siglo XX, debería decirse que fue la época que volvió posible lo imposible. Basta recordar que en menos de cien años pasamos de realizar experimentos con primitivas aeronaves, a poner los pies sobre la superficie lunar. Si bien la carrera espacial tuvo a dos naciones como protagonistas, no debe olvidarse que hombres y mujeres han sentido fascinación por el astro prácticamente desde que existe la humanidad. El alunizaje no solo representó un logro para los Estados Unidos, sino el cumplimiento de un sueño colectivo que parecía irrealizable. Con el estreno de ‘‘El Primer Hombre’’, nos adentramos a conocer los momentos cruciales que hicieron realidad una fantasía.

Filmada completamente en celuloide, El Primer Hombre en la Luna (título en México), cuarto largometraje de Damien Chazelle (director de ‘‘Whiplash’’, y ‘‘La La Land’’) nos muestra un retrato de la vida del astronauta Neil Armstrong (interpretado por Ryan Gosling), y los años intensos que precedieron al histórico alunizaje del Apolo 11 en 1969.

Tanto Gosling como el resto del elenco dan algunas de las mejores actuaciones vistas este año. Además de una extraordinaria química entre los protagonistas, el trabajo actoral del reparto es magistral y sumamente detallado; el director se encarga de conducir a los actores por escenas tan sutiles como intensas, teniendo como resultado a personajes que no son simples ejecutantes de la trama, sino la trama misma, sin los cuales no podría lograrse un suspenso intrigante.

La fotografía a cargo de Linus Sandgren (La La Land, Joy) se maneja con un estilo que simula al documental, integrándose orgánicamente con la historia, los decorados, y el humor general del filme, consiguiendo al mismo tiempo ser inmersiva y especialmente nostálgica. En la búsqueda del naturalismo en la imagen no se desaprovechó la oportunidad de crear escenas bellamente iluminadas; Sandgren usa el movimiento de cámara, brusco y en ocasiones sutil, trasmitiendo la tensión de la trama acertadamente.

Por su parte Justin Hurwitz, nuevamente a cargo de la música, crea una atmósfera inquietante, e inusual, producto de la instrumentación con prominentes theremines y sintetizadores análogos Moog. A diferencia de su trabajo en proyectos anteriores, aquí Hurtwitz se atreve a experimentar, y con éxito logra un sonido renovado y emocionante.

Una experiencia sensorial inigualable que ofrece una visión personal y expresiva de uno de los eventos más importantes de la historia moderna, con la que Damien Chazelle ha demostrado ser un realizador versátil y excepcional.


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