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Cine: Roma, la vigente llaga de antaño

Cine: Roma, la vigente llaga de antaño

Nov 25, 2018

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Por Carlos Sebastián Hernández //

México es un país de historias, inherentemente plural, polifacético hasta los huesos; aquí convergen ideologías tan diversas como contradictorias, y el resultado es una nación de identidad ambigua, donde ser ‘‘mexicano’’ se vuelve una incógnita a resolver más que una constatación común. México es un país de muchas historias, de muchas visiones, y sin embargo, Alfonso Cuarón ha demostrado que es un solo sentimiento el que brota en la mente y alma de nuestro pueblo. A través de una profunda exteriorización, es como el realizador logró conectar al mundo con el basto espectro de la mexicanidad, y así también, es como ha conectado a México con sus mexicanos.

‘‘Roma’’, octavo largometraje de Cuarón, y el quinto realizado en su país de origen, nos sitúa en la Ciudad de México de los años 1970’s, donde Cleo (Yalitza Aparicio), una empleada doméstica que trabaja para una familia de clase media, presenciará el desmoronamiento de la misma, a la vez que ella deberá encontrar al padre de su hijo aun no nacido.

Repleto de símbolos de la cultura y sociedad mexicana moderna, este filme extraordinario es el más personal que su director ha creado hasta hoy. Mediante la reinterpretación de su infancia y los hechos históricos que la rodearon, es como el cineasta brillantemente lleva a cabo la puesta en escena que recrea al país existente ahora solo en la nostalgia.

En el reparto encontramos algunos nuevos talentos que con espontaneidad nos conducen por una serie de eventos íntimos, convertidos aquí en relatos universales de la unión, decepción, esperanza, y la tragedia. La madre abandonada que lucha por su integridad y el bienestar de sus hijos (la experimentada Marina de Tavira), el padre como figura casi ornamental del núcleo familiar (Fernando Grediaga), y un grupo de chiquillos cinéfilos, bruscos, y hasta con destellos de clarividencia (Carlos Peralta, Marco Graf, Daniela Demesa, y Diego Cortina Autrey), todos personajes que encarnan los recuerdos de Cuarón, quien visualiza a la criada como protagonista y testigo de la caótica transformación de sus vidas.

La fotografía de esta obra cinematográfica, a blanco y negro, mayoritariamente compuesta por amplios planos, nos invita a apreciar el fascinante detallismo de los escenarios naturalistas, mismos que se vuelven un personaje más; mientras que los planos cerrados retratan con acertada belleza, los momentos de miedo y la alegría expresados en intensos rostros y miradas.

Roma es inigualable; en sus imágenes y sonidos ha quedado plasmada la esencia de México. Cuarón y su equipo le han dado al mundo una experiencia cinematográfica trascendental como pocas en la historia de nuestro país.


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