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CIRCOS E INCUBADORAS DE GRILLOS

CIRCOS E INCUBADORAS DE GRILLOS

Oct 23, 2011

La decepción e incluso la incredulidad ciudadana, antes se percibía en tiempos electorales, ahora ya ni eso importa y ocurre en todo momento. Partidos, políticos y gobernantes por igual, atemporalmente se han ganado el desencanto de sus electores.

 

La “H” de los recintos legislativos, ayuntamientos y otras dependencias gubernamentales, ya sólo aparece en el membrete de la papelería: sus protagonistas han olvidado la “Honorabilidad”, han convertido a las instituciones en circos e incubadoras de grillos y chapulines políticos.

 

Esa falta de credibilidad hacia nuestros políticos ha permeado por doquier, convirtiéndose en una grosería, en una infamia, en una vergüenza. Ya lo decía el propio diputado jalisciense, Héctor Álvarez: “En el Congreso nos hemos convertido en un circo mediático de primer mundo, de los más caros”.

 

Un lugar, “en el que nos exhibimos los diputados. Muchos payasos y enanos y algunos especímenes raros que siempre están en exhibición”. Y para colmo, “espectáculo del que los ciudadanos ya están cansados”.

 

Sabias resultaron esas palabras de Álvarez Contreras, mismas que reflejan el sentir de un pueblo dolido y desesperado que en medio de la tragedia, escucha realidades como esa y no queda otra que soltar la carcajada, debido a que la impotencia nos rebasó.

 

Lo peor de todo, es que pareciera que ese costoso “circo de primer mundo” tiene sucursales, igual vemos esa clase de “show” en los recintos locales como en los de la Ciudad de México. En verdad, le duele a uno ver como en un Congreso presuntamente de “la Unión”, donde debiera privilegiarse el don de la palabra, la sabiduría, la habilidad para llegar a acuerdos, finalmente se ha transformado en un circo, un ring, una exhibición de lenguas viperinas.

 

¿No lo entienden? Duele observar esas escenas en las que un legislador se la pasa insultando a un secretario de Estado –mediocre o no, eso es otro asunto–; o ver a un diputado empujando a otro, mientras levanta la voz para captar la atención de micrófonos y cámaras de televisión, como si se tratara de una competencia de gallos o de perros; o ver las sillas vacías porque los legisladores andan en los Juegos Panamericanos en lugar de trabajar. ¡Es una vergüenza!

 

Pero a ellos les vale, no importan las iniciativas congeladas o entrampadas, mientras el tiempo pase y que el botín –perdón, el cheque– llegue a la bolsa. Y qué decir de los procesos de elección de candidatos en el interior de los Partidos, ahí es donde comienza el espectáculo circense. ¿Dónde quedó la “democracia”? Simplemente se ha tornado un dedazo y con el “medio”, o el dedo “mayor”. Sí el dedo “más largo” de la mano, ese que se ha convertido en un símbolo de insulto en muchas culturas, especialmente la mexicana.

 

Ya lo del circo es lo de menos, toda nuestra política se ha prostituido. Esa ramera que actúa bajo un descarado interés, se vende. Corrijo, quizás las sexoservidoras saldrían mejor libradas, más bien nuestros políticos son como aquel cliente que en plena cruda y con los primeros rayos del sol, observa la realidad, se puso en riesgo al compartir su intimidad con una extraña a cambio de dinero, por no ser lo suficientemente hombre para conquistar a su dama. Él mismo se deshonra y causa daño a su familia, que al enterarse de su infidelidad e inmoralidades, se desencanta. Y su esposa, lo “bota”.

 

Así de grave, así de inmoral, así de peligroso es como se palpa el dedazo político descarado o disfrazado, las negociaciones bajo la mesa, la incapacidad gubernamental.

 

Los políticos al ir en pos de sus propios intereses –conseguir las arcas públicas o concretar sus propios negocios– terminan deshonrando al servicio público. En sus pretensiones de obtener un cargo de elección popular han llegado a burlarse del electorado, han puesto en riesgo la democracia.

 

* Es periodista multimedia

Twitter @adrianalunacruz

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